El presurismo, el emprendedor y el concepto de presura

noviembre 23, 2011

El presurismo no es una ideología política, es una actitud hacia lo externo y lo interno del yo, que se basa en el espíritu del presor, colonizador y repoblador de las tierras desocupadas en las guerras que ocurrieron en la península ibérica entre los reinos cristianos y musulmanes. Esta repoblación fue emprendida por colonos llamados presores, y por mí presuristas, con una mentalidad muy específica, que hoy en día es análoga a la del emprendedor. El presor es el que constituye la figura jurídica de la presura, mientras que el presurista es la consecuencia del actor del concepto filosófico, creado y esbozado para acercar las diferentes épocas a una idea equivalente en el tiempo.

El origen histórico del concepto de la presura y del presurismo, comienza con la repoblación de las tierras yermas del reino astur-leonés a mediados del siglo VIII. La ocupación de tierras despobladas y posteriormente poseídas empezó a conocerse por presuras y escalios. Lo que destaca de esta empresa repobladora y colonizadora es su carácter privado. Esta aventura empieza a producirse a partir de algunos abades, religiosos y particulares, donde las primeras escrituras que las registran no ofrecen indicios de ninguna orden o autorización real. Es una acción que se emprende de un modo particular en un terreno desértico y despoblado, en la frontera de aquella zona de la península ibérica.

El origen etimológico de presura viene del latín prehender que significa coger, que es el mismo que el de emprender y de emprendedor que ya aparece en el siglo XIV. La voz presura se utilizó para registrar la ocupación de un bien raíz sea cual fuere su condición, como un monte, una iglesia, una casa, un molino, una era de sal, algo que no tuviera dueño, debido al estado particular de la frontera cristiano-musulmana. Los presores o presuristas en cambio usaron este verbo en pretérito imperfecto, aprehendi-prehendidi, yo cogí esta tierra, que en terminología actual y conceptualmente yo emprendí una tarea en una marca. La presura se define en el mismo momento de la aprehensión como concepto. Este hecho ocurre en primera persona, por lo que es un acto espontáneo de un yo que se legaliza por sí mismo con la doble aprehensión de lo que se toma en la frontera. Una de percepción de mi yo que percibe y otra la captura del territorio yermo que hay que delimitar.

La frontera es la verdad de la existencia, que es incertidumbre y aleatoriedad. El presurista estaba expuesto constantemente al riesgo de las incursiones y saqueos de los musulmanes, por lo que el transcurrir de su existencia era inseguro, como la vida misma. El riesgo era la supervivencia pero el beneficio era la libertad. En la frontera solo había hombres libres, que no estaban bajo el dominio de ningún señor, a cambio de poner en peligro su propia existencia. Como todo el mundo quería tener su presura, los señores tuvieron que mejorar las condiciones de los siervos para que estos prefieran la inestabilidad de la frontera por una seguridad bajo su protección. En aquellos tiempos de hombres, se prefería el riesgo de la lucha por la supervivencia a ser vasallos de un señor. Por ese motivo en España casi no hubo feudalismo, convirtiéndose los españoles en un pueblo arquetípicamente de colonos, siendo presuristas o el extensivo concepto de presura que es lo mismo

El concepto de presura implica al mismo yo y no solo al territorio. Es un yo aprehendí esta tierra o lo mismo que dice Ortega, yo soy yo y mis circunstancias o una haecceidad subjetiva dentro de un pensamiento de un Deleuze/Fichte. Ese yo es activo, es consciente de sí ya que aprehende una tierra y es parte de ella. La presura a la vez es un yo interno y un yo externo extenso en la tierra, un espacio y materia interna que se determina externamente, un sujeto y objeto a la vez y no separados. El presurista es lo mismo que la presura porque sus significados son a la vez lo determinable del objeto y lo determinado en cuanto la tarea es determinada por el sujeto que aprehende, que coge la tierra. Ese concepto surgió en la península antes de que Fichte pudiera elaborar su teoría idealista del yo. La presura/presurista es el yo que toma su exterioridad y le da forma, lo cultiva en base a su interioridad. Ese concepto es lo que equivale hoy en día al emprendedor, donde empresa y emprendedor son voces sinónimas y extensivas de un mismo significado, el yo que emprende una tarea y da forma a la realidad subjetiva/objetiva de los productos de su conciencia.

Pero ¿qué ha pasado para que la mayoría de los jóvenes españoles y no tan jóvenes quieran ser funcionarios incluso en la misma empresa privada y depender del Estado? ¿Por qué no quieren ser emprendedores pero sí bomberos en contra de lo que parecen ser los arquetipos peninsulares? Creo que la explicación no es muy simple.

En primer lugar después de un periodo tan largo de luchas e incertidumbre en la frontera, los habitantes de la península ibérica acabaron exhaustos al cabo de setecientos años de inseguridad constante. Se terminó el espíritu de la frontera. Además los pocos presuristas que quedaban se convirtieron en conquistadores y se fueron a hacer las Américas. El antiguo espíritu de la libertad, el riesgo y lo incierto de la existencia se fue con ellos a la otra parte del mundo y otros pocos a los tercios. La península quedó desierta de emprendedores, con el problema añadido de que se empezó a vivir de las rentas de las colonias.

En segundo lugar y quizá más problemático fue la cultura de la civilización cristiana que enseñaba que las cosas fueron creadas por Dios, incluso el cuerpo, lo que abocó a una separación de una realidad exterior llamada cosa y otra realidad interior llamada alma, además de la realidad pura que suponía la sustancia divina. Eso significa que todas las cosas no son productos de nosotros mismos, de nuestro yo sino que son algo externo, unos objetos detenidos que proyectan una imagen en nuestra mente, pero no son partes de nosotros mismos o de nuestro yo. Entonces, nuestra tarea y nuestro esfuerzo no tienen nada que ver con lo exterior, ya que era un martirio el trabajo para el católico de aquella época. La tarea consistía en la superación interior separada de lo exterior, como bien explicaban nuestros místicos medievales. La acción interior sin proyección de una fuerza a lo exterior se convierte en no/acción o en detención y reposo de la tendencia y del emprendimiento.

En tercer lugar está la educación actual, que en realidad es una extensión de la cosa creada, determinada y separada como forma de conocimiento que esbozó el pensamiento católico derivado de un platonismo, ahora invertido como principio epistemológico. El alma ya no existe, solo lo exterior como realidad física, medible y necesaria para que la verdad sea cierta. Solo lo medible es verdadero nos explica la ciencia positiva, cuando la realidad material es tan incierta como la vida misma como demostró Heisenberg en su principio de incertidumbre. Entonces, esa educación nos exige que veamos una necesidad una estabilidad en las cosas exteriores, positivas y medibles, al margen del yo mismo y del tiempo propio. Las cosas deben de ser estables, ciertas verdaderas y necesarias, todo lo contrario al espíritu de la frontera, la realidad circunstancial.

