El concepto de propiedad en el derecho romano

junio 14, 2009

En el post anterior ya describí que la propiedad contenía en esencia un origen metafísico. La descripción de la actividad intrínseca  como la propiedad de la cosa define a la esencia cimo sustancia, cuyo significado es el de bien, posesión o estancia. La propiedad de lo intrínseco se basa en un sustrato cuya relación en orden a es real en el sentido ontológico y por ello configura a la esencia de la cosa como sí misma. Este concepto se traspasa a la propietas romana, que proviene del término propierum que es lo que pertenece a alguien o es propio de ella. Esta a su vez proviene del prope latino que es lo próximo y están cercanas y semejantes.

Así la propiedad romana empieza por tener el mismo origen metafísico que la propiedad griega, ya que en principio es un intangible lo que define  a lo propio, aunque el sentido de prope facilita una semejanza entre lo tangible y lo intangible en el orden de las cosas y el ser de propio, dentro de un contexto de proximidad. No en vano hasta la Edad Media, la semejanza por conveniencia era una semejanza de vecindad y emulación, con lo cual la cosa adquiría cierta similitud esencial o ciertas propiedades por contigüidad y relación de simpatía. El derecho romano no hace más que justificar esta relación o este vínculo entre la cosa y el individuo de manera recíproca, es decir, una unión entre las dos cosas de propio, tanto de la cosa para el individuo como el individuo para la cosa. Por lo tanto esa cosa al ser propia o prope era intrínseca al individuo y no separada de él. Esta idea es muy importante ya que hoy en día la propiedad se encuentra como objetivada y separada al propietario por ser cosa ajena, aunque se posea un derecho real sobre ella.

Entonces antes de que se comprendiera la propietas en el sentido propio del derecho romano, se concebía algo parecido a una pertenencia de proximidad a lo que se denominaba mancipi, donde un señor o dueño de una casa, que en Roma era el paterfamilias, ejercía una especie de poder sobre individuos y cosas, donde el mancipium estaba como una figura jurídica colectiva de posesión, cuyo poder recaía sobre el paterfamilias, algo parecido a la oiko griega. Este tipo de propiedad más o menos colectiva, posteriormente se denominó dominium, perteneciente a un señor, o propietas que era lo propio lo que pertenecía al individuo. Este tipo de concepto de lo propio, tanto del señor como dominium como la propietas paso a ser legitimado por el derecho civil como dominium ex quiritarium. Así lo que hoy se denomina propiedad quiritaria de la cosa se debía a que esta debía de estar sujeta al mancipi (usucapio), es decir, bajo las condiciones del señor previstas por el ius, que fuera ciudadano romano, siendo este un mancipatio estuviera “in iure cessio”. La propiedad quiritaria además se regía por la traditio o transmisión. El segundo tipo de propiedad en el derecho romano que se legitima es el de propiedad pretoria o bonitoria, que también se llamaba in bonis haberes que era legitimada por el derecho pretoriano en oposición al derecho civil de la propiedad quiritaria. Ahora bien, estas diferentes propiedades tenían en común el nexum o el vínculo entre la cosa y el dueño como algo mágico, una relación interna de partes constituyentes, que a la hora de cualquier transacción y contrato se continuaba el vínculo o nexum. Esto lo explica muy bien M. Mauss en su Sociología y Antropología cuando desarrolla el tema de la supervivencia de los principios en los antiguos sistemas económicos y jurídicos.

En el derecho romano antiquísimo dice Mauss aparece la teoría del nexum, donde explica una comparativa con el wadium germánico y en general con todas las garantías suplementarias con ocasión de un contrato, donde se considera la magia simpática y el poder que confiera las cosas que han estado en contacto con una parte y que cede a la otra parte contratante. Esa magia simpática es debido al carácter espiritual de la cosa que se da y en consecuencia a la realidad metafísica de la que hablamos que caracteriza a lo propio de ella como idion y ahora como prope. Ese es el nexum o vínculo espiritual o mágico-simpático por una parte a nivel antropológico que describe Mauss y a nivel metafísico que describo yo en relación al pensamiento de Aristóteles. Esa garantía suplementaria del nexum o wadium germánico es algo más que un cambio dice Mauss, que en realidad está destinado a establecer una influencia mágica, como residuos de dones obligatorios que persistían ligados entre las partes a través de ellos, como un vaivén de alma y cosas que se confunden entre sí, dice Mauss, por eso explica que el nexum es un vínculo de derecho que tiene su origen tanto en las cosas como en los hombres[1].

