Territorialidad y Estado

abril 7, 2009

 

         La idea de territorialidad en Deleuze está ligada al Estado en cuanto este es trascendente a una forma anterior de territorialidad que pertenece a la sociedad primitiva. Así el concepto de Estado es una forma de perder la territorialidad anterior en cuanto esta es motor de una sociedad inmanente perteneciente a la tierra. Es decir, el concepto moderno de Estado es consustancial al de territorio, pero en Deleuze el territorio es una forma en principio inmanente de estar en la tierra. Pardo explica que esta tierra inmanente en realidad es que muchos comportamientos o conductas se desarrollan en un territorio. Con esto quiere decir que el territorio en realidad es comportamiento y se hace a “fuerza de vincular a él cierta conductas, gestos, canciones, olores”[1]. De esa forma el individuo no posee ninguna cualidad ni propiedad, sino que esta pertenece al territorio y si hay un factor de individuación es la distancia o las distinciones individuales. Esta es la única forma de propiedad que considera Deleuze para el individuo; la distancia. Ahora bien la idea entonces que sugiere Deleuze es que es el mismo territorio como formas de comportamiento los que producen la territorialidad. De forma que es el territorio quien construye las circunstancias, remitiendo siempre a un medio exterior más o menos desconocido mas o menos agresivo. La territorialidad se define también por sus relaciones y distancias, comunicaciones e individuos. Incluso la territorialidad se refiere al pensamiento originario de lo que supone la sustancia cuando se describe a esta como materia formadas, que son territorializaciones grados de territorialización y desterritorialización[2]. Esta idea de territorialidad como sustancia se relaciona con la noción aristotélica de sustancia como territorio cercado o hacienda, como propiedad, bien o posesión, que describe Heidegger pero sin el yo que aprehende propio del concepto de presura. Hay una territorialidad externa que forma el territorio, que incluso lo cerca en cuanto es limitación de comportamientos, pero no es una territorialidad interna de aprehensión. Por ello el Estado estratifica la territorialidad inmanente y expropia la del individuo en cuanto el yo-aprehende-la tierra, haciendo de sus comportamientos axiomas por los que anula el cultivo en escalio del individuo apropiándose de su sustancia o hacienda[3].

 

            Dice Deleuze que la distancia es la propiedad del individuo, siendo esa distancia el territorio. Así, dos seres son territoriales en la medida que existe una distancia crítica, un espacio de proximidad de propiedad. Es decir, cuando hay algo que es mío solo lo relaciona con la distancia en que me muevo, donde la expresión de espacio que pertenece al movimiento privado es artística[4]. Entonces la territorialidad es propiedad en cuanto se hace distancia de un individuo, un cuerpo o una casa, vinculada a una marca que se expresa como materia a través de sus formas, como comportamientos. En realidad estos son los bienes que hablan los estoicos, que se axiomatizan cuando se trasforman en códigos y reglas de comportamiento, para cada territorio.  Entonces el territorio se va formando a través de unas formas de comportamiento y se consolida desde fuera según Deleuze obviando la territorialidad interna como forma de aprehensión del yo. Por eso, el problema de la idea de Deleuze es que desde la interioridad aprehensiva no existe ninguna fuerza que se auto construya. Para que exista esa unidad territorial de expresión, Deleuze supone que es una forma de organizar el caos a través del territorio.

 

           Para Deleuze entonces adsorber la tierra es pensar en un plano de inmanencia. En su terminología es que la tierra como un todo se adhiere y se suelda en cada concepto, función o afecto que se elabore por el pensamiento. El concepto de presura se adsorbe del territorio y de la territorialidad propia en cada pensamiento, función afecto que implique a un yo mí mismo propio que aprehende lo que ve en su estancia, que es ese cultivar o formarlo en escalio. Es consustancial entonces a la idea de lo propio del individuo como sustancia de materias formadas, como propiedad territorial de formas de expresión pensar en la tierra y su territorio, en la presura. Estos son dos elementos, ya que se piensa en la tierra y se expresa en el territorio, la presura.[5]. Así según Deleuze para pensar el ser en los griegos habían dos elementos ser y materia de ser donde el ser era pensamiento y la materia de ser era la naturaleza en un plano de inmanencia en un medio que era la tierra al servicio del pensar. Esta idea se trasmite cuando se refiere al pensamiento de Anaximandro[6]. Deleuze explica que el apeiron como horizonte absoluto se combina con el movimiento de las cualidades para comprender el pliegue, que en definitiva es lo reciproco. En realidad lo no limitado está contenido en el horizonte visible del sabio griego, donde se junta lo contrario, el cielo y la tierra, y siendo el mismo horizonte lo que impide por su acción ilimitada en sí misma que algo se limite y entonces se desborde. Es la manera en que los sabios griegos  a partir de la tierra elaboraban los conceptos en un plano de inmanencia pleno de tierra y que se territorializaban en el concepto. Por eso Deleuze no habla de genealogías conceptuales sino de geologías, como el capítulo que le dedica en Mille Plateaux.