Estos tres factores son básicos para entender el porqué el español no es ni quiere ser emprendedor. Si a esto le añadimos el misoneísmo del español o ese miedo a lo nuevo que impera en España desde los tiempos de Felipe II, se entenderá muy bien que los españoles prefieran la estabilidad que el riesgo, la seguridad de mamá Estado, que la incertidumbre del día a día, la detención del ser a la realidad del actuar. Yo actúo y emprendo cada momento de mi existencia, dice el presurista. El bombero se limita a estar acuartelado sirviendo a su señor Estado. Autonomía vs dominación o lo que es lo mismo, inmanencia subjetiva contra trascendencia objetiva es lo que hay que escoger.

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Política y económica de la oikia-presura

noviembre 21, 2009

Toda concepción del mundo, sistema o filosofía parte de unos principios que se estructuran y soportan para conectar, relacionarse entre sí y dar coherencia al pensamiento. En el caso de la presura como un yo aprehendí esta tierra y la trabajo en escalio, hay varios componentes metafísicos como principio. En primer lugar está mi yo mismo, que surge como principio a partir de Descartes y sobre todo de Locke, aunque la primera formulación fue en el aprehendí neofilosófico de la presura. En segundo lugar se encuentra la proairesis que es la capacidad de elección que tiene el dueño o propietario de elegir el sitio donde quiere crear su hacienda, estancia o casa. La casa es la oikia aristotélica, principio metafísico de la presura, que dará lugar a la oikonómica de la presura y de la polihermenéutica interpretadas como asociación de presuras-presuristas, como otro principio metafísico que se basa en ellas. La consecuencia es que la política no es nada referente al estado sino a la interpretación de los presuristas de su propiedad, la casa, presura o empresa y la del yo en relación a los otros.

        Para Aristóteles la ciudad se constituye como un conjunto de casas que en primer lugar son una especie de aldea y después se forma la ciudad. Es decir, la ciudad es una reunión de casas, pero que es anterior a la casa por naturaleza. Así dice “La ciudad es anterior por naturaleza a la casa y a nosotros como individuos”[1].  A esto Aristóteles le añade otro principio metafísico en cuanto que lo entero como unidad de individuos es necesariamente anterior que las partes  “En efecto lo entero es anterior  necesariamente de la parte”[2]. En esta definición entran cuatro  de la  metafísica; entero, anterior, necesario y parte, es decir, cuando Aristóteles va construyendo su ciencia política no lo hace al margen de la filosofía primera como sino que es ella misma a través de sus principios los que van a constituirla. Desde este punto de vista la ciudad es lo primero y anterior, que junto con su propia libertad de obrar, tiene la capacidad de elegir adecuadamente lo mejor para ella. No es el hombre propio individual, sino la capacidad de obrar que está contenida en la ciudad la que se completa. Y serán los señores los vehículos para la ejecución de la proairesis. Ahora bien está claro que Aristóteles comprende al individuo como εκαστος, singular, como una parte posterior de lo entero-anterior, y por este motivo el individuo no tiene capacidad para operar solo, ya que si esto ocurre o es un animal o es un dios[3]. Con esto el individuo se asocia no por él mismo, sino porque el principio necesario de la polis le infunde la asociación con los demás, que en el caso del hombre puede ser un impulso metafísico por naturaleza, aunque se pueda expresar al hombre intrínsecamente unido a ese impulso “Por naturaleza pues el impulso entre todos ellos es hacia una comunidad”[4]. Y si el impulso está en el hombre también la ciudad contiene otro algo propio, la justicia, ya que la administración de justicia es lo político,  

           Aristóteles describe a la ciudad como una constitución de casas y para ello considera necesario explicar cómo se dirige esa casa y sus relaciones entre sus partes, para considerar si el régimen de la casa es una política, una despótica o una económica. Así como introducción dice que la dirección de la casa es debida al gobierno de uno, mientras que la política es de hombres libres y el principio igual[5]. Mientras que el impulso es lo que permite a los hombres la asociación en una comunidad, hay que diferenciar que lo político pertenece a una cierta clase de hombres que son libres y nobles. Es el señor que tiene la capacidad de libertad para obrar, y en este caso lo que es bueno para la ciudad. Se puede decir entonces que la monarquía es para la casa, pero lo político como administración de justicia es consustancial de la ciudad para los nobles que gobiernan la casa. Así en Aristóteles podemos decir que hay una política, pero también una oi1konomika  como gobierno y dirección de la casa, siendo la despótica uno de los elementos relativos a ella. De esa forma dice Aristóteles que “Todos los que creen que la política, la realeza, la económica y la despótica es lo mismo, no está bien dicho”[6].

       Esta dirección de la casa no puede ser entendida solo como una económica en el sentido de la crematística, sino que hay que comprenderla con los cuatro elementos que se compone la casa, partes como principios metafísicos, y desarrollar lo que supondría esa forma de gobierno de uno en la relación amo-esclavo o noble-conductor-súbdito-conducido como la despótica. Entonces sabiendo que la casa completa, οικια τελειος consta de súbditos y hombres libres, las partes como lo primero más pequeño de la casa son cuatro: 1º la parte μερος que pertenece a la despótica, que es la relación señor-súbdito o amo-esclavo, 2º la parte que corresponde al marido y la mujer como, 3º la parte que corresponde a  la procreación  y 4º a la crematística donde la posesión de riqueza κτησις es parte de la οικια y por lo tanto es principio metafísico de ella[7]. Por eso también hay que explicar que entiende como parte me’roç Aristóteles para comprender la manera en que estas cuatro relaciones con nombre propio pueden ser αρχη de la οικια y por lo tanto filosofía primera como protosofía.  Por otra parte hay que comprender que lo completo o perfecto también es otro principio metafísico aristotélico.

        τελειος yμερος pasan a ser ahora principios de la económica dentro de la cual  la casa es una unidad perfecta en el sentido de que no le falta ninguna parte. Estas son las formas que poseen la fuerza del principio en el sentido metafísico de dar comienzo a algo, por  lo que la casa y lo relativo a la casa se compone de tres asuntos de relación y uno de adquisición material llamada posesión, κτησις . A esta propiedad para Aristóteles también es parte y por lo tanto principio. Entonces es consustancial a la casa y no a la polis, ya que esta es anterior  y la propiedad como κτησις es μερος.

