La frontera presurista

febrero 22, 2009

 

Dentro de una temposuralogía propia de un territorio único, la presura como vida del propietario libre, va indisoluble a la frontera y su concepto. Esta frontera aparece desde la entrada de los musulmanes hasta su salida en 1492, es decir, durante 700 años el propietario libre ha mantenido una idea de que su territorio es incierto, ya que la mayoría de estos presuristas, que aunque hayan cambiado su estatus jurídico a lo largo de los años, se mantiene esa idea de lo precario y la aleatoriedad existencial.

    

    En principio la frontera existe en la llamada terra de foris, ya que dentro del territorio de la Galicia septentrional del siglo VIII, anexionada por Alfonso I en el 740, permanecían los estamentos de la jerarquía gótica como los grandes propietarios de tierras, libertos, abundancia de población servil, monedas etc. Asimismo, en las tierras de León y Castilla se anexionó en el 758, pero la lucha por despejar aquellas tierras de los musulmanes, originó esa tierra de fuera o la frontera del Duero, donde los presuristas irían poco a poco cultivando en escalio dando forma a su libertad en forma de bienes posesorios. Siempre al margen de si hubo o no hubo repoblación o no, lo que sí existió es una frontera que cambiaba de una manera fluctuante dependiendo de los ataques e incursiones de los musulmanes. El presurista en aras a su voluntad de libertad, entraba en una empresa difícil, peligrosa e incierta, que se reflejaba en que su propiedad podía ser asaltada y perdida en cualquier momento. Además muchas veces el terreno se labraba en régimen de barbecho por lo cual la incertidumbre era mayor en cuanto que se cultivaba la tierra en un año con dos de descanso. El presurista tenía que tener un espíritu aventurero y sobre todo amar la libertad y la acción propia, para determinar su destino en el cultivo de la tierra con el peligro de la proximidad de la frontera. Hay que pensar que el espíritu de la frontera abarca desde la batalla de Covadonga  en el 722 hasta que los Reyes Católicos toman el reino de Granada en 1492, con lo cual la idea de que en este territorio lo que más se aprecia es la libertad no es muy aventurado admitirlo. La conquistas de nuevos territorios y su repoblación convertía a la propiedad en base al derecho a cultivarla por estos hombres libres, presuristas todos, de la tierra o de las aldeas villa, incluso de la nueva figura jurídica, el municipio, donde muchos contratos colectivos de la repoblación u ocupación de la segunda hornada para organiza la posesión de sus bienes.

       

      Toda estos presuristas tuvieron en común esa lucha de la frontera, ya que muchas de las ciudades, presuras y tierras fueron atacadas nada más establecerse, con el riesgo de su propia vida, es decir, libertad y riesgo van unidos de la mano en la lucha del presurista por resistir en la frontera. Ciudades como León, Amaya, Coimbra, Lancia Burgos etc., fueron atacadas constantemente en el siglo IX así como sus tierras saqueadas, con lo que la mayoría de las veces los presuristas tenían que volver a empezar después de los ataques. La frontera fortalecía la virtud de la paciencia, pero siempre el interés que prevalecía era la afirmación de la libertad propia, que mientras en Europa se pagaba servidumbre feudal, en el territorio fronterizo solo existían hombres libres, presuristas. Asimismo esta migración de hombres que pretendían ser hombres libres en presura, indirectamente mejoraron las condiciones de los que no lo querían, es decir, los hombres que estaban al servicio de los señores gallegos. Estos tuvieron que mejorar en mucho las condiciones de trabajo y su estatus jurídico si aspiraban que sus masas rurales permanecieran a su servicio, con lo cual la frontera, sinónimo de libertad, posesión y mercado, mejorasen sus ventajas.