            Entonces las “marcas” son las consignas o reglas de comportamiento que hacen un territorio, como individuo privado, cuerpo o casa. Estas marcas son reales por su territorialidad, construyendo desde fuera una propiedad que a partir de la pluralidad de marcas y consignas entonces contiene un sostén para su fundación como materia forma. Ahora bien el problema es si esta propiedad construida-fundada posee la capacidad de tender hacia o por lo contrario parece mas bien un cercado que se limita desde afuera y para ello se forma el concepto de presura en base al yo cartesiano fundado en el límite de Aristóteles o peras.

               Entonces hay que comprender el límite o péraç de una sustancia que es una propiedad como la frontera o cualquier tipo de individuación que consiga hacer propio una individuación. Así el doble contenido del límite en Aristóteles convierte a lo propio, por sus propiedades en su ekaston, y por el límite desde afuera. Es considerar que el límite es la “tendencia” del ekaston ousía, es decir la propiedad propia, a limitarse por ella misma y por la esencia como definición tò ti hn einai ekaston. El péraç es a la sustancia de lo que es de una manera propia ousía ekaston, que sería en realidad upokeímenon sustrato de lo propio, y a la esencia de lo que es propio tò ti hn einai ekaston como límite del conocimiento.   Así  para Aristóteles para que haya una tendencia, tiene que haber un principio de movimiento como límite, arch’ thç kinh’sewç  (Metafísica 983 a 30). Así,  el movimiento  contiene el fin, el límite desde el principio,  desde que se limita lo propio como ekaston (7)

 

       Por otra parte, Heidegger describe que para lo griego, el principio, arch’ como “disposición”, que en este caso sería el límite como fuga del movimiento. Esta disposición en el caso de la presura será la Proairesis que es un arch’, como singularidad que dará lugar a la tendencia dirigida. La forma, el eidoç, también es péraç En este caso, el péraç es de ascendencia platónica, ya que el sentido de la figura en Platón alcanza una dimensión ontológica y es precisamente por el péraç por lo que existe participación de lo que es en cuanto idea con los seres sensibles y limitados. El alcance del péraç platónico era exiguo en cuanto que solo se refería al límite o contorno. En Aristóteles, el eidoç no puede ser más que una estructura de conocimiento, en caso de que se considere un trascendente de la sustancia compuesta. En el caso de ser por sí mismo el eidoç siempre hay que considerarlo como participando de la sustancia compuesta y nunca actuando por sí mismo. Por esto, hay que considerar al eidoç  como un presenciar de lo que es propio, upokeímenon más cerca de la enérgeia que de cualquier trascendental de conocimiento, que supone una interpretación de un sujeto trascendental. 

        La conclusión es que el territorio estratificado y trascendental es el Estado, jerárquico, dogmático en sus formas de comportamiento con marcas dirigidas a acotar la libertad de acción de los presuristas, que son los propios de la territorialidad inmanente y horizontal. La distancia es la propiedad, sea del cuerpo, de la casa, de la hacienda, que es el máximo de habitabilidad y esfera de la libertad de acción, que se limita por la exterioridad, en el caso de Deleuze y por la interioridad como esencia aristotélica que se define conforme a las acciones, el escalio.


[1] JL Pardo, Violentar el pensamiento, pág.161

[2] Deleuze, Mille Plateaux, pág. 49

[3] Heidegger Informe Natorp, pág. 58

[4] Op. cit. pág. 322

[5] ¿Qué es filosofía? Ed. Francesa. pág.86

[6] Op.cit. pág.48

[7] Hagen describe muy bien esta situación cuando refiere que los movimientos como acciones imperfectas lo que es inmanente es el límite o péraç a diferencia de las acciones perfectas que la presencia del téloç es su ergon su obra, “The enérgeia-kínhsiç distinction and Aristole´s conception of práziç”,Journal of the History of Philosophy, XXII-3, 1984, pags. 263-280.