El nexum, explica Mauss tiene su origen en la palabra nectere de anudar, atar o entrelazar, que se utilizó en algún documento pontificio para el significado de un tabú de propiedad stramentis nectito o nudos de paja, donde la cosa transmitida o tradita estaba marcada o ligada, llegando al accipiens, al que o toma cargada con ese vínculo. La persona que recibe la cosa se transforma en nexum en anudada o entrelazada o es aceptado por la cosa vinculada, emptus. El solo hecho de aceptar una cosa o algo de alguien transforma en obligado, en anudado entre uno y otro. Entonces la importancia de este hecho se expresaba en el formalismo de la entrega que confería ese vínculo mágico-simpático además de las palabras que se utilizaban en ella. Mauss explica que este acto era solemne y recíproco, que se transmitía el carácter mágico el nexum por ese formalismo jurídico de palabras y gestos[2].

Explica Mauss en que las cosas en el derecho romano tuvieron una personalidad y una virtud, que no contenían en el derecho Justiniano ni en el derecho actual. En primer lugar la familia romana además de las personas contiene a la res, ya que la definición más antigua de familia comprende a la res dentro de ella como los víveres y los medios para vivir de esa familia. Además la etimología más antigua que se tiene de esa palabra es la que la pone en relación con el sánscrito, dhaman, casa, algo que al principio del post he establecido una relación entre lo que contenía dentro del poder del paterfamilias y la oikia griega. Incluso el esclavo, famulus pertenece a la misma etimología que familia, siendo la res principal el mancipium por excelencia como parte de la casa o familia.

Así las cosas pertenecían a la familia y a la pecunia, que eran las cosas de la casa como los esclavos, los caballos, los mulos y burros y el ganado. Entonces con respecto a los dos tipos de propiedad descritos anteriormente se derivaba dos tipos de venta. A la propiedad quiritaria le correspondía la res mancipi y al propiedad bonitaria la res nec mancipi. La primera eran las cosas de valor de la casa que entraban en el régimen de mancipatio solo podían alienarse o pasar de un dominio a otro por la fórmula solemne de la mancipatio, es decir, de tomarlo en las manos, lo cual dificultaba mucho la traditio o trasmisión del la cosa. Por otra parte la res nec mancipatio como la pecunia quedaba fuera de la mancipatio, que sería el dinero o el ganado que vivía en el campo[3].

 Por eso explica Mauss que la res tenía que ser algo distinto que la cosa tangible o lo que es lo mismo del objeto pasivo y simple de transacción que ahora aparece ser lo objetivado, la objetivación. La etimología de res procede del sánscrito rah, ratih, que significa don, regalo. La res daba satisfacción al otro, además de estar siempre marcada por el sello de la familia, por lo que se entiende como mancipi y la entrega solemne como mancipatio creaba ese vínculo de derecho, el nexum. Entre las manos del accipiens siempre queda parte de la familia del primer propietario, que queda unida de alguna manera al actual poseedor. En el año 532 d.C. se abolió el derecho bonitario a favor del quiritario[4].

Esta idea de la cosa que pertenece al propietario como algo más de carácter mágico y simpático en realidad es el carácter metafísico que tiene la esencia de la cosa en relación al pensamiento griego. Mauss como antropólogo explica desde su perspectiva no filosófica el carácter mágico en la posesión y transacción de una cosa. Aristóteles pensaba mas bien que la cosa como singularidad activa se hacia propia en el tiempo con respecto a su esencia y por ello pensaba que lo que pertenecía a una casa dentro de las diferentes relaciones dentro de ella como partes eran lo propio de la esencia de la sustancia. El mismo concepto pero desde un punto de vista antropológico se describe el carácter mágico de la cosa por Mauss, que en realidad y según describe Foucault en Las palabras y las cosas eran formas de relación, la magia era simpatía pero como una forma de semejanza y relación entre las cosas. No en vano la relación en el pensamiento metafísico era un ser en orden a algo, es decir, la relación tenía una realidad que se fundamentaba en el sujeto al que pertenecía la relación y que recaía parte de ese sujeto en el término. Esta idea de relación permanece en el pensamiento de la Escolástica como ad aliquid, siendo una realidad predicamental o lo que es una realidad del relación entre el sujeto y el término.