        Aristóteles da preferencia a las relaciones de los hombres dentro de la casa a la referente a la posesión. Dentro de estas relaciones es preferible la de los hombres libres, aunque se llaman de distinta forma en cuanto que es para una relación hombre-mujer, padre-hijo o señor-esclavo. Pero siempre es una monarquía y lo predominante es esa libertad para elegir y obrar de cada relación en cuanto la proai’resiç se acomoda de modo natural en el señor. Entonces la unión de estas tres maneras de dirigir la casa Aristóteles la llama monarquía. Pero la ciudad posee su propio τελειος en cuanto es propia de ella ser varias casas, donde su εκαστος politiké, lo que es propio de los asuntos de la ciudad es la administración de justicia. Ahora bien, hay que diferenciar que lo relativo a la polis como política es la administración de justicia, y lo relativo a la casa como económica es la dirección de la casa en cuanto se divide en cuatro partes o tres según se mire. Entonces lo que verdaderamente da forma a la política y a la económica son los principios metafísicos  que generan la ciudad y la casa.

      Para establecer una relación real como una filosofía de la presura a partir de unos principios tal y como describe Aristóteles con respecto a la política y a la económica, hay que tener en cuenta que esta relación se basa en unos principios metafísicos o conceptores (hablaré de ello en el blog del surfista) que construyen el entramado arquitectónico de la presura. Estos principios son principio, perfecto, parte, entero, anterior y posterior. Esto se traduce en que el concepto de lo político-económico no es el Estado sino la ciudad y la casa en Aristóteles y en la presura es primero ella y luego la asociación.

         El primer principio la proairesis como capacidad de elección de la tierra. Otro principio sería lo anterior y posterior, que es el acto de aprehender la tierra en el cual se toma y posteriormente se trabaja. Las partes son el yo, las relaciones internas y la propiedad, que constituyen de un modo entero, principio, una presura. Lo perfecto para Aristóteles es que se den estas partes como principio, y por tanto, la presura se completa en sus partes como un entero perfecto de partes que tiene capacidad de elegir y decidir gracias a un yo mismo. No es universal, es singular en cuanto es una propiedad limitada. Es, en realidad, la empresa moderna que tiene un dueño, que se interrelaciona internamente, siendo de su propiedad. La asociación económica política no es un Estado sino presuras, sinónimos de empresas o de autonomía, sea empresa o un yo-cuerpo con una casa como aprehendedor-emprendedor. el cual tiene  la capacidad de elegir una acción emprendedora.


[1] Pol. 1252 a 18-19  

[2] Pol. 1253 a 20-21   

[3] Pol. 1253 a 29

[4] Pol. 1253 a  30

[5] Pol. 1255 b 20  

[6] Pol.1252 a 8-10

[7] Pol I. 1253 b 1-10


Clases de presuras (III). La presura colectiva

mayo 19, 2009

La fundación de las presuras colectivas empieza con los vicos o fundación de pequeños poblados alrededor de los castillos, que en Castilla se les llamó villas. Esta repoblación provino de emigrantes norteños del reino de Oviedo y se sureños de la España musulmana. En León fue muy importante los mozárabes, que se establecieron  jurídicamente en las villas, vico, civitates y castras que colonizaron. De estos mozárabes como comunidades religiosas fundaron algunos cenobios, lo cual da lugar a la especulación si en esa repoblación empezó de alguna forma las presuras colectivas, que sería la ocupación de tierras yermas de un modo conjunto. No parece que existiera por los mozárabes una presurización de tipo colectivo en el sentido de un colectivismo agrario sin propiedad de ningún tipo o compartida en origen, ya que según Menéndez Pidal los mozárabes eran bastante individualistas con el sentido de la propiedad[1]. De todas formas lo que hay constancia en un primer lugar es de la toma de presuras en tierras de León por parte de colectivos gremiales, que consta con el nombre de las aldeas que habitaban que designaban el nombre de la profesión como macellarios, grullarios, olleros, torneros, rotarios. Se especula entonces que sin la convalidación regia, debido a la distancia esos grupos por sí mismos hubieran ocupado una serie de tierras yermas en calidad de presura con pequeñas pueblas que su nombre indicaban. Además, se comprueba por los textos de la época que eran poseedores de la tierra que ocupaban.

Hay muchas pruebas de este tipo de pueblas y aldeas de tierras leonesas que parecen realizando transacciones jurídicas. Según Menéndez Pidal en casi todos los casos aparece una autónoma personalidad colectiva del grupo o grupos humanos que realizaban el negocio jurídico[2]. Este negocio jurídico ocupaba tanto la donación y el litigio de las tierras como la labranza conjunta de un valle como sucedió en Campolongo, Estabello y Vega y en Villa Castellana, ya que esto no hubiera ocurrido sino eran propietarios libres. Asimismo en Castilla en el año 932 aparecen muchas aldeas realizando transacciones y negocios jurídicos sin la intervención de la autoridades condales del país. Incluso en tierras galaico-portuguesas hay litigios por cuestiones de términos hombres libres de la aldea de Alikinitia y Villacoua con el conde Ximeno o en Villa Leginosa con el conde Gutierre, que demuestra la existencia de hombres libres en aquellas aldeas como colectivos que litigan por sus derechos posesorios ante cualquier tipo de autoridad o figura. Lo colectivo de la acción judicial presupone un derecho comunitario de hombres libres u homines. Además la fuerza de la solución de los litigios donde los términos se acomodaron a las pretensiones de los litigantes comunitarios vislumbra la fuerza como colectivo de derecho de propiedad libre.

