Propiedad del cuerpo y feudalismo

 

El problema en España es que la rápida conquista por los musulmanes del reino visigótico peninsular impidió cualquier síntesis, que sí sucedió en el Imperio Carolingio. En dos siglos, los visigodos no pudieron completar una unión administrativa y legal que existía en las dos comunidades ibéricas. Así que la sociedad residual asturiana tuvo que empezar de cero, con lo que la necesidad para la lucha histórica que se avecinaba, impidió que se formara un servilismo de propiedad del cuerpo y de la vida a un señor. Hasta el mismo Perry Anderson de formación marxista admite el hecho de que en la península las características no son homologables al resto de la Europa occidental. Lo más parecido a un feudo en la península fueron los señoríos territoriales y de estos existían más bien pocos. Ya expliqué que el señorío jurisdiccional existía una propiedad libre de la vida del campesino en su relación con el señor, que además ocurrió mas bien tarde, en el siglo XII. Estos señoríos alejados de la frontera que se mantuvo hasta el siglo XV, fueron los inicios del Estado extorsionador en cuanto a los impuestos obligados al hombre libre. Desde nuestra perspectiva presurista, no hubo feudo ni feudalismo, sino principios de la extorsión al hombre libre, por lo que S. Konkin hablaría de la lucha entre los políticos-poder vs emprendedores propietarios libres a los que yo llamo presuristas.

 

Así dice el mismo Perry Anderson que en los reinos cristianos el primer componente de lenta reconquista fueron las presuras compuestas de hombres libres, presuristas propietarios de su cuerpo, que avanzaban en ese territorio fronterizo. El segundo componente es el de las presuras colectivas constituidas por campesinos libres, propietarios de su cuerpo, que constituyeron las Comunidades de Villa y Tierra con un estatuto particular colectivo. Cuando se dice esto, semánticamente se sugiere un colectivismo agrario de compartimiento de los medios de producción que sería en este caso, la tierra. Ese colectivismo solo se puede suponer en las presuras colectivas como figura jurídica que compartían dehesas y pasto, y las posesiones derivadas de ella, pero en régimen de posesión particular. Como ya dije en el post anterior, las presuras colectivas actuaban como una figura jurídica para disputa o cuestiones legales, pero en lo que concierne a la posesión de los bienes estos eran individuales. De todas formas Anderson explica desde una perspectiva marxista, que la mano de obra musulmana retrasó el servilismo en España. Ubieto y Sánchez Albornoz lo niegan ya que los musulmanes en muchos casos mantuvieron sus propiedades, aunque esto ocurrió más tarde del siglo XI, ya que existía una despoblación total en las tierras de las presuras. Se podía añadir que en el Repartyment del Regne de Valencia los moros en principio mantuvieron sus propiedades. El problema fue posterior cuando se les pretendió cambiar de fe y acaeció su expulsión en el siglo XVII.

 

La autoridad del poder real en los siglos IX, X y XI era bastante laxa en la lucha hacia la recuperación de territorio, debido a mantener las funciones militares más que imponer una obediencia servil. Por tanto el espíritu de la lucha fronteriza se mantuvo muchos siglos y por tanto la libertad del cuerpo, que es la base del pensamiento presurista. De todas formas el vasallaje existía pero siempre de un modo peculiar que posteriormente analizaré, aunque incluso así los señoríos territoriales, es decir de propiedad del cuerpo, no fueron nada comunes en la península, dice el mismo P. Anderson, de formación materialista histórica. Incluso en la rápida reconquista de territorio no se consiguió que el campesino libre cediera sus derechos de propiedad, es decir, su cuerpo a un señor de cualquier clase. Esta es la idea que quiero transmitir para una revisión semántica de la propiedad en los reinos de la España cristiana, que lo que predominó fue el hombre libre, propietario de su cuerpo y de su espacio proxémico, al margen de cualquier interpretación religiosa, social, económica, política e incluso étnica.

 

La idea es que dentro de un periodo histórico donde los regimenes feudales aparecieron tanto en Occidente como en su manifestación peculiar en Oriente, en la península cualquier interpretación histórica es más bien una temposuralogía, es decir, la historia desde la perspectiva de la propiedad del cuerpo para moverse en su propia esfera de acción, la presura. Así, el mismo feudalismo tiene que ser revisado, ya que el régimen de complant, en la campiña francesa, los alodios o el derecho itálico a la propiedad, ofrecen una perspectiva bastante diferente al materialismo histórico, que es aceptado incluso por movimientos anarco-capitalistas. Es el problema que conlleva el lenguaje con su carga teórica, que puede confundirnos incluso cuando manifestamos nuestras opiniones desde mi punto de vista del no-estado, el último escalón de la polihermeneútica en Fichte.

 

 

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