El problema que existe es que dentro del derecho romano todavía no se ha descubierto a la persona y por tanto la responsabilidad de ella para con ella misma y lo otro. Esta figura jurídica aparece con Boecio y hasta que Descartes no descubre el Yo y Locke no presenta el self o sí mismo, la propiedad quiritaria permanece en el dominium o señor. Eso implica que todavía no se ha esbozado lo que nosotros pensamos sobre la propiedad natural de la persona, que habla tan claramente Locke como derechos naturales. Si dejamos al margen al teología, el derecho natural se expresa dentro de la propiedad, la vida y la libertad, que más bien la propiedad de uno mismo subsume los otros dos, ya que al ser propietario de la vida se es libre de ejercer la actividad para desarrollar lo propio, la esencia de uno mismo, que al fin y al cabo el idion griego o la propietas romana.

Por supuesto esta nueva posición teórica es para comprender cómo la teoría marxista con la objetivación del objeto enajenado del ser genérico consigue romper el nexum de las cosas que hasta Hegel todavía existía con el pensamiento del sujeto-objeto. El mismo Marx cuando establece su teoría del ser genérico establece un nexum abstracto entre ese ser abstracto genérico y la naturaleza como cuerpo, como un uno-todo colectivo. En su teoría del trabajo alienado, al convertirse este en individual con la esencia subjetiva del trabajador asalariado se objetiva y rompe ese nexum abstracto del ser colectivo convirtiéndose en cosa, tanto el trabajador enajenado como el objeto-objetivado. Con mi revisión de la propiedad se trata de recuperar el nexum desde la perspectiva actual y con los nuevos conceptos que han aparecido posteriormente como el Yo de Descartes, el self de Locke y el Yo de Fichte, fundamentado en el desarrollo teórico-conceptual de la presura.


[1] M.Mauss pág 225 Sociología y antropología

[2] M.Mauss pág 226 Sociología y antropología

[3] M. Mauss pág 227 Sociología y antropología

[4] M. Mauss pág 227 Sociología y antropología

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Clases de presuras (III). La presura colectiva

mayo 19, 2009

La fundación de las presuras colectivas empieza con los vicos o fundación de pequeños poblados alrededor de los castillos, que en Castilla se les llamó villas. Esta repoblación provino de emigrantes norteños del reino de Oviedo y se sureños de la España musulmana. En León fue muy importante los mozárabes, que se establecieron  jurídicamente en las villas, vico, civitates y castras que colonizaron. De estos mozárabes como comunidades religiosas fundaron algunos cenobios, lo cual da lugar a la especulación si en esa repoblación empezó de alguna forma las presuras colectivas, que sería la ocupación de tierras yermas de un modo conjunto. No parece que existiera por los mozárabes una presurización de tipo colectivo en el sentido de un colectivismo agrario sin propiedad de ningún tipo o compartida en origen, ya que según Menéndez Pidal los mozárabes eran bastante individualistas con el sentido de la propiedad[1]. De todas formas lo que hay constancia en un primer lugar es de la toma de presuras en tierras de León por parte de colectivos gremiales, que consta con el nombre de las aldeas que habitaban que designaban el nombre de la profesión como macellarios, grullarios, olleros, torneros, rotarios. Se especula entonces que sin la convalidación regia, debido a la distancia esos grupos por sí mismos hubieran ocupado una serie de tierras yermas en calidad de presura con pequeñas pueblas que su nombre indicaban. Además, se comprueba por los textos de la época que eran poseedores de la tierra que ocupaban.

Hay muchas pruebas de este tipo de pueblas y aldeas de tierras leonesas que parecen realizando transacciones jurídicas. Según Menéndez Pidal en casi todos los casos aparece una autónoma personalidad colectiva del grupo o grupos humanos que realizaban el negocio jurídico[2]. Este negocio jurídico ocupaba tanto la donación y el litigio de las tierras como la labranza conjunta de un valle como sucedió en Campolongo, Estabello y Vega y en Villa Castellana, ya que esto no hubiera ocurrido sino eran propietarios libres. Asimismo en Castilla en el año 932 aparecen muchas aldeas realizando transacciones y negocios jurídicos sin la intervención de la autoridades condales del país. Incluso en tierras galaico-portuguesas hay litigios por cuestiones de términos hombres libres de la aldea de Alikinitia y Villacoua con el conde Ximeno o en Villa Leginosa con el conde Gutierre, que demuestra la existencia de hombres libres en aquellas aldeas como colectivos que litigan por sus derechos posesorios ante cualquier tipo de autoridad o figura. Lo colectivo de la acción judicial presupone un derecho comunitario de hombres libres u homines. Además la fuerza de la solución de los litigios donde los términos se acomodaron a las pretensiones de los litigantes comunitarios vislumbra la fuerza como colectivo de derecho de propiedad libre.