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Geofilosofía, concepto y presura.

abril 1, 2009

        Dice Deleuze que fue Nietzsche quien fundó la geofilosofía describiendo los caracteres de las distintas filosofías como la alemana, la francesa o la inglesa. Deleuze piensa que la historia de la filosofía está plagada de opiniones caracterológicas nacionales, es decir, que el tipo de filosofía que se ha hecho en cada país se debe a la idiosincrasia de cada pueblo. Así Deleuze piensa que la filosofía como creadora de conceptos aparece en Grecia y gracias al medio social-inmanente se forma la filia hacia el concepto. Por ese motivo Deleuze vincula la tierra a la filosofía.

           

    Según Deleuze incluso Kant es un geofilósofo en cuanto su filosofía es un geocentrismo antropológico. Cuando Kant realiza el giro copernicano del yo trascendental, abona el terreno para una metafísica como arquitectónica de la filosofía crítica (1).  La introducción a la Crítica de la razón pura es plena de referencias a la tierra y su relación con la filosofía. Palabras como nómadas, terreno, tierra, plano o isla de fundación, le recuerdan a Deleuze un territorio sin gobierno ni conceptos que hay que fundar y establecer. Es ese territorio yermo donde se establecerá el escalio, donde surgirá cada concepto que limitará una definición en el caso de Ortega o un territorio en el de Deleuze.

           

   Según Ortega un concepto es algo intuitivo cuando es visto, y se define entonces se fija y abstrae en la mente por la intuición. Así el concepto consiste en un extracto de la intuición. Ahora bien, para los griegos según Ortega este extracto era su logos. El pensamiento lógico procedía de conceptos que tenían una definición y que por principios también lógicos se ordenaban para expresar lógicamente. Ahora bien, es geofilosofía cuando dice Ortega que para que haya un concepto este tiene que estar acotado por su significación y esta idea procede del significado de oros en Aristóteles. Según Ortega Aristóteles usa la palabra o7roç para decir que el concepto es lo acotado que en griego es lo que en un paisaje se hace notar, lo que señala y se eleva (2). En latín su palabra correspondiente era terminus que equivalía a los montones de piedra que en principio señalaban el camino y luego delimitaban a la propiedad de cada uno. Entonces en principio el concepto es lo acotado que supone señalar o fijar algo y que para Aristóteles supone canjearlo por la definición. El terminus introduce un acotamiento particular y propio de lo que se señala en propiedad sea una tierra o una definición. Cuando se habla de término Ortega explica que es el pensamiento acotado por nuestra mente donde se acota el mismo, estableciendo lo que él llama “garantía de propiedad con que se cuenta, instrumento seguro de la propiedad con que se habla” (3). Esta idea es importante mantenerla porque más adelante se podrá establecer para hablar del concepto de propiedad por la presura.

           

      Ahora bien en Ortega los conceptos no se desprenden de cierto contenido fenomenológico. La idea de que el pensamiento acota lo visto por nosotros de las cosas, es intencional de las cosas para nosotros y nosotros  para ellas. Pero en cierta forma el concepto aunque sea fenómeno procede de la tierra y es por la tierra por la que se señala y limita en forma de propiedad, aunque en el caso de Ortega sea propiedad fenomenológica, pero neofilosófica y territorial. Es el yo-aprehendí-el-territorio-en-escalio, lo cual sería esa acotación de la presura que se transmite al orden filosófico-metafísico de realidad conceptual. Esa forma de pensar que dará lugar al pensamiento lógico también tiene una forma nacional en Ortega en sus explicaciones para alemanes, franceses o ingleses. De todas formas Ortega deja bien claro que el carácter nacional es una fabricación y de ninguna manera innato. Se va cambiando a lo largo de la historia haciendo y rehaciendo ese pretendido carácter nacional (4). Esa sería una buena explicación del actual carácter de funcionario que tiene el español, al que he aludido alguna vez. Aun así Ortega explica que un concepto como el colectivismo contiene un carácter nacional en cuanto explica que es una noción que parte de lo francés, incluso matiza el pretendido descubrimiento de lo social por los alemanes (5). Incluso matiza que el carácter nacional está ligado al lenguaje en cuanto comprende las diferencias que existen en el lenguaje de las lenguas románicas y el lenguaje displicente de la lengua inglesa. Por eso dice Ortega que el inglés es un pueblo de hombres piadosos, ingenieros y comerciantes, pero no de escritores,  desvalorando así toda palabra escrita en lengua inglesa con respecto a las lenguas romances (6)        