     

       Por supuesto esta hazaña no tiene parangón en la temposuralogía, ya que la comparación con el pionero americano tiene  más de exageración que de verdad. Aun así el pionero americano contiene una historia corta, pero que se puede comparar en el sentido del presurista. Si bien la frontera americana prácticamente no existió, ya que todo ese territorio ya había sido explorado y ocupado por españoles, sí que se puede comparar la incertidumbre que suponía al pionero el cultivo y mantenimiento de su empresa, y la extracción de sus bienes con el riesgo que suponía. Ahora bien, aquí en España esa idea de la frontera ha permanecido setecientos años, pero, ¿por qué el español solo quiere ser un funcionario? De esto hablaré en otra ocasión


Benefactorías o sociedades para la defensa de la propiedad

febrero 19, 2009

 

En mi opinión España no sufrió las consecuencias del feudalismo, ya que este apenas existió en la península. Por ello casi todos los repobladores de esa tierra de foris o de fuera como llamaban los galaicos a las tierras del sur de la cordillera astur-leonesa, eran hombres libres, propietarios, además de enfiteutas, solariegos o júniores de hereditate. Asimismo, estos propietarios que dieron origen a las presuras individuales y colectivas, se asociaron voluntariamente muy a menudo, para acoger un patrocinio o un pacto entre un señor, capaz de defenderles de una agresión a cambio de proporcionarles un bien por ellos trabajado. Así empiezan las sociedades de protección para la propiedad de la presura, donde el señor protector podía ser elegido libremente y a la vez, en caso de no estar contentos con su servicio, poder abandonarlo con plena libertad. De estas sociedades de protección o benefactorías se tienen constancia a partir del siglo XI, con los llamados homines de benefactoría que eran pequeños propietarios libres asociados a un servicio de protección de un señor. Así, con el inicio de la repoblación surge, efectivamente, hombres libres, campesinos, que ocupan tierras y las cultivan en libertad, en un clima social igualitario y por ello la idea de la inexistencia del feudalismo en España es defendida por muchos historiadores, a la tesis que me acojo en mi descripción del concepto de presura. Aunque ello se da primordialmente en León y Castilla, también se ha probado su existencia en Cataluña.

 

Este hombre libre, presurista, enfiteuta, campesino, se agrupa generalmente en aldeas, formándose comunidades normalmente reforzadas por vínculos gentilicios. En términos generales, se aceptaba la propiedad privada (posesoria) de la tierra de pastos y cultivo, y se explotaron en común los bosques y praderas colindantes (presuras colectivas). A partir del siglo XI, esta propiedad particular o privada va cambiando hacia el régimen de señorío, aunque de carácter jurisdiccional, es decir, como sociedad de protección en cuanto existía esa sociedad directa entre el propietario libre y el dador de servicios de protección que era el señor. Otra cosa es el señorío territorial, que ya pertenecía a la figura del rey que donaba unos territorios por servicios contraídos, y por lo tanto prebendas.

 

Fue la necesidad de ayuda del hombre libre, pequeño propietario, desprotegido, la que llevó a estos hombres a buscar los servicios de protección. Estas encomendaciones, patrocinios o pagos a cambio del servicio de protección fueron de diversos tipos, pero en lo que respecta a la posesión del hombre libre se basaba en el convenio de benefactoría, que era un amparo territorial o protección del territorio, conteniendo una base personal, pues era una relación entre dos hombres libres, de distinta condición económica y social, por la que el más poderoso protegía al más débil. A cambio de este bien, se recibía una compensación (entrega de tierras o pago de un censo). La duración era variable y el encomendado podía romper la relación y buscar otro señor. Esta institución evoluciona a mitad del siglo XIII, dónde es conocida como behetría. La evolución del nombre es más profunda, aunque exista una identidad del fondo, pues el pacto hace referencia al territorio, behetría, y ya no tanto a las personas objetos de la protección, que pasan a ser los miembros de la estirpe. Pero este es otro cantar.