Menéndez Pidal ofrece una gran cantidad de datos sobre este tipo de negocios jurídicos entre colectivos con derecho comunitario de propietarios libres, para explicar que las diferentes comunidades de la repoblación en tierras astur-leonesas, tanto en la repoblación privada como la que él llama la colectiva, fueron debidas a propietarios libres. Por este motivo, piensa que en el siglo XII los llamados homines de benefactoría que gozaban de plena libertad personal y propiedad era debido a ello, ya que se consideraban a sí mismo libres presores y todos los privilegios no podían ser debidos sino a esta plena libertad de propiedad personal. Estos leoneses de libre propiedad se habían apropiado en nemine possidente, es decir, como presuras colectivas en asentamientos espontáneo libres de campesinos emigrantes. El mismo Menéndez Pidal señala varios ejemplos de aldeas leonesas y castellanas en presura colectiva donde se comparten pastos y dehesas continuando, siendo los campesinos propietarios libres. Estas son las de San Vicente, Heterrena, Fresneda, Sotoluengo Modubar Quintana etc., es decir, que al menos cinco de ellas precisan en sus escrituras una posesión de las aldeas de pastos y dehesas compartidas, que autoriza a pensar en un asentamiento colectivo de propietarios libres según él[3]. Lo que incide Menéndez Pidal en este tipo de repoblación es la libertad total de los presores, que durante muchos años en casi toda la edad media, incluso cuando tuvieron que aceptar algún tipo de benefactor en el siglo XIV, siempre fueron propietarios libres, ya que la benefactoría no suponía servilismo, sino un cierto pago de impuestos por esa protección del señor. De todas formas, la figura jurídica virtual de la presura colectiva aparece en cuanto existe una posesión de bienes comunes en las aldeas que se fundan en régimen de presura como asentamientos originarios de una comunidad o colectividad no individual. Ahora bien, hay que explicar que este asentamiento colectivo de aldeas libres en las tierras yermas de León y Castilla, desde bien temprano es una apropiación de la tierra colectiva en las familias de las aldeas. Este fenómeno lo explica así Menéndez Pidal. Dice que la presura primigenia de las aldeas y términos comunales se realizó originalmente en presura colectiva. Según él, la apropiación de la tierra de comunidades rurales que iba a ser el umbilicus del centro urbano del grupo colonizador fue primeramente por presura colectiva, que inmediatamente después existió una ocupación familiar de un solar huerto o heredad, donde la presura colectiva se convertía en la propiedad colectiva de la dehesa, pastos, aguas y molinos aprovechado por todos para el pastoreo, la leña de un modo igualitario y de posesión normal de cada uno de las unidades agrarias de los presores de la comunidad presora. Según Menéndez Pidal este sistema de apropiación de tierra colectiva aparece anteriormente en germanos y francos, con lo que en España es lógico suponer que en los Campos Góticos, las ocupaciones que se realizaron comunalmente fueron en régimen colectivo, sistema que posteriormente se utilizaría para este tipo de presura colectiva en los asentamientos colectivos astur-leoneses[4].

En cuanto al estatuto jurídico de la presura colectiva como documento, según Menéndez Pidal, algunos juristas del siglo XIX registraron restos de un colectivismo agrario en aldeas de León y en Zamora. De todas formas, no parece según él, que existan documentos de los siglos IX al XI, que permitan rastrear con tanta precisión como la presura privada o la oficialista. Aun así Menéndez Pidal observa que se puede admitir la apropiación colectiva del término y la labranza dividida en presuras familiares, pero con un estatuto de colectivización, en cuanto muchas de esas presuras estaban sujetas al negocio jurídico de la propiedad colectiva, es decir, se podían explotar individualmente las tierras, siendo la utilización de las dehesas comunales, pero no de posesión plena. Para ello presenta el caso de Brasoñera donde el estatuto de colonización del término se concedía a un grupo de familias y no a un repoblador individual. Este mismo estatuto incluso la donación comunal, que se realizó de una heredad a un monasterio por los habitantes de Villa Váscones y de una dehesa a García Fernández no deja lugar a dudas, dice Menéndez Pidal, de la propiedad colectiva.