           

      Deleuze explica que los caracteres nacionales son los que marcan la historia de la filosofía como opiniones filosóficas. De esta forma comprende que los franceses son herederos del cogito cartesiano mientras que los alemanes se identifican con lo absoluto que en el lenguaje deleuciano es un fundar así como el cogito construyen y los ingleses habitan. Desde esta perspectiva la filosofía occidental que es donde se construyen los conceptos en la tierra supone que el pensamiento del cogito francés es un construir un concepto mientras que lo alemán en cuanto lo absoluto es un suelo en el que fundar y lo inglés es el habitar el concepto. Así según Deleuze para que un concepto se exponga en geofilosofía se tiene que dar la trilogía del fundar-construir-habitar en un territorio, que en mi explicación es lo que consiste el concepto de presura. Los ingleses proceden por la costumbre, es decir, se adquiere un concepto contemplando de tal forma que dicen que el yo es una costumbre(7) De esa forma el espíritu nacional plasma la filosofía de un concepto de un filósofo o viceversa. Deleuze desestima el carácter filosófico español e italiano como creadores de conceptos por estar demasiado “próxima” de la Santa Sede. Ahora bien esta limitación del concepto como expresión caracterológica de un pueblo se plasma en “Estados de derecho” donde lo filosófico se trasforma en la expresión de derechos, donde lo filosófico francés pasa a ser contractual, lo ingles convencional y lo alemán institucional. Esto es debido a que la filosofía francesa en realidad es un contrato social cuando se transforma en un estado nacional de derecho imprimiendo así a los conceptos bajo el prisma contractual. Lo mismo sucede al carácter inglés y alemán que marcan los estados de derechos bajo perspectivas las opiniones históricas de su carácter nacional que corresponde a sus conceptos  filosóficos.

          

             En realidad lo jurídico es una pactología como la expresión de una acción para elegir el mejor medio para conseguir un fin como esencia de la polihermenéutica, la proairesis. Esta es una idea básica en el concepto de construcción de la presura en base a la metafísica de Aristóteles como un arconte para la construcción de una vida social. Si se consigue universalizar la pactología y polihermenéutica a través del mercado, la relación por encima de los estados, que es la expresión del derecho y el dialogo, lo que se comprende es la acción de elegir los medios dentro de la prudencia social y esta es la proairesis aristotélica de los señores de cada casa. Ellos son los que mantienen una idea no nacional al margen del carácter originario de cada pueblo. Lo que se identifica universalmente es la unidad global para tomar determinaciones no localizadas en ningún estado nacional y esto se comprende en cuanto hay una casa con un señor que tiene la capacidad de prever y en consecuencia elegir la acción adecuada, la empresa como expresión del concepto de presura en cuanto al mercado. Es en cierta medida la noción de polis aristotélica  como un todo global compuesta de unidades formadas por casas. Ahora bien, hay que tener en cuenta que lo jurídico en la presura es un acuerdo, una pactología, siempre implícita de comprender el escalio como parte de la propiedad. Esto quiere decir que en el concepto individuado de presura ya va contenido el reconocimiento de que lo propio es jurídicamente o pactológicamente privado.  


1 Deleuza ¿Qué es filosofía?, pág. 108

[2] Ortega, La idea de principio en Leibniz pág 59

[3] Ibíd., pág.  60

[4] Ortega La Rebelión de las masas 264

[5] Ibíd.., pág. 37

[6] Ibíd.., pág 266

[7]¿Qué es filosofía?, pág. 107


Presura y clase social

marzo 22, 2009

 