Menéndez Pidal ofrece una gran cantidad de datos sobre este tipo de negocios jurídicos entre colectivos con derecho comunitario de propietarios libres, para explicar que las diferentes comunidades de la repoblación en tierras astur-leonesas, tanto en la repoblación privada como la que él llama la colectiva, fueron debidas a propietarios libres. Por este motivo, piensa que en el siglo XII los llamados homines de benefactoría que gozaban de plena libertad personal y propiedad era debido a ello, ya que se consideraban a sí mismo libres presores y todos los privilegios no podían ser debidos sino a esta plena libertad de propiedad personal. Estos leoneses de libre propiedad se habían apropiado en nemine possidente, es decir, como presuras colectivas en asentamientos espontáneo libres de campesinos emigrantes. El mismo Menéndez Pidal señala varios ejemplos de aldeas leonesas y castellanas en presura colectiva donde se comparten pastos y dehesas continuando, siendo los campesinos propietarios libres. Estas son las de San Vicente, Heterrena, Fresneda, Sotoluengo Modubar Quintana etc., es decir, que al menos cinco de ellas precisan en sus escrituras una posesión de las aldeas de pastos y dehesas compartidas, que autoriza a pensar en un asentamiento colectivo de propietarios libres según él[3]. Lo que incide Menéndez Pidal en este tipo de repoblación es la libertad total de los presores, que durante muchos años en casi toda la edad media, incluso cuando tuvieron que aceptar algún tipo de benefactor en el siglo XIV, siempre fueron propietarios libres, ya que la benefactoría no suponía servilismo, sino un cierto pago de impuestos por esa protección del señor. De todas formas, la figura jurídica virtual de la presura colectiva aparece en cuanto existe una posesión de bienes comunes en las aldeas que se fundan en régimen de presura como asentamientos originarios de una comunidad o colectividad no individual. Ahora bien, hay que explicar que este asentamiento colectivo de aldeas libres en las tierras yermas de León y Castilla, desde bien temprano es una apropiación de la tierra colectiva en las familias de las aldeas. Este fenómeno lo explica así Menéndez Pidal. Dice que la presura primigenia de las aldeas y términos comunales se realizó originalmente en presura colectiva. Según él, la apropiación de la tierra de comunidades rurales que iba a ser el umbilicus del centro urbano del grupo colonizador fue primeramente por presura colectiva, que inmediatamente después existió una ocupación familiar de un solar huerto o heredad, donde la presura colectiva se convertía en la propiedad colectiva de la dehesa, pastos, aguas y molinos aprovechado por todos para el pastoreo, la leña de un modo igualitario y de posesión normal de cada uno de las unidades agrarias de los presores de la comunidad presora. Según Menéndez Pidal este sistema de apropiación de tierra colectiva aparece anteriormente en germanos y francos, con lo que en España es lógico suponer que en los Campos Góticos, las ocupaciones que se realizaron comunalmente fueron en régimen colectivo, sistema que posteriormente se utilizaría para este tipo de presura colectiva en los asentamientos colectivos astur-leoneses[4].

En cuanto al estatuto jurídico de la presura colectiva como documento, según Menéndez Pidal, algunos juristas del siglo XIX registraron restos de un colectivismo agrario en aldeas de León y en Zamora. De todas formas, no parece según él, que existan documentos de los siglos IX al XI, que permitan rastrear con tanta precisión como la presura privada o la oficialista. Aun así Menéndez Pidal observa que se puede admitir la apropiación colectiva del término y la labranza dividida en presuras familiares, pero con un estatuto de colectivización, en cuanto muchas de esas presuras estaban sujetas al negocio jurídico de la propiedad colectiva, es decir, se podían explotar individualmente las tierras, siendo la utilización de las dehesas comunales, pero no de posesión plena. Para ello presenta el caso de Brasoñera donde el estatuto de colonización del término se concedía a un grupo de familias y no a un repoblador individual. Este mismo estatuto incluso la donación comunal, que se realizó de una heredad a un monasterio por los habitantes de Villa Váscones y de una dehesa a García Fernández no deja lugar a dudas, dice Menéndez Pidal, de la propiedad colectiva.

Hay que tener en cuenta que este tipo de repoblación, de propiedad y presura colectiva se realizó al margen de la intervención de los estamentos estatales y la oficialidad, que se habla era una pactología entre propietarios libres. A pesar de que existía un beneplácito por partes de las autoridades, la repoblación tan extensa de las tierras y lo poco poblado y largas distancias de las mismas hacía que fuera muy difícil la intervención del poder. Aun así según Menéndez Pidal la presura colectiva existió y se realizó por un grupo de familias en régimen jurídico de colectivización y en régimen individual de labranza. Las consecuencias de esta exposición que he hecho en varios posts sobre las diferentes presuras se puede extrapolar a la actualidad. Creo que esto merece un post exclusivo sobre las paridades de la presura en la economía actual para una posible oikonomía basada en una geofilosofía teórico-práctica de aprehensión actual. El próximo post hablaré de ello.

 


[1] Menéndez Pidal, pág. 49, Historia de España, Tomo VII*

[2] Menéndez Pidal, pág. 51, Historia de España, Tomo VII*

[3] Menéndez Pidal, pág. 54, Historia de España, Tomo VII*

[4] Menéndez Pidal, pág. 57, Historia de España, Tomo VII*

 


Clases de presuras (II). La presura oficialista

mayo 14, 2009

La presura oficial fue el modo en que el rey ocupó tierras en provecho de él mismo. A pesar de existir un derecho de ocupación por ser vencedores de los moros eso no le otorgaba licitación jurídica sobre la tierra a no ser que él mismo se dedicara a la repoblación o gente en su nombre. De ahí que el rey no tuviera posesión de la tierra y tuviera que encargar a sus directos familiares esa ocupación. Tanto Ordoño como Alfonso se ocuparon de constituir sus propias presuras, llamadas oficiales, como por ejemplo la de Ordoño I que adquirió una heredad por Prusia en la Torre de Santa Maria Alba en León o Alfonso III que por medio de sus siervos tomó en presura la villa de Alkamin[1].

Hay numerosos testimonios de la toma de presuras oficiales tomadas por el rey o por condes obispos abades realizadas por ellos mismos o por parientes y gente en su nombre. Muchos de estos presores o presuras aprehendidas por ellos también fuero por homines u hombres libres que actuaban en su nombre, sobre todo en relación al rey Alfonso III. La presura de la villa de Orniola por Bermuda Gatónez  hijo del conde Gatón las tomó en nombre de su padre es un ejemplo de este tipo de presura oficial por parte de gente allegada a nobles, abades o al rey mismo. Si bien existían numerosas presuras oficiales, que otorgaban un derecho de posesión sobre la tierra y sus bienes a los reyes, conde y abades, tenían que ser ocupadas por el mismo sistema de aprehensión, que podían ser posteriormente donadas, en caso de que lo realizara algún siervo, o en nombre de un pariente de mayor alto rango. Aun así las presuras privadas continuaros su desarrollo ya que la tierra era abundante y de lo que se trataba era de formar una línea fronteriza como un baluarte defensivo de primera línea. aun así las presuras privadas no necesitaban o no lo realizaban ningún tipo de confirmación regia. A mi juicio esto es muy importante ya que en la presura privada no había que rendir cuentas a nadie ni impuestos ni conformidad oficial ni nada que se pareciera. El hecho de que la tierra fuera yerma y fuera cultivada a posteriori por el presurista o presor era motivo suficiente para ser reconocida la posesión de la tierra. La misma presura oficial consistía en igual figura jurídica. La consecuencia es la gran libertad que existía para la repoblación, cosa que siempre el materialismo histórico se ha encargado de presentar desde el prisma de la explotación y nunca desde la perspectiva de la libertad del propietario. Incluso la figura oficial del rey o de la iglesia tenían muchas más limitaciones que en la actualidad, ya que ahora por el mero hecho de vivir no se puede escoger ni la actividad que se requiera ejercer sin pagar tasas al Estado coercitivo, es decir, no se es libre de cultivar una presura, que en la actualidad sería la empresa. Si coexisten empresas oficiales, corporaciones y empresas privadas todas ellas están bajo la tutela y coerción del Estado por diferentes medios para lastrar la actividad del propietario libre, lo cual no deja de ser curioso que en los reinos cristianos no existía. Por tanto llamar Estado a algo parecido a lo que entendemos en la actualidad por esto es totalmente diferente, ya que para hablar de Estado tenemos que emplear ese término a partir de Maquiavelo y con ciertas reticencias. No es extensible a la estructura de los reinos cristianos de la España de la repoblación.

