Territorialidad y Estado

 

         La idea de territorialidad en Deleuze está ligada al Estado en cuanto este es trascendente a una forma anterior de territorialidad que pertenece a la sociedad primitiva. Así el concepto de Estado es una forma de perder la territorialidad anterior en cuanto esta es motor de una sociedad inmanente perteneciente a la tierra. Es decir, el concepto moderno de Estado es consustancial al de territorio, pero en Deleuze el territorio es una forma en principio inmanente de estar en la tierra. Pardo explica que esta tierra inmanente en realidad es que muchos comportamientos o conductas se desarrollan en un territorio. Con esto quiere decir que el territorio en realidad es comportamiento y se hace a “fuerza de vincular a él cierta conductas, gestos, canciones, olores”[1]. De esa forma el individuo no posee ninguna cualidad ni propiedad, sino que esta pertenece al territorio y si hay un factor de individuación es la distancia o las distinciones individuales. Esta es la única forma de propiedad que considera Deleuze para el individuo; la distancia. Ahora bien la idea entonces que sugiere Deleuze es que es el mismo territorio como formas de comportamiento los que producen la territorialidad. De forma que es el territorio quien construye las circunstancias, remitiendo siempre a un medio exterior más o menos desconocido mas o menos agresivo. La territorialidad se define también por sus relaciones y distancias, comunicaciones e individuos. Incluso la territorialidad se refiere al pensamiento originario de lo que supone la sustancia cuando se describe a esta como materia formadas, que son territorializaciones grados de territorialización y desterritorialización[2]. Esta idea de territorialidad como sustancia se relaciona con la noción aristotélica de sustancia como territorio cercado o hacienda, como propiedad, bien o posesión, que describe Heidegger pero sin el yo que aprehende propio del concepto de presura. Hay una territorialidad externa que forma el territorio, que incluso lo cerca en cuanto es limitación de comportamientos, pero no es una territorialidad interna de aprehensión. Por ello el Estado estratifica la territorialidad inmanente y expropia la del individuo en cuanto el yo-aprehende-la tierra, haciendo de sus comportamientos axiomas por los que anula el cultivo en escalio del individuo apropiándose de su sustancia o hacienda[3].

 

            Dice Deleuze que la distancia es la propiedad del individuo, siendo esa distancia el territorio. Así, dos seres son territoriales en la medida que existe una distancia crítica, un espacio de proximidad de propiedad. Es decir, cuando hay algo que es mío solo lo relaciona con la distancia en que me muevo, donde la expresión de espacio que pertenece al movimiento privado es artística[4]. Entonces la territorialidad es propiedad en cuanto se hace distancia de un individuo, un cuerpo o una casa, vinculada a una marca que se expresa como materia a través de sus formas, como comportamientos. En realidad estos son los bienes que hablan los estoicos, que se axiomatizan cuando se trasforman en códigos y reglas de comportamiento, para cada territorio.  Entonces el territorio se va formando a través de unas formas de comportamiento y se consolida desde fuera según Deleuze obviando la territorialidad interna como forma de aprehensión del yo. Por eso, el problema de la idea de Deleuze es que desde la interioridad aprehensiva no existe ninguna fuerza que se auto construya. Para que exista esa unidad territorial de expresión, Deleuze supone que es una forma de organizar el caos a través del territorio.

 

           Para Deleuze entonces adsorber la tierra es pensar en un plano de inmanencia. En su terminología es que la tierra como un todo se adhiere y se suelda en cada concepto, función o afecto que se elabore por el pensamiento. El concepto de presura se adsorbe del territorio y de la territorialidad propia en cada pensamiento, función afecto que implique a un yo mí mismo propio que aprehende lo que ve en su estancia, que es ese cultivar o formarlo en escalio. Es consustancial entonces a la idea de lo propio del individuo como sustancia de materias formadas, como propiedad territorial de formas de expresión pensar en la tierra y su territorio, en la presura. Estos son dos elementos, ya que se piensa en la tierra y se expresa en el territorio, la presura.[5]. Así según Deleuze para pensar el ser en los griegos habían dos elementos ser y materia de ser donde el ser era pensamiento y la materia de ser era la naturaleza en un plano de inmanencia en un medio que era la tierra al servicio del pensar. Esta idea se trasmite cuando se refiere al pensamiento de Anaximandro[6]. Deleuze explica que el apeiron como horizonte absoluto se combina con el movimiento de las cualidades para comprender el pliegue, que en definitiva es lo reciproco. En realidad lo no limitado está contenido en el horizonte visible del sabio griego, donde se junta lo contrario, el cielo y la tierra, y siendo el mismo horizonte lo que impide por su acción ilimitada en sí misma que algo se limite y entonces se desborde. Es la manera en que los sabios griegos  a partir de la tierra elaboraban los conceptos en un plano de inmanencia pleno de tierra y que se territorializaban en el concepto. Por eso Deleuze no habla de genealogías conceptuales sino de geologías, como el capítulo que le dedica en Mille Plateaux.