 

Por ello, el hombre libre busca él mismo el servicio que necesita para el desarrollo de su particular economía. Es decir, si existe un bien o una propiedad a la que hay que defender, sea por su derecho posesorio principalmente o por su propiedad, por lo menos en lo que respecta al bien, la necesidad de un Estado no es prioritaria. Es más, la relación pactológica es directa entre dos propietarios que pueden ofrecerse un servicio mutuo, creando un mercado. Este servicio es personal e implica una responsabilidad moral propia, una respuesta al contrato de confianza que se crea entre estos dos individuos. Ya se ha visto que para refrendar el pacto de confianza no es necesario que el Estado, llámese rey en este caso aunque todavía no lo podamos llamar así, lo haga valer o constar, ya que se basa en la oportunidad de un intercambio recíproco de bienes y servicios, donde aquel sencillamente ve a despersonalizar la responsabilidad del pacto entre dos individuos propietarios. Para las empresas actuales, llámese presuras colectivas, en cuanto los emprendedores-empleados son propietarios o el emprendedor es un presurista individual, el pacto es el mismo. ¿Por qué se debe de pagar a un Estado por la protección o el amparo, cuando es un ente despersonalizado del que además se puede prescidir? En la presura el contrato era de benefactoría, es decir, se podía cambiar de señor ya que se era un propietario libre, tanto en la individual, como la presura colectiva. Ahora, el presurista tiene que estar bajo el dominio de un contrato vitalicio de una sociedad de protección que se convierte en sociedad de opresión. No hay tal pacto, sino un señorío estatal, donde el propietario pasa más bien a ser un siervo del Estado territorial, con lo que implica la pérdida de la libertad personal y la nueva servidumbre moderna. El señor territorial ahora se le llama Estado y nosotros los nuevos siervos.

 

 


Propiedad y presura

febrero 17, 2009

La presura era un derecho de posesión y no un derecho de propiedad de la tierra. Ahora bien, la idea conceptual es que la propiedad aparece como un espacio proxémico de aprehensión de la tierra incultivada. Por tanto, el derecho que se adquiere en la presura no es el propiamente de la tierra sino el de los bienes que surgen de ella. Cualquier derecho que se traspase a terceros será ese derecho a la posesión o usufructo pero no de la tierra, ya que esta era de naturaleza común. Incluso con la consecución de presuras oficiales o por parte del rey Ordoño, quien fue el primero que oficializó el derecho de posesión de la presura, fue imposible que se pudieran poner trabas oficialistas al desarrollo presurista, manteniendo la posesión pero sin la propiedad. Por eso hay multitud de datos que establecen que la presura no fue oficialista hasta bien entrado el siglo X y principios del XI. Aun así, la mayoría de los presuristas no juzgaban conveniente, en un principio la legalización por parte del rey de la presura. Por tanto, tanto la palabra, como el estar en la misma en el régimen de escalio, oficializaban la figura jurídica de la presura y el escalio. De todas formas, debido a la multitud de litigios que empezaron a ocasionar por los derechos de posesión sucesorios, que no de propiedad de la tierra, muchos de los presores consideraron la necesidad del reconocimiento válido del rey, como una garantía jurídica. Pero incluso con el aumento de los litigios y con la autorización del rey, muchos de las presuras no creaban un derecho de propiedad, además de que no solo era suficiente la consideración regia, sino que había que demostrar el escalio, que solamente con la estancia en la presura se confirmaba.

 

Lo claro era que la presura no era un bien de posesión de siervos o con dependencia señorial o dominical sino que se debían a la aprehensión de hombres libres, que en la repoblación más tardía en el siglo XI, poseían plena libertad civil, que salvo estuvieran en régimen de enfiteusis no tengo constancia de que pagaran impuestos, salvo ya por supuesto en las repoblaciones tardías donde los magistrados-inspectores ya metían sus narices. Aun así el enfiteuta como figura jurídica eran hombres libres que a pesar de que pagaban un impuesto o un alquiler por la tierra continuaban como homines o campesinos libres, ya que en la España medieval no existió prácticamente el feudalismo. Por otra parte, estos enfiteutas explotaban sus ganancias e incluso las podían transmitir a terceros desde el mismo derecho de posesión, que no de propiedad de la tierra, aunque esta tampoco era propiedad, y por lo tanto se habla de un derecho de arrendamiento por un tercero.