 Por otra parte existen numerosos documentos de las presuras oficiales y de sus donaciones. Menéndez Pidal explica que los repobladores privados no juzgaban necesario ninguna convalidación rápida de su toma de posesión ni tan siquiera precisa. Solo la palabra del presor era determinante para donar su presura en caso de que lo pretendiera a alguna persona o a la Iglesia como ya hice constar en el anterior post. Poco a poco al cabo de largas décadas e incluso siglos los presores o presuristas fueron convalidando sus tierras. Si las presuras empezaron en el siglo VIII la primera que se tiene constancia de convalidación regia es una presura de Alfionso el mangono que donó a la iglesia de Oviedo en haciendo uso en términos más o menos oficiales de su potestad regia. Así en el 908 dice “in suo iure et esqualido cam aprehendit et per scripturam testamenti: filio nostro Gundisaluo tradidit.” Esto no se sistematizó siquiera hasta el siglo XI  ya que Menéndez Pidal habla de que las presuras privadas no necesitaban esa convalidación como explica en una transcripción de un diploma d epresura donde se no se observa ninguna convalidación regia: “Et fuit ipso molino ad Nuno Gomiz in presura de christianos et populatione de christanos”[2].

Desde este punto de vista Menéndez Pidal concluye que en el tema de las presuras oficales sí que existía una convalidación y donación regia por los numerosos testimonios. En cambio no está tan claro cuando las presuras eran privadas, ya que el mismo presor no las consideraba necesarias, aunque puede ser que en teoría haya existido algo de interés por esta convalidación nada clara. Además el hecho de ser una gran extensión de tierra y las distancias que había que recorrer para ello, hacían menos necesaria esa convalidación porque lo que se pretendía era establecer esa primera línea de frontera. Puede que después en algún momento el presor lo haya considerado necesario y haya procedido a esa convalidación en busca de una garantía regia por la posibilidad de la existencia de algún juicio posterior tener constancia de esa posesión, pero dentro de las conjeturas de Menéndez Pidal como él bien explica[3]. De todas formas, tanto las presuras oficialistas por orden regia como las presuras privadas sin convalidación contenían el mismo carácter de posesión de la tierra, ya que la posesión por prima presura que era la presura privada otorgaba los mismos derechos posesorios sobre la tierra, que podían donar hacia sus descendientes o a quienes se quisiera.

La presura oficial bien puede estar dentro de un mismo territorio. Si extrapolamos a la actualidad, ¿por qué no pueden existir empresas privadas al margen del Estado? Las presuras oficiales o las empresas convivían en régimen de posesión con las presuras privadas y colectivas fundamentadas en la propiedad del presor ahora presurista o emprendedor. Se consideraba el pacto, la libertad implícita en la figura del presurista. Ahora esta figura no existe y se encuentra dentro de la coerción de la libertad del Estado al individuo. Si hay algún tipo de estrategia presurista esta tiene que empezar por comprender el concepto de presura como extrapolación a la empresa privada, donde el cultivo pertenece a las ideas que pueden surgir de la empresa para intercambiar con otros individuos.  El próximo día hablaré de la presura colectiva.

 


[1] Menéndez Pidal, pág. 23, Historia de España, Tomo VII*

[2] Menéndez Pidal, pág. 26, Historia de España, Tomo VII*

[3] Menéndez Pidal, pág. 29, Historia de España, Tomo VII*

 


Clases de presuras (I). La presura privada

mayo 6, 2009

En el siglo VIII-IX existían varias clases de presuras, la privada, la oficial y la colectiva. La primera que apareció o por lo menos de que se tiene constancia es la privada, a partir de la necesidad de repoblar tierras recuperadas a los musulmanes y posteriormente despobladas. El derecho de tierra conquistada que imperaba en el derecho germánico-romano, hacía que los mismos reyes se arrogaran la propiedad de la tierra. El derecho musulmán también lo consideraba, salvo que para un posible establecimiento de colonos, se necesitaba el permiso especial del sultán, a diferencia de la repoblación en los reinos cristianos, cuya singularidad jurídica es muy importante para considerar la importancia de los propietarios libres, es decir, propietarios de su cuerpo y de libre circulación en la época feudal. Es muy a tener en cuenta este hecho ya que parece que Edad Media es sinónimo de feudalismo y servilismo cuando por lo menos en España, esto no ocurre casi nunca. En nuestra temposuralogía sería una época de protopropiedad preestatal ya que el concepto de Estado coercitivo tal y como ahora existe no se encontraba en aquella época, asunto que el materialismo histórico ha interpretado como una lucha de clases y explotación de la propiedad enajenada.

Las primeras presuras de la que se tienen constancia es la de Odoario y sus gentes en Lugo y Fromistano y Máximo en Oviedo realizaron labrando unas tierras incultas que en con el tiempo llamaron escalio.  Odario después de tomadas y labradas hizo una donación de ellas a la iglesia lucense en términos que aparece como fundación suya, “est fundata in nostra presura”,  lo que antes había considerado una tierra yerma y sin posesión. En el 787 tres monjes donaron una presura a la iglesia de San Julián situada en tierras Aviancos lo que los donantes consideraban “quae prendimos de estirpe antiquo”[1] Esta idea sugiere que el prender la tierra yerma es el acto que sugiere la posesión y posterior donación que se realiza de la tierra por el hecho de haberla tomado y cultivado. Puede que parezca que existe una propiedad absoluta por el mero hecho de tomarla y cultivarla, es decir, si era una possesio o una propietas. Para Menéndez Pidal este hecho no está muy claro, ya que si bien en la primeras presuras este tema no era importante debido a la cantidad de tierra que existía y las donaciones se hacían sin intercambio y las presuras posteriores sí que hay algún testimonio que se intentaba presentar esa stirpe antiquo de raíz tomada de los antepasados de los presores que lo presentaban como prima presura[2]. De todas formas, la presura era más bien una figura jurídica de carácter ritual y de pacto implícito en su aprehensión.