            Entonces las “marcas” son las consignas o reglas de comportamiento que hacen un territorio, como individuo privado, cuerpo o casa. Estas marcas son reales por su territorialidad, construyendo desde fuera una propiedad que a partir de la pluralidad de marcas y consignas entonces contiene un sostén para su fundación como materia forma. Ahora bien el problema es si esta propiedad construida-fundada posee la capacidad de tender hacia o por lo contrario parece mas bien un cercado que se limita desde afuera y para ello se forma el concepto de presura en base al yo cartesiano fundado en el límite de Aristóteles o peras.

               Entonces hay que comprender el límite o péraç de una sustancia que es una propiedad como la frontera o cualquier tipo de individuación que consiga hacer propio una individuación. Así el doble contenido del límite en Aristóteles convierte a lo propio, por sus propiedades en su ekaston, y por el límite desde afuera. Es considerar que el límite es la “tendencia” del ekaston ousía, es decir la propiedad propia, a limitarse por ella misma y por la esencia como definición tò ti hn einai ekaston. El péraç es a la sustancia de lo que es de una manera propia ousía ekaston, que sería en realidad upokeímenon sustrato de lo propio, y a la esencia de lo que es propio tò ti hn einai ekaston como límite del conocimiento.   Así  para Aristóteles para que haya una tendencia, tiene que haber un principio de movimiento como límite, arch’ thç kinh’sewç  (Metafísica 983 a 30). Así,  el movimiento  contiene el fin, el límite desde el principio,  desde que se limita lo propio como ekaston (7)

 

       Por otra parte, Heidegger describe que para lo griego, el principio, arch’ como “disposición”, que en este caso sería el límite como fuga del movimiento. Esta disposición en el caso de la presura será la Proairesis que es un arch’, como singularidad que dará lugar a la tendencia dirigida. La forma, el eidoç, también es péraç En este caso, el péraç es de ascendencia platónica, ya que el sentido de la figura en Platón alcanza una dimensión ontológica y es precisamente por el péraç por lo que existe participación de lo que es en cuanto idea con los seres sensibles y limitados. El alcance del péraç platónico era exiguo en cuanto que solo se refería al límite o contorno. En Aristóteles, el eidoç no puede ser más que una estructura de conocimiento, en caso de que se considere un trascendente de la sustancia compuesta. En el caso de ser por sí mismo el eidoç siempre hay que considerarlo como participando de la sustancia compuesta y nunca actuando por sí mismo. Por esto, hay que considerar al eidoç  como un presenciar de lo que es propio, upokeímenon más cerca de la enérgeia que de cualquier trascendental de conocimiento, que supone una interpretación de un sujeto trascendental. 

        La conclusión es que el territorio estratificado y trascendental es el Estado, jerárquico, dogmático en sus formas de comportamiento con marcas dirigidas a acotar la libertad de acción de los presuristas, que son los propios de la territorialidad inmanente y horizontal. La distancia es la propiedad, sea del cuerpo, de la casa, de la hacienda, que es el máximo de habitabilidad y esfera de la libertad de acción, que se limita por la exterioridad, en el caso de Deleuze y por la interioridad como esencia aristotélica que se define conforme a las acciones, el escalio.


[1] JL Pardo, Violentar el pensamiento, pág.161

[2] Deleuze, Mille Plateaux, pág. 49

[3] Heidegger Informe Natorp, pág. 58

[4] Op. cit. pág. 322

[5] ¿Qué es filosofía? Ed. Francesa. pág.86

[6] Op.cit. pág.48

[7] Hagen describe muy bien esta situación cuando refiere que los movimientos como acciones imperfectas lo que es inmanente es el límite o péraç a diferencia de las acciones perfectas que la presencia del téloç es su ergon su obra, “The enérgeia-kínhsiç distinction and Aristole´s conception of práziç”,Journal of the History of Philosophy, XXII-3, 1984, pags. 263-280.

Una respuesta a Territorialidad y Estado

  1. ANDREY dice:

    quiero saber que es TERRITORIALIDAD POR ACCION

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