 

Por último en las zonas yermas del Reino de León aparecieron las presuras colectivas, que se formaban de gentes de todos los lugares, como mozárabes que provenían del sur o asturianos, cántabros o gallegos, que muchas veces llegando juntos cada grupo étnico por separado, iniciaron una repoblación colectiva en régimen de propiedad conjunta. Es decir, existía una autónoma personalidad colectiva que realizaba el negocio jurídico o el beneficio de posesión del producto de la presura o su régimen de escalio. Esa presura colectiva adquiría el compromiso de otorgar una donación, mantener un litigio o labrar el valle en términos colectivos, pero manteniendo su identidad de hombres libres y propietarios o poseedores del beneficio de la presura. Los litigios que existieron en aquella época del siglo X atestiguan que las presuras colectivas estaban en régimen jurídico de derecho comunitario en régimen de propiedad colectiva.

 

Las conclusiones conceptuales del post indican que la propiedad en la presura es de derecho posesorio y no de propiedad de la tierra, asunto que más tarde sí que se establecería. Por tanto, el concepto de presura entiende la propiedad como desarrollo, usufructo del escalio, y disfrute de la posesión, pero no la propiedad en sí de la tierra. La tierra es la materia del ser, la naturaleza común de los griegos, la ousía o sustancia como el estar fundamentado, que se transforma por el eidos, gracias a la actividad, del kathauto ekastos o singularidad de por sí propia. Lo que hace que la presura se esencie es el escalio o el cultivo en sí que pasa a ser la posesión, cuyo derecho al disfrute es lo que se adquiere para terceros, sea en régimen de donación o en usufructo familiar. La propiedad es la esencia, que quiere decir la actividad continua que la define. En la presura es el escalio, que es el cultivo. Conceptualmente ya desarrollaré extrayendo el significado para extrapolarlo en una realidad ontológica..

 

 


Origen histórico de la presura (II)

febrero 16, 2009

La presura es el yo aprehendí este bien raíz en el significado del siglo VIII, pero ya he dicho que este concepto viene acompañado del escalio, en latín squalidum, es decir, yermo y sin cultivo. En la latinidad clásica el squalidus era el inculto el que no se había cultivado sin tener ningún tipo de conocimiento. A partir de la época goda se recibió este vocablo que se fue bastardeando, pero que San Isidoro en sus etimologías explica que squalidus viene de la palabra excolere, cultivar, donde sería una especie de sinónimo de ager squalidus o campo de cultivo, (por lo mismo que una cultura existe). De todas formas, el squalidus expresaba el campo yermo y sin cultivo, pero que se suponía un fundamento o principio para ello. Entonces, a partir de este principio o fundamento, el presor, al que yo llamo el presurista, ante esa tierra yerma sin cultivo, realizaba un acto simbólico para tomar en posesión esa presura. Unas veces era colocar el término, es decir, las cruces que señalan la heredad[1], otras eran algunas palabras simbólicas, pero lo que se empezó a comprender como escalio era realizar el cultivo de la presura como acto subsiguiente a la toma del territorio. De todas formas, la palabra escalio no aparece en los escritos de la época, ya que se usa en consonancia con el verbo squalidare-scalidare-excalidare, que significa limpiar, cultivar un terreno volviéndolo a la vida o construir casas. Esta idea es muy interesante, ya que me va a dar pie para esbozar una arquitectónica del concepto de presura a partir de lo que significa el fundamento como principio además de la idea de Heidegger sobre el habitar y construir a partir de sus ideas presentadas en Conferencias y artículos. Entonces, la palabra escalio puede haber surgido anteponiendo la partícula ex (lo que procede) en el sustantivo squalidus, para explicar lo que surge de la tierra yerma. Para Aristóteles la partícula EX, es un principio metafísico de movimiento y de fuerza, en el pensamiento del concepto que lo acompaña. Así el ex-squalidus, sería lo que surge a través del movimiento y cambio por obra de la fuerza en el tiempo del territorio o campo a cultivar. Es decir, cada propiedad o presura tendría una potencialidad que sería cultivada por el presurista que le diera esa vida potencial que acompaña lo que se quiere transformar a través del tiempo. Es decir, potencia tierra a cultivar y tiempo acompañan al escalio de una presura, que es la base de un yo aprehendí propio y propietario del terreno a cultivar.

