Junto a la noche

 

Es el título de la traducción al español de la novela de ciencia ficción Alongside Night de J. Neil Schuman escrita en 1979. La trama se desarrolla en un futuro no lejano en Estados Unidos, donde un gobierno federal agotado por la falta de dinero que carece de valor, con una gran crisis inflacionaria, domina a través del Estado a los ciudadanos. Cada vez en mayor medida, estos ciudadanos van perdiendo sus hogares y las filas de desocupados van llenando las calles de las ciudades. Muchas empresas van cayendo en quiebra y desaparecen, con lo cual proliferan los contrabandistas, que hacen uso de la tecnología para lograr que las nuevas empresas más intrépidas, no puedan ser detenidas por el control totalitario del Estado.

El protagonista es Elliot Vreeland, hijo de un economista premiado por el gobierno, que dentro de este marco tan asolador se une a un grupo de mercenarios agoristas, que se dedican a defender como unas nuevas sociedades de protección privada, a las empresas y ciudadanos que practican la contraeconomía. Ese es el modo práctico que usa esta organización para agorista para llevar a cabo la revolución y tumbar el gobierno totalitario del Estado en la novela de N. Schuman. Conforme se va desestabilizando la situación, el Estado aumenta el control sobre los medios de comunicación, los impuestos, la burocracia, el comercio y todos los sectores donde alcanzan sus tentáculos. Al final se colapsa el sistema, con lo que el Estado desaparece y el sector privado introduce una nueva infraestructura, basada en el mercado libre a partir del inicio de la contraeconomía.

La contraeconomía es un concepto de mercado revolucionario que introduce S. Konkin como primer estadio para conseguir llegar al mercado libre. Consiste en una economía que propugna la economía sumergida y toda acción humana no agresiva de acción directa contra las normas, tarifas, impuestos, etc. que grava el Estado sobre los ciudadanos. Este tipo de acciones en que se fundamenta la contraeconomía, permite la liberación del control del Estado y la instauración inmediata en las empresas de una lógica para saber qué reglas romper y cuál es el momento. La acción contraeconomía se rige por el principio del riesgo en la búsqueda de beneficios, que no implican que sean beneficios monetarios, sino un valor subjetivo del rendimiento y de la utilidad.

Si nos basáramos en la trama de esta novela, en España estaríamos en un periodo revolucionario, ya que la contraeconomía de la economía sumergida alcanza un 21 % del PIB. Ello implica que casi una cuarta parte de nuestra producción se encuentra al margen del control del Estado y estaría dentro de los parámetros revolucionarios de S. Konkin. Claro que las otras terceras partes, están sujetas al control normativo y reglado del Estado, que debería de cambiar los parámetros hasta ese nivel para colapsarse.

En la novela, los mercenarios agoristas se basan en el pensamiento de Konkin sobre el agorismo. La ideas de S. Konkin parte de que existe una lucha de clases, entre la clase política y la clase emprendedora. La clase política en realidad son todos los hombres que prefieren la estabilidad antes que el riesgo y sus acciones se dirigen a gravar de alguna manera al emprendedor. Por ejemplo, el trabajador como clase política dentro del Estado es un sicario a su servicio, donde la verticalidad se invierte y el verdadero director de la empresa es el contratado. Esa norma impositiva y reglada como contrato laboral legislado de carácter estatal, impide al emprendedor ser autónomo rigiéndose por los intereses del sicario del Estado, que con su demanda de estabilidad, lo que produce es una rémora para cualquier empresa emprendedora. La otra clase de Konkin es la clase emprendedora, que prefiere el riesgo a la estabilidad y el beneficio como valor subjetivo para él para el otro. La mentalidad de lo político, según Konkin, es aprovecharse del emprendedor con todas las normativas impuestas para beneficio de su pretendida estabilidad.

Ahora bien, este pensamiento no deja de ser una lucha entre el uno y el otro, cuando en realidad la lucha es con uno mismo, el yo que intenta comprender el tiempo. El tiempo, desde el punto de vista de lo medido es una regla, es un impuesto, es el Estado internalizado en el yo de cada uno. El sujeto se sujeta a sí mismo por ese control del tiempo previsible y estable en cada una de sus acciones. Así, trabajo es igual a tiempo, salario, contrato, rutina, que lleva a la desgana y a la falta de esfuerzo. La otra manera de comprender el tiempo es el de la acción, la producción propia, el proyecto de vida, que se basa en lo aleatorio, lo inestable y el existir, que es la posibilidad en sí de obrar como sujeto propio y sujeto a uno mismo. Así el trabajo no se entiende como un tiempo bajo el dominio del salario o de la rutina sino sobre el existir. Pensado de este modo, el trabajo es sinónimo de acción propia y no está supeditado a la rigidez normativa de un Estado introyectado como tiempo medido. Es el mismo proyecto de vida en que consiste el vivir.

Muchos de los españoles o de los que vivimos en este territorio somos un poco agoristas o por lo menos en la realidad actual, aunque no seamos conscientes de ello. Los agoreros de los políticos, que no los agoristas, piensan que no podemos vivir sin las reglas que nos impone el Estado. Por lo menos en España casi un tercio vive fuera de estas reglas y en un agorismo no consciente. Quizá son ellos los primeros revolucionarios del nuevo orden social y todavía no lo sabemos.

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