Hay que tener en cuenta que este tipo de repoblación, de propiedad y presura colectiva se realizó al margen de la intervención de los estamentos estatales y la oficialidad, que se habla era una pactología entre propietarios libres. A pesar de que existía un beneplácito por partes de las autoridades, la repoblación tan extensa de las tierras y lo poco poblado y largas distancias de las mismas hacía que fuera muy difícil la intervención del poder. Aun así según Menéndez Pidal la presura colectiva existió y se realizó por un grupo de familias en régimen jurídico de colectivización y en régimen individual de labranza. Las consecuencias de esta exposición que he hecho en varios posts sobre las diferentes presuras se puede extrapolar a la actualidad. Creo que esto merece un post exclusivo sobre las paridades de la presura en la economía actual para una posible oikonomía basada en una geofilosofía teórico-práctica de aprehensión actual. El próximo post hablaré de ello.

 


[1] Menéndez Pidal, pág. 49, Historia de España, Tomo VII*

[2] Menéndez Pidal, pág. 51, Historia de España, Tomo VII*

[3] Menéndez Pidal, pág. 54, Historia de España, Tomo VII*

[4] Menéndez Pidal, pág. 57, Historia de España, Tomo VII*

 


Clases de presuras (II). La presura oficialista

mayo 14, 2009

La presura oficial fue el modo en que el rey ocupó tierras en provecho de él mismo. A pesar de existir un derecho de ocupación por ser vencedores de los moros eso no le otorgaba licitación jurídica sobre la tierra a no ser que él mismo se dedicara a la repoblación o gente en su nombre. De ahí que el rey no tuviera posesión de la tierra y tuviera que encargar a sus directos familiares esa ocupación. Tanto Ordoño como Alfonso se ocuparon de constituir sus propias presuras, llamadas oficiales, como por ejemplo la de Ordoño I que adquirió una heredad por Prusia en la Torre de Santa Maria Alba en León o Alfonso III que por medio de sus siervos tomó en presura la villa de Alkamin[1].

Hay numerosos testimonios de la toma de presuras oficiales tomadas por el rey o por condes obispos abades realizadas por ellos mismos o por parientes y gente en su nombre. Muchos de estos presores o presuras aprehendidas por ellos también fuero por homines u hombres libres que actuaban en su nombre, sobre todo en relación al rey Alfonso III. La presura de la villa de Orniola por Bermuda Gatónez  hijo del conde Gatón las tomó en nombre de su padre es un ejemplo de este tipo de presura oficial por parte de gente allegada a nobles, abades o al rey mismo. Si bien existían numerosas presuras oficiales, que otorgaban un derecho de posesión sobre la tierra y sus bienes a los reyes, conde y abades, tenían que ser ocupadas por el mismo sistema de aprehensión, que podían ser posteriormente donadas, en caso de que lo realizara algún siervo, o en nombre de un pariente de mayor alto rango. Aun así las presuras privadas continuaros su desarrollo ya que la tierra era abundante y de lo que se trataba era de formar una línea fronteriza como un baluarte defensivo de primera línea. aun así las presuras privadas no necesitaban o no lo realizaban ningún tipo de confirmación regia. A mi juicio esto es muy importante ya que en la presura privada no había que rendir cuentas a nadie ni impuestos ni conformidad oficial ni nada que se pareciera. El hecho de que la tierra fuera yerma y fuera cultivada a posteriori por el presurista o presor era motivo suficiente para ser reconocida la posesión de la tierra. La misma presura oficial consistía en igual figura jurídica. La consecuencia es la gran libertad que existía para la repoblación, cosa que siempre el materialismo histórico se ha encargado de presentar desde el prisma de la explotación y nunca desde la perspectiva de la libertad del propietario. Incluso la figura oficial del rey o de la iglesia tenían muchas más limitaciones que en la actualidad, ya que ahora por el mero hecho de vivir no se puede escoger ni la actividad que se requiera ejercer sin pagar tasas al Estado coercitivo, es decir, no se es libre de cultivar una presura, que en la actualidad sería la empresa. Si coexisten empresas oficiales, corporaciones y empresas privadas todas ellas están bajo la tutela y coerción del Estado por diferentes medios para lastrar la actividad del propietario libre, lo cual no deja de ser curioso que en los reinos cristianos no existía. Por tanto llamar Estado a algo parecido a lo que entendemos en la actualidad por esto es totalmente diferente, ya que para hablar de Estado tenemos que emplear ese término a partir de Maquiavelo y con ciertas reticencias. No es extensible a la estructura de los reinos cristianos de la España de la repoblación.