 

Con el origen histórico del concepto de presura quiero explicar que este concepto es aplicable a toda realidad temporal que haya hecho uso de los fundamentos que se implican en su desarrollo. Por lo tanto, siempre de una manera circunstancial, para que se dé el concepto de presura se tiene que presentar un conjunto de conceptos como el de reciprocidad, fuerza, actividad, movimiento, yo propio, etc., que partiendo de una materia, se construya una forma recíprocamente. La idea de presura es histórica o temporosuralógica, ya que implica al tiempo dentro de su propia historia conceptual. Por ello, no solo la explicación de la presura como territorio, sino el origen etimológico implica al campo de cultivo que es el yo que aprehende como propio. Por eso dice Deleuze que la primera propiedad es lo que abarca el espacio proxémico de cada uno.

 

 

 


[1] Ortega explica que el origen del concepto como término esta en esta idea de acotación. Cuando los romanos también señalaban sus propiedades, lo hacían a través de estas cruces que daban una propiedad al término. Es decir, en la misma idea de concepto se señala la propiedad del mismo. La realidad conceptual es propiedad de alguna forma delimitada sea con cruces o con el cultivo intelectual del término


Origen histórico del concepto de presura (I)

febrero 15, 2009

 

El origen histórico (temposuralogía) del concepto de la presura comienza con la repoblación de las tierras yermas del reino astur-leonés a mediados del siglo VIII. La ocupación de tierras despobladas (concepto de materia, hylé) poseídas (concepto de tener, Ejein) ya empezó  a conocerse por presuras y escalios. Esto sucedió en los tiempos de Alfonso II, Ramiro I y Ordoño I, contemporáneos de la empresa repobladora. Ahora bien, lo que destaca de esta empresa repobladora y colonizadora (fundamento o concepto de principio) es su carácter privado (concepto de individualidad, ekastos), de ahí parte el concepto de presura en la actualidad. Esta aventura empieza a producirse a partir de algunos abades, religiosos y particulares, donde las primeras escrituras que las registran no ofrecen indicios de ninguna orden o autorización real. Por tanto es una empresa que se emprende de un modo particular, en un  terreno desértico y despoblado, en la frontera (concepto de reciprocidad, alleloi) de aquella zona del Norte de España. Los colonizadores o presuristas bajo una privada transmisión de dominios disponen de los medios aprehendidos sin que este texto de la donación suscrita implique una validación posterior de los reyes Alfonso, Ramiro u Ordoño, que eran los contemporáneos de las empresas presuristas.

 

 Esta empresa (concepto de actividad-acción finita) privada (individualidad ekastos kathauto singularidad por sí misma) emprendedora (concepto de dinamis o fuerza) de la primera mitad del siglo IX consigue la adquisición del derecho posesorio transmisible a terceros. Los textos del aquella época así lo atestiguan, considerando dos figuras jurídicas, la presura y el escalio, que se entrecruzan entre sí. La donación de bienes por escalio, que significaría ese bien posesorio de lo que se había cultivado en la tierra yerma, suponía una previa aprehensión de la tierra, el régimen de la presura. Así la etimología de la presura surge del verbo prehendere que enseguida se utilizó con la voz presura para registrar la ocupación de un bien raíz sea cual fuera su condición, como un monte, una iglesia, una casa, un molino, una era de sal, es decir, algo que no tuviera dueño, debido al estado particular de la frontera cristiano-musulmana. A veces se usó la palabra prisi para siginificar el acto por el que se ocupaba la tierra o un edificio. En cambio los presores, presuristas (neologismo personal) o colonizadores usaron el pretérito perfecto en primera persona, yo aprehendí o tomé esta tierra, aprehendi-prehendidi. Conceptualmente la esencia griega es un imperfecto, que equivale al pretérito perfecto latino, como lo que fue ser, to ti hn enai, es decir, la presura se esencia o se define en el mismo momento de la aprehensión como concepto. Además sorprende que este hecho sea en primera persona, por lo que es un acto de posesión de un yo que se legaliza por sí mismo con la aprehensión de lo que se toma en la frontera.