A partir del año 800 empiezan a haber numerosos testimonios de presuras, escalios en la marca oriental del reino, donde la palabra presura aparece en cada testimonio de su constitución. Muchas de estas tierras ocupadas por colonos fueron donadas a la Iglesia para fundar sus monasterios y consta en la donación el hecho de que esas tierras fueron obtenidas por presura, lo que indica que la aprehensión de la tierra y su escalio ya le conferían al donante el poder de la donación aunque la tierra no fuera propietas. Asimismo muchas de estas presuras incluían iglesias con su heredades, molinos eras de sal, huertas, viñas etc., que eran enumeradas por los presores en el momento de de realizar la aprehensión.

Así el carácter primero de la repoblación en los reinos cristianos fue privado hecho por monjes, abades y particulares en primera instancia. En estas primeras escrituras no existe ningún papel ni escrito que se registre que una autorización regia para las presuras. Cualquier donación de estas primas presuras de los primeros repobladores no existe ningún caso en que el rey se haga valedor de la concesión donación o posesión de las mismas, por lo cual se realiza entre privados por y para ellos sin mediación del intermediario del reino[3]. Esto indica que existía un derecho posesorio transmisible a terceros dentro de lo privado de las empresas. Para que ello existiera las presuras tenían que estar en escalio es decir no ser tierra yerma ya que el abandono de la misma se perdía el carácter posesorio y transmisible. Esa es la diferencia con respecto a la propiedad absoluta, ya que se necesitaba probar que la tierra estaba ocupada y cultivada para ese derecho a la donación. Esto era claro ya que para mantener la frontera con los musulmanes era necesario que los repobladores permanecieran como el primer muro de contención. Ahora bien para que ocurriera esta donación o el derecho transmisible de posesión era preciso que se hubiera constituido esa figura jurídica de la presura y el escalio que si bien estaban separadas al principio luego se yuxtaponían entrecruzándose.

Menéndez Pidal explica la etimología de la palabra presura a partir del verbo prehendere, tomar posesión, ocupar un lugar, que en castellano va a dar lugar a tres palabras que van a tener consecuencias en nuestra interpretación de la presura con carácter personal: aprehender, comprender y emprender. La voz presura sigue al verbo prehendere para registrar la ocupación nemine possidente, nemine habitante o ante alios homines, es decir, que la ocupación de un lugar que se hacía en nombre del poseyente recibía el nombre de presura. La voz prisi se empleó para ocupar un edificio, pero los colonizadores emplearon l primera persona del pretérito perfecto del verbo prehendere aprehendi, es decir, yo aprehendí o ocupé este lugar, que se aplicó directamente a la posesión de la tierra yerma. La palabra presura aparece en los documentos de Odoario con esa designación de ocupación de bienes raíces.

Esta empresa como presura va acompañada de la especificación de ser una tierra yerma es decir que se halla squalidum. San Isidoro pensaba que esta palabra provenía del verbo excolere cultivar, donde los repobladores aludían cuando se referían a “prehendimus de stirpe antiqua” que se asociaba con ese campo yermo. El squalidus se asociaba entonces a esos campos que habían sido dejados de cultivar excalidare (excolere) de donde proviene directamente squalidus.  Para comprender que este campo había dejado de ser yermo o empezado a labrar, se le colocó la partícula ex, que significa lo que procede de, con lo cual el significado variaba, siendo ahora el campo que había dejado de ser yermo po el ex –squalidum, que se pasó al escalio.   

Ahora bien, para tomar en presura este campo yermo, que además se podían tomar edificios viñas molinos, etc., siempre y cuando no existieran poseedores conocidos, el presor tenía que justificar su presura mediante desmontes, pastoreo edificaciones plantaciones, etc., y hacer algunos actos simbólicos para asegurar sus bienes aprehendidos. Algunos presores declaraban la frase “et ipsas presuras que accepimus determinavimus” o colocaba cruces en las presuras tomadas por él mismo[4].

Con esto quiero expresar el hecho de la importancia de la repoblación privada para mantener la frontera en los reinos cristianos contra los musulmanes. Si existe un derecho pro-vincere por parte del rey, no parece que se ejerza desde el punto de vista de la ocupación de tierras que empieza en el siglo VIII por los colonos. La necesidad de establecer una línea de contención permitió en primera estancia una figura jurídica al margen de cualquier poder coercitivo, incluso con la constancia de un derecho posesorio que no de propiedad absoluta, ya que se necesitaba la ocupación de la presura. La idea temposuralógica es que este concepto de apropiación y posesión particular se ha establecido en todos los tiempos en cuanto el colono es propietario de su cuerpo, que ese concepto es el de la verdadera propiedad absoluta, al margen de una interpretación del término desde Aristóteles al derecho romano y en la actualidad. El presurista es el personaje conceptual del concepto de presura, que es relativo a todas las épocas, que es sinónimo de emprendedor, cuyo origen etimológico es el mismo que el aprehendi de la presura, prendere. Por eso cuando explico el concepto de la presura en sí digo que es un yo-aprehendí-esta-tierra-en-escalio, que significa emprender una empresa por cada uno individualmente dentro de un territorio que bien puede ser el mercado, con todas las incertidumbres. Es el personaje conceptual, el presurista que ha existido en todas las épocas.


[1] Menéndez Pidal, pág. 10, Historia de España, Tomo VII*

[2] Menéndez Pidal, pág. 30, Historia de España, Tomo VII*

[3] Menéndez Pidal, pág. 12, Historia de España, Tomo VII*

[4] Menéndez Pidal, pág. 14, Historia de España, Tomo VII*


Repoblación y propiedad en la Valencia del siglo XIII

abril 23, 2009

 

El espíritu de la frontera que existía antes de la conquista de Valencia por Jaime I en 1238 era la misma incertidumbre y temor que prevalecía en toda el límite de los reinos cristianos en la época de la repoblación del territorio por los hombres libres. Así la actual frontera que existe entre Aragón y Valencia ya fue establecida en el siglo XII, cuando todavía Valencia era un reino taifa. El rey aragonés Alfonso II organizó la defensa de la frontera por fortificaciones que pasaban por Teruel Alfambra y Cutanda, que una de ellas se transformó en una comunidad de defensa fortificada mientras que Alfambra dio origen a una orden miliar que junto con Hospitalarios y Templarios se adjudicarían el papel de defensa de la frontera. Lo curioso del caso es que cuando empieza la repoblación después de la conquista del territorio, estas órdenes participan muy poco en el reparto de tierras, ya que Jaime I intenta que el futuro Reino de Valencia no se constituya por los poderes de la Iglesia o de la nobleza sino que los hombres libres tuvieran su propiedad, es decir, aquellos que hubieran colaborado en la empresa de conquista de la tierra a los musulmanes y las órdenes fueron reticentes a esta empresa salvo la resistencia en la frontera. Las órdenes, los caballeros en principio fueron un poco reticentes a la llamada assusment crucem para la conquista de Valencia..