 Por otra parte existen numerosos documentos de las presuras oficiales y de sus donaciones. Menéndez Pidal explica que los repobladores privados no juzgaban necesario ninguna convalidación rápida de su toma de posesión ni tan siquiera precisa. Solo la palabra del presor era determinante para donar su presura en caso de que lo pretendiera a alguna persona o a la Iglesia como ya hice constar en el anterior post. Poco a poco al cabo de largas décadas e incluso siglos los presores o presuristas fueron convalidando sus tierras. Si las presuras empezaron en el siglo VIII la primera que se tiene constancia de convalidación regia es una presura de Alfionso el mangono que donó a la iglesia de Oviedo en haciendo uso en términos más o menos oficiales de su potestad regia. Así en el 908 dice “in suo iure et esqualido cam aprehendit et per scripturam testamenti: filio nostro Gundisaluo tradidit.” Esto no se sistematizó siquiera hasta el siglo XI  ya que Menéndez Pidal habla de que las presuras privadas no necesitaban esa convalidación como explica en una transcripción de un diploma d epresura donde se no se observa ninguna convalidación regia: “Et fuit ipso molino ad Nuno Gomiz in presura de christianos et populatione de christanos”[2].

Desde este punto de vista Menéndez Pidal concluye que en el tema de las presuras oficales sí que existía una convalidación y donación regia por los numerosos testimonios. En cambio no está tan claro cuando las presuras eran privadas, ya que el mismo presor no las consideraba necesarias, aunque puede ser que en teoría haya existido algo de interés por esta convalidación nada clara. Además el hecho de ser una gran extensión de tierra y las distancias que había que recorrer para ello, hacían menos necesaria esa convalidación porque lo que se pretendía era establecer esa primera línea de frontera. Puede que después en algún momento el presor lo haya considerado necesario y haya procedido a esa convalidación en busca de una garantía regia por la posibilidad de la existencia de algún juicio posterior tener constancia de esa posesión, pero dentro de las conjeturas de Menéndez Pidal como él bien explica[3]. De todas formas, tanto las presuras oficialistas por orden regia como las presuras privadas sin convalidación contenían el mismo carácter de posesión de la tierra, ya que la posesión por prima presura que era la presura privada otorgaba los mismos derechos posesorios sobre la tierra, que podían donar hacia sus descendientes o a quienes se quisiera.

La presura oficial bien puede estar dentro de un mismo territorio. Si extrapolamos a la actualidad, ¿por qué no pueden existir empresas privadas al margen del Estado? Las presuras oficiales o las empresas convivían en régimen de posesión con las presuras privadas y colectivas fundamentadas en la propiedad del presor ahora presurista o emprendedor. Se consideraba el pacto, la libertad implícita en la figura del presurista. Ahora esta figura no existe y se encuentra dentro de la coerción de la libertad del Estado al individuo. Si hay algún tipo de estrategia presurista esta tiene que empezar por comprender el concepto de presura como extrapolación a la empresa privada, donde el cultivo pertenece a las ideas que pueden surgir de la empresa para intercambiar con otros individuos.  El próximo día hablaré de la presura colectiva.

 


[1] Menéndez Pidal, pág. 23, Historia de España, Tomo VII*

[2] Menéndez Pidal, pág. 26, Historia de España, Tomo VII*

[3] Menéndez Pidal, pág. 29, Historia de España, Tomo VII*

 


Geofilosofía, concepto y presura.

abril 1, 2009

        Dice Deleuze que fue Nietzsche quien fundó la geofilosofía describiendo los caracteres de las distintas filosofías como la alemana, la francesa o la inglesa. Deleuze piensa que la historia de la filosofía está plagada de opiniones caracterológicas nacionales, es decir, que el tipo de filosofía que se ha hecho en cada país se debe a la idiosincrasia de cada pueblo. Así Deleuze piensa que la filosofía como creadora de conceptos aparece en Grecia y gracias al medio social-inmanente se forma la filia hacia el concepto. Por ese motivo Deleuze vincula la tierra a la filosofía.

           

    Según Deleuze incluso Kant es un geofilósofo en cuanto su filosofía es un geocentrismo antropológico. Cuando Kant realiza el giro copernicano del yo trascendental, abona el terreno para una metafísica como arquitectónica de la filosofía crítica (1).  La introducción a la Crítica de la razón pura es plena de referencias a la tierra y su relación con la filosofía. Palabras como nómadas, terreno, tierra, plano o isla de fundación, le recuerdan a Deleuze un territorio sin gobierno ni conceptos que hay que fundar y establecer. Es ese territorio yermo donde se establecerá el escalio, donde surgirá cada concepto que limitará una definición en el caso de Ortega o un territorio en el de Deleuze.