En nuestra semántica presurista hablar de clases sociales es establecer ya las diferencias, al introducir el constructo de clase, que en realidad es un invento marxista. La teoría de clase social enfoca una historia desde una concepción del materialismo histórico o en su defecto en las ideas weberianas de clase, pero dentro de una temposuralogía los constructos de clase no tienen efecto. Desde una perspectiva conceptual de la presura basada en el yo-aprehendí-y-trabajo-en-escalio, la idea que prevalece es la de la posesión de la acción del cuerpo en una esfera de libertad. Para ello existe una nueva semántica que surge en todos los momentos en el tiempo de la temposuralogía las condiciones adecuadas para definir el concepto de presura. En el caso de los reinos cristianos para la repoblación de la tierra, estas condiciones no ofrecían una explicación de una conciencia de clase, idea por la cual el materialismo histórico parte para su clasificación virtual sino más bien desde la hermenéutica del presurista o acercándonos a la realidad de su pensamiento. ¿Acaso era consciente de su clase el presurista en la lucha por el territorio? ¿Existía una diferencia social cuando no se tenía plena conciencia de lo social? Hay muchos conceptos filosóficos y sociales que han sido construidos a posteriori de cada época. Para una explicación temposuralógica nos tenemos que atener al pensamiento de la época y acercarnos a una interpretación aproximada del concepto puro. Por ello es diferente hablar de presor que de presurista. El presor es el que constituye la figura jurídica de la presura mientras que el presurista es la consecuencia del actor del concepto filosófico creado y esbozado para acercar las diferentes épocas a una idea equivalente en el tiempo, para una explicación de la historia del concepto que es la temposuralogía.

 

En el caso del tiempo de la repoblación no existían clases sociales entendidas desde el punto de vista marxista. Existía el territorio como medio de inmanencia, que daría lugar al concepto de presura. El medio de inmanencia era la tierra y el concepto era el yo que toma la tierra y la trabaja, lo cual acota el término, que es el origen de un pensamiento conceptual. Además en ese medio de inmanencia, que era el territorio coexistían diferentes actores no solo el presurista, sino el hidalgo, el villano, el solariego e incluso el antiguo siervo desvinculado de sus ataduras. En ese medio de inmanencia geográfico había incertidumbre y temeridad coexistiendo en reciprocidad, es decir, el concepto de presura dentro de la tierra como medio y como acción del trabajo se compartía el principio de reciprocidad en cuanto a  la inseguridad y la decisión dentro del marco de la frontera. El límite como horizonte en tanto que concepto filosófico es una diferencia de contrarios, en este caso, la inseguridad por mantener la presura y la decisión y la confianza para salir adelante.  

 

Por ello, es difícil hablar de clases sociales entendidas en la diferencia de una sociedad que compartía el mismo territorio con la misma idea de lucha fronteriza y defensas del territorio. No veo que se admire los valores jerárquicos que tanto Hegel, en su lucha por el reconocimiento por su teoría del amo-esclavo, propia más bien de un feudalismo europeo, y por tanto no aplicable en España ni el materialismo histórico que se basa en esa teoría ni las ideas de Claudio Sánchez Albornoz sobre el heroísmo y la fe celestial. Lo que había era un medio geográfico despoblado, como medio de inmanencia, que significa que no existían barreras verticales que producían estratificación. Por lo tanto, el pensamiento era términos de contigüidad, como aquellos pilones que definían los conceptos, que hablé al principio en el origen de la presura. Este concepto de no-estratificación e inmanencia favoreció a todos los actores por igual con el principio de acción en lo recíproco, acción en la inseguridad y la confianza, en la incertidumbre y la decisión, aptitudes que el presurista ha tenido, tiene y tendrá en una temposuralogía.

 

Como conclusión no se hablará más de clase dentro de nuestra concepción del mundo del presurista, ya que no hay teoría de clase social sino ficción cuando se habla de ella. Solo hay un medio, el territorio en la frontera, que ahora es el mercado. Se hablará de actitud o de aptitud, de medio geográfico y de momentos parecidos e iguales, donde la figura del presurista se destaque a través de la posesión de su cuerpo en el trabajo de un término en lo recíproco de la incertidumbre y la confianza, que en la actualidad se refleja en la figura del emprendedor. Lo que se pretende es abandonar toda semántica que en sí misma clasifique un pensamiento a una ideología. Por tanto, habrá que explicar que entiendo por lo qué es un concepto. El próximo post empezaré sobre el tema.


Hombres libres en la repoblación del territorio

marzo 7, 2009

 