 

Aun así se produce el llamado Llibre del Repartiment u ofrecimiento del reparto de tierras a los que habrían participado en la conquista. Se había ofrecido antes de ella a los peones que concurrieran en ella dos yugadas y una casa, mientras que a los caballeros se les prometió el doble. El éxito fue tal que faltó tierra para poder dar mientras que muchas casas quedaron desocupadas, además de que muchas de ellas fueron ocupadas y desocupadas ya que para que existiera propiedad tenia que existir lumbre todo el día es decir que fueran habitadas.  Aun así Jaime I se atuvo de ofrecer estas casas a la clerecía o los nobles para que obtuvieran cierto monopolio de los bienes inmuebles de la zona de Valencia. Incluso cuando instituyó los Fueros de Valencia hizo constar la libertad de los súbditos, cuyos consellers estaban formados por los gremios y profesiones libres artesanales. Los propietarios libres se hacían con el control de su propia gestión en cierto sentido bastante autónoma. Asimismo la educación permanecía fuera de la iglesia siendo organizada dentro de los derechos forales otorgados por Jaime I donde estos propietarios artesanales tenían la libertad de enseñanza para crear universidades dirigidas por ellos mismos. 

 

Con respecto a la repoblación y el repartimiento de tierras, quedó anotado ese registro llamado propiamente Llibre del Repartiment. Lo curioso es que después de aquella empresa solamente hubo un aumento inicial de nuevos repobladores en número de dos mil personas, lo cual hace que se busque soluciones a la expropiación de las tierras de los musulmanes para que no emigren y continúen en las mismas haciendo su labor de producción y otorgando ciertos derechos. Se habla de que estos musulmanes se convierten al cristianismo y así se explica como el número de pobladores se incrementa en unos años, considerándolos dentro con los mismos derechos forales que los cristianos[1]. 

 

De todas formas, a pesar de que se habla de modos de producción feudal en los historiadores afines al materialismo histórico, hay que comprender que este existe mientras el señor tenga pleno derecho al tiempo, al cuerpo a la vida y a la libertad de su siervo y esto tampoco ocurre en Valencia y su territorio. Ocurre lo de siempre en España con respecto a la repoblación, que los señores tienen que conceder todos los derechos que puedan otorgar a los llamados súbditos, que en realidad son propietarios libres, donde las tierras fueron dadas en alodios o en enfiteusis[2]. Este tipo de propiedad alodial se mantuvo en España por mucho tiempo, lo que supone no pagar ningún impuesto privado al señor. La propiedad alodial fue propia también de nuestra comarca Alcoy, que a mi juicio por este motivo se transmite de un modo arquetípico el carácter tan independiente de la zona. Esta perspectiva implica que en Valencia se dio de hecho la posesión de los bienes de carácter libre así como la propiedad y libertad del propietario alodial en la nueva repoblación del territorio, una forma de mantener el concepto de presurista.

 

Por otra parte en los Fueros valencianos existe un pequeño apartado que recuerda a la figura jurídica de la presura cuando se dice que las tierra que en tiempo de moros no estaban cultivadas podían hacerlo cualquier cristiano solo con el hecho de ser roturada si estas no habían entrado en el Repartiment. A esto se le llamó escaliament[3]. De todas formas este tipo de presura valenciana, si bien se podía apropiar de las tierras no roturadas por los moros y no se necesitaba ningún tipo de transmisión, estaba sujeto al impuesto municipal de la zona, lo que no sucedía en principio en la presura astur-leonesa ni los primeros años de la presura valenciana. Esta figura se dictó en la primera parte de los Fueros en 1261, que posteriormente fue ampliada en 1271 que fue cuando se instauró el derecho de impuesto municipal sobre todas las tierras yermas y cultivadas posteriormente por los propietarios libres[4]. Estamos hablando de un tipo presuras en el siglo XIII en España. Entonces, ¿qué tipo de feudalismo tardío o modos de producción feudal se puede afirmar en el contexto general de la repoblación en España? Por otra el derecho a adquirir la tierra aparece en los Fueros valencianos de 1271 como una accesión por nacimiento, aluvión, siembra, plantación, edificación, por especificación y por hallazgo.

 

Desde esta perspectiva se observa que en la repoblación de Valencia, donde existió una frontera que hubo que traspasar con la incertidumbre que ello traía, también apareció la presura o escaliament, en cuanto que se podía roturar en tierras yermas de moros. Lo más importante además de esta anotación, que el materialismo histórico le gusta ocultar para explicar sus teorías económicas generales de modos de producción feudal, era la existencia de propiedad alodial y enfiteusis que explican la existencia de propietarios libres. El énfasis de esta situación es sostener un enfoque, no de modos de producción materialista sino la importancia del carácter de la repoblación con propietarios libres, en el concepto mismo de Locke, de libertad de acción de su propio cuerpo, que es el concepto mismo de presura resumido en el yo-aprendí-este territorio-y-lo-cultivo-en-escalio. Esa idea es la base del concepto de presura, aunque en régimen alodial o de enfiteusis sería un modo de posesión de los bienes manteniendo la propiedad del cuerpo y la libertad de acción, y no estar sujeto a las ataduras de un señor feudal. Esta idea tampoco existió en la Valencia del siglo XIII.


[1] Ubieto Artete, Orígenes del reino de Valencia Tomos I y II.