           

   Según Ortega un concepto es algo intuitivo cuando es visto, y se define entonces se fija y abstrae en la mente por la intuición. Así el concepto consiste en un extracto de la intuición. Ahora bien, para los griegos según Ortega este extracto era su logos. El pensamiento lógico procedía de conceptos que tenían una definición y que por principios también lógicos se ordenaban para expresar lógicamente. Ahora bien, es geofilosofía cuando dice Ortega que para que haya un concepto este tiene que estar acotado por su significación y esta idea procede del significado de oros en Aristóteles. Según Ortega Aristóteles usa la palabra o7roç para decir que el concepto es lo acotado que en griego es lo que en un paisaje se hace notar, lo que señala y se eleva (2). En latín su palabra correspondiente era terminus que equivalía a los montones de piedra que en principio señalaban el camino y luego delimitaban a la propiedad de cada uno. Entonces en principio el concepto es lo acotado que supone señalar o fijar algo y que para Aristóteles supone canjearlo por la definición. El terminus introduce un acotamiento particular y propio de lo que se señala en propiedad sea una tierra o una definición. Cuando se habla de término Ortega explica que es el pensamiento acotado por nuestra mente donde se acota el mismo, estableciendo lo que él llama “garantía de propiedad con que se cuenta, instrumento seguro de la propiedad con que se habla” (3). Esta idea es importante mantenerla porque más adelante se podrá establecer para hablar del concepto de propiedad por la presura.

           

      Ahora bien en Ortega los conceptos no se desprenden de cierto contenido fenomenológico. La idea de que el pensamiento acota lo visto por nosotros de las cosas, es intencional de las cosas para nosotros y nosotros  para ellas. Pero en cierta forma el concepto aunque sea fenómeno procede de la tierra y es por la tierra por la que se señala y limita en forma de propiedad, aunque en el caso de Ortega sea propiedad fenomenológica, pero neofilosófica y territorial. Es el yo-aprehendí-el-territorio-en-escalio, lo cual sería esa acotación de la presura que se transmite al orden filosófico-metafísico de realidad conceptual. Esa forma de pensar que dará lugar al pensamiento lógico también tiene una forma nacional en Ortega en sus explicaciones para alemanes, franceses o ingleses. De todas formas Ortega deja bien claro que el carácter nacional es una fabricación y de ninguna manera innato. Se va cambiando a lo largo de la historia haciendo y rehaciendo ese pretendido carácter nacional (4). Esa sería una buena explicación del actual carácter de funcionario que tiene el español, al que he aludido alguna vez. Aun así Ortega explica que un concepto como el colectivismo contiene un carácter nacional en cuanto explica que es una noción que parte de lo francés, incluso matiza el pretendido descubrimiento de lo social por los alemanes (5). Incluso matiza que el carácter nacional está ligado al lenguaje en cuanto comprende las diferencias que existen en el lenguaje de las lenguas románicas y el lenguaje displicente de la lengua inglesa. Por eso dice Ortega que el inglés es un pueblo de hombres piadosos, ingenieros y comerciantes, pero no de escritores,  desvalorando así toda palabra escrita en lengua inglesa con respecto a las lenguas romances (6)        

           

      Deleuze explica que los caracteres nacionales son los que marcan la historia de la filosofía como opiniones filosóficas. De esta forma comprende que los franceses son herederos del cogito cartesiano mientras que los alemanes se identifican con lo absoluto que en el lenguaje deleuciano es un fundar así como el cogito construyen y los ingleses habitan. Desde esta perspectiva la filosofía occidental que es donde se construyen los conceptos en la tierra supone que el pensamiento del cogito francés es un construir un concepto mientras que lo alemán en cuanto lo absoluto es un suelo en el que fundar y lo inglés es el habitar el concepto. Así según Deleuze para que un concepto se exponga en geofilosofía se tiene que dar la trilogía del fundar-construir-habitar en un territorio, que en mi explicación es lo que consiste el concepto de presura. Los ingleses proceden por la costumbre, es decir, se adquiere un concepto contemplando de tal forma que dicen que el yo es una costumbre(7) De esa forma el espíritu nacional plasma la filosofía de un concepto de un filósofo o viceversa. Deleuze desestima el carácter filosófico español e italiano como creadores de conceptos por estar demasiado “próxima” de la Santa Sede. Ahora bien esta limitación del concepto como expresión caracterológica de un pueblo se plasma en “Estados de derecho” donde lo filosófico se trasforma en la expresión de derechos, donde lo filosófico francés pasa a ser contractual, lo ingles convencional y lo alemán institucional. Esto es debido a que la filosofía francesa en realidad es un contrato social cuando se transforma en un estado nacional de derecho imprimiendo así a los conceptos bajo el prisma contractual. Lo mismo sucede al carácter inglés y alemán que marcan los estados de derechos bajo perspectivas las opiniones históricas de su carácter nacional que corresponde a sus conceptos  filosóficos.