El concepto de presura asume una composición fragmentaria entre propiedad, libertad aprehensión y escalio. Ahora bien, el concepto se deriva de la figura jurídica de la presura donde los mismos conceptos pertenecen al acto de un yo que aprehende sobre una tierra yerma para producir en escalio. El presurista, que no el presor, ya que este pertenece a la figura de derecho, es el que comprende y ejerce el concepto de presura pero a nivel filosófico. Por ello, mientras que para la presura la propiedad es posesión para la presura la propiedad ante todo es la del espacio proxémico, que equivale al cuerpo. Esta idea empieza a ser desarrollada por Fichte en su Fundamentación del derecho natural sobre la doctrina de la ciencia, donde termina diciendo que el porvenir de este cuerpo que se desarrolla sobre sí mismo es el no-estado. Ahora bien, esta propiedad del cuerpo sobre sí mismo, como primera norma del presurista se ofrece sobre todo ante cualquier hombre libre y esto ocurre a menudo en la repoblación de España. Gracias al casi nulo influjo del feudalismo en España, donde el señor tenía potestad sobre la vida de sus siervos, es difícil que se pueda explicar un feudalismo en España ya que ante todo predominaba la propiedad sobre sí mismo debido a la falta de medios para esa repoblación de los territorios reconquistados. Sea en régimen de presuras, aprisios, presuras colectivas, enfiteusis, alfoces, alodios etc., el repoblador ante todo era dueño de sí mismo y por tanto libre.  Así que si incluso hubieron donaciones reales, encomiendas repartimientos de tierra a nobles y señores en toda la época del territorio fronterizo, muchas veces se vieron obligados estos a conceder privilegios en forma de concejos, fueros o algún tipo de motivaciones para repoblar estas tierras, que fueron ocupadas por “presuristas” hombres libres propietarios de su propio cuerpo, que labraban la tierra (emprendían una acción con su trabajo) en la materia o lugar (amplitud del mercado) que ellos juzgaban. Además sus acciones se convertían en posesiones que ofrecían como intercambio para otros productos o servicios. La temposuralogía del presurista o del hombre libre se puede exponer en varias fases:

 

1ª Siglo X-Presuras y aprisios. Los hombres libres ocuparon las tierras sin orden real y sin depender del rey. Es el momento más puro de la libertad y la propiedad propia, ya que no se dependía de nadie nada más que de sí mismo y de lo que producía la tierra. Las presuras se forman en el reino astur-leonés mientras que las aprisios se establecen en Cataluña incluso hasta el siglo XI, sobre todo en las comarcas costeras, el Penedés, el Ampurdán, el Vallés.

 

2ª Siglo XI– Comunidades de Villa y Tierra. La repoblación se dirige hacia la frontera del Duero o los Extrema Dueri, aunque ya empieza a necesitarse la aprobación del rey para la ocupación espontánea. Aun así, la población es de hombres libres, que abandonan su vida anterior por la incertidumbre de la frontera, pero por mayores ansias de libertad. El tipo de repoblación son la comunidades de villa y tierra donde se la vida se organiza alrededor de la villa en forma de concejo. Estas comunidades de villa y tierra obtendrán el derecho de propiedad o posesión de ella otorgados por el rey, junto con su capacidad de organización. Estas comunidades tendrán autonomía propia con una normativa jurídica como los fueros, con los privilegios que ello acarreaba que era la propia libertad, por lo que tanto el campesino como el villano de estas comunidades gozaban de una gran libertad.

 

3ª Siglo XII– Señoríos jurisdiccionales. En España había muy pocos señoríos territoriales en esta época cuando aparecen esta nueva figura jurídica de propiedad de la tierra, donde el campesino no era un hombre libre sino un siervo. En cambio el señorío jurisdiccional aparece cuando se van alejando las fronteras y las comunidades de villa que son de realengo pasan a ser señoríos jurisdiccionales. Esto no significa que pierdan su condición de hombres libres ni que el señor tenga propiedad sobre la tierra, sino más bien parece los primeros atisbos de lo que hoy conocemos como el Estado extorsionador, donde el excedente de producción del emprendedor-presurista pasa a manos del Señor-Estado.

 

4º Siglo XIII– Concejos Reales y Fueros. Las concesiones territoriales se dieron a las Órdenes militares y a la nobleza guerrera mientras que para la repoblación de las ciudades se instituyeron los Concejos Reales, con las Carta Puebla, que se otorgaban una serie de libertades y privilegios donde el poblador era libre y propietario de su cuerpo, ya que el Señor no tenía el derecho sobre su vida, como era propio del feudalismo.

 

La repoblación en España se hizo con hombres libres, que comprendían la importancia de ser propietarios de sí mismos y de su propio cuerpo. Las ideas de un pseudo-feudalismo en España no son más que el acontecimiento de la fiscalidad o el gravamen por el exceso de producción en el siglo XII. Es el Estado quasi-feudal del que todavía no nos hemos apartado, aunque sí que ha existido siempre la figura del emprendedor-presurista que inicia actividades para conseguir bienes propios.