[2] Febrer M. Dominio y explotación de la Valencia foral, pág. 40

[3] Febrer M. Dominio y explotación de la Valencia foral, pág. 43

[4] Febrer M. Dominio y explotación de la Valencia foral, pág. 44


Locke y la presura

abril 13, 2009

 

La propiedad de Locke con respecto al derecho natural es obvio que hay que dejar al margen la idea de Dios para concentrarse si pertenece a la persona desde su nacimiento o hay que hacerse merecedor de esa propiedad por sus acciones. El derecho natural significa que la persona es dueña de su cuerpo y por tanto de sus acciones que las transformará en propiedad desde el nacimiento. Otra cosa es que las familias se hagan cargo de su educación asunto del que habla también Locke en el Second Treatise. Ahora bien, Locke reconoce que existe una naturaleza común en cuanto cada individuo participa de ella por la razón y por la tierra. Con ello explica que las personas tienen derecho sobre sí mismo gracias a esa razón común de cada yo. Por ello el yo que aprehende la tierra es individual y común a la vez en cuanto limita y comparte la tierra y su posesión. Esta idea de propiedad de la tierra donde incluso Locke recurre a la situación de la presura en España para explicarla, aparece citada en el Second Treatise. Dice Locke “I have heard it affirmed, that in Spain itself a man may be permitted to plough, sow and reap, without being disturbed, upon land he has no other title to, but only his making use of it. But, on the contrary, the inhabitants think themselves beholden to him, who, by his industry on neglected, and consequently waste land, has increased the stock of corn, which they wanted”[1]. La referencia a la presura está muy clara cuando explica que ese concepto de propiedad donde no importa la cerca sino más bien el producto era algo habitual en las tierras de España. Si la propiedad para Locke empezaba en uno mismo y en las acciones de transformación de la materia para conseguir un derecho de propiedad, el hecho de que se fije en el concepto de la propiedad de la presura se vislumbra que su propio pensamiento está basado en buena parte de esta figura jurídica. Además, Locke explica que el mero cultivo de la tierra yerma era admirado por los vecinos y habitantes de la tierra cultivada en presura, debido al hecho de que se aumentaba el grano de trigo y por tanto el producto ofrecido para los demás. Es decir, la propiedad no solo consistía en las acciones propias que se tomaba el presurista para transformar la tierra sino que era tomada en consideración por los demás como propiedad de uno y beneficio de todos en cuanto se aumentaban las expectativas de participar de los excedentes dentro del mercado.

 

Ahora bien, Locke explica que la tierra mientras existía un excedente de ella se pensaba de forma que la propiedad era el trabajo de cada cual y no la tierra misma que era de naturaleza común. A pesar de que la tierra empezó a ser cercada o a colocar términos (origen del concepto) Locke seguía manteniendo que el trabajo es el que pone el valor de la tierra. Así dice Locke “Nor is it so strange, as perhaps before consideration it may appear, that the property of labour should be able to over-balance the community of land: for it is labour indeed that puts the difference of value on every thing”[2]. Por ello casi todo el trabajo que surge de la tierra es producto de la acción del hombre y por tanto de su propiedad e insiste que la tierra no tendría ningún valor si no fuera por el trabajo del hombre, “From all which it is evident, that though the things of nature are given in common, yet man, by being master of himself, and proprietor of his own person, and the actions or labour of it, had still in himself the great foundation of property ; and that, which made up the great part of what he applied to the support or comfort of his being, when invention and arts had improved the conveniencies of life, was perfectly his own, and did not belong in common to others”[3]. Es el trabajo es decir la actividad de la persona propietaria de su propio cuerpo y destino el que transfiere el valor a la cosa que surge de la materia en este caso de la tierra, e incluso de la industria dice Locke. El pan el vino y los artículos convertidos tienen mayor valor que lo recogido del suelo ya que se le ha transformado por el trabajo del hombre propietario de sí mismo.

 

Otra idea sobre la propiedad es que el excedente que no se puede utilizar debía de cuidarlos antes de que se deteriorara ya que por lo contrario sería un fraude hacia los demás dejar que esto ocurriera. Solo habría que transformar o poseer lo que necesita cada uno y lo que puede cambiar u obtener beneficio en cuanto realizaba alguna transacción en el mercado. Cambiar ciruelas por nueces del excedente de una producción no causaba ningún tipo de agravio ya que lo propasaban los límites de la propiedad según Locke era la pérdida inútil de ellos. Otra cosa sería el descubrimiento del dinero donde estos excedentes mucho más constantes y con el consentimiento implícito de su valor, sustituyeran el efecto de deterioro de la propiedad. Aquí Locke es poco explícito ya que habla sobre que las leyes de los gobiernos son los que regulan la propiedad de este excedente convertido en oro o dinero, mediante convención legislativa.

 

Lo que deja claro Locke es que una persona por su propio trabajo es de derecho tomar posesión de lo que transforma en el sentido de la tierra o la fábrica. Hay que considerar que supone que existe una propiedad natural del cuerpo y de la persona en sí, para que la propiedad sea en sí misma trabajo. Como esto es natural e intrínseco a la propiedad, el trabajo de esa persona e incluso el excedente que no se deja deteriorar y se trueca en otras mercancías o dinero es propiedad de la persona, precisamente porque esta persona es propietaria por naturaleza de sí misma, por la propia naturaleza común de la razón. Además la analogía de su concepto de propiedad con el concepto de presura se observa que desde que se instauró la presura en los reinos cristianos de España el trabajo era como escalio una parte integrante de la persona humana, que era la expresión de un Yo-que-aprehende. Esta idea es muy importante ya que antes de que le mismo Descartes descubriera el Yo pienso, la tierra había dado lugar a la propiedad del yo en cuanto que aprehende un concepto o un término a través de la tierra para cultivarlo, desarrollarlo en escalio. El hombre es en sí  mismo yo en cuanto que como razón cultiva sus conceptos o términos a través de un territorio la presura. Este territorio es inmenso ya que es el campo (físico y metafísico) de desarrollo del yo mismo en cuanto que aprehende. En referencia al mercado es la nueva tierra del presurista, que conceptualiza sus ideas es escalio como una nueva propiedad y la transforma para ser dada a trueque o con el beneficio que oferte su posesión convertida en mercancía.


[1] The Second, 36, pág. 16 “Yo he oído que en la misma España puede uno arar, sembrar y cosechar sin que nadie se lo estorbe, en tierra a la que no tiene derecho alguno, pero sólo por el hecho de usarla. Es más, los habitantes estiman merecedor de consideración a quien por su trabajo en tierra inculta, y por lo tanto yerma, aumentare las existencias del trigo que necesitan”.

[2] The Second, 40, pág. 18 “Y no es tan extraño como, tal vez, antes de su consideración lo parezca, que la propiedad del trabajo consiguiera llevar ventaja a la comunidad de tierras, pues ciertamente es el trabajo quien pone en todo diferencia de valor”

[3] The Second, 44, pág. 19 “Por todo lo cual es evidente, que aunque las cosas de la naturaleza hayan sido dadas en común, el hombre (como dueño de sí mismo, y propietario de su persona y de las acciones o trabajo de ella) tenía con todo en sí mismo el gran fundamento de la propiedad; y que lo que constituyera la suma parte de lo aplicado al mantenimiento o comodidad de su ser, cuando la invención y las artes hubieron mejorado las conveniencias de la vida, a él pertenecía y no, en común, a los demás”