          

             En realidad lo jurídico es una pactología como la expresión de una acción para elegir el mejor medio para conseguir un fin como esencia de la polihermenéutica, la proairesis. Esta es una idea básica en el concepto de construcción de la presura en base a la metafísica de Aristóteles como un arconte para la construcción de una vida social. Si se consigue universalizar la pactología y polihermenéutica a través del mercado, la relación por encima de los estados, que es la expresión del derecho y el dialogo, lo que se comprende es la acción de elegir los medios dentro de la prudencia social y esta es la proairesis aristotélica de los señores de cada casa. Ellos son los que mantienen una idea no nacional al margen del carácter originario de cada pueblo. Lo que se identifica universalmente es la unidad global para tomar determinaciones no localizadas en ningún estado nacional y esto se comprende en cuanto hay una casa con un señor que tiene la capacidad de prever y en consecuencia elegir la acción adecuada, la empresa como expresión del concepto de presura en cuanto al mercado. Es en cierta medida la noción de polis aristotélica  como un todo global compuesta de unidades formadas por casas. Ahora bien, hay que tener en cuenta que lo jurídico en la presura es un acuerdo, una pactología, siempre implícita de comprender el escalio como parte de la propiedad. Esto quiere decir que en el concepto individuado de presura ya va contenido el reconocimiento de que lo propio es jurídicamente o pactológicamente privado.  


1 Deleuza ¿Qué es filosofía?, pág. 108

[2] Ortega, La idea de principio en Leibniz pág 59

[3] Ibíd., pág.  60

[4] Ortega La Rebelión de las masas 264

[5] Ibíd.., pág. 37

[6] Ibíd.., pág 266

[7]¿Qué es filosofía?, pág. 107


Benefactorías o sociedades para la defensa de la propiedad

febrero 19, 2009

 

En mi opinión España no sufrió las consecuencias del feudalismo, ya que este apenas existió en la península. Por ello casi todos los repobladores de esa tierra de foris o de fuera como llamaban los galaicos a las tierras del sur de la cordillera astur-leonesa, eran hombres libres, propietarios, además de enfiteutas, solariegos o júniores de hereditate. Asimismo, estos propietarios que dieron origen a las presuras individuales y colectivas, se asociaron voluntariamente muy a menudo, para acoger un patrocinio o un pacto entre un señor, capaz de defenderles de una agresión a cambio de proporcionarles un bien por ellos trabajado. Así empiezan las sociedades de protección para la propiedad de la presura, donde el señor protector podía ser elegido libremente y a la vez, en caso de no estar contentos con su servicio, poder abandonarlo con plena libertad. De estas sociedades de protección o benefactorías se tienen constancia a partir del siglo XI, con los llamados homines de benefactoría que eran pequeños propietarios libres asociados a un servicio de protección de un señor. Así, con el inicio de la repoblación surge, efectivamente, hombres libres, campesinos, que ocupan tierras y las cultivan en libertad, en un clima social igualitario y por ello la idea de la inexistencia del feudalismo en España es defendida por muchos historiadores, a la tesis que me acojo en mi descripción del concepto de presura. Aunque ello se da primordialmente en León y Castilla, también se ha probado su existencia en Cataluña.

 

Este hombre libre, presurista, enfiteuta, campesino, se agrupa generalmente en aldeas, formándose comunidades normalmente reforzadas por vínculos gentilicios. En términos generales, se aceptaba la propiedad privada (posesoria) de la tierra de pastos y cultivo, y se explotaron en común los bosques y praderas colindantes (presuras colectivas). A partir del siglo XI, esta propiedad particular o privada va cambiando hacia el régimen de señorío, aunque de carácter jurisdiccional, es decir, como sociedad de protección en cuanto existía esa sociedad directa entre el propietario libre y el dador de servicios de protección que era el señor. Otra cosa es el señorío territorial, que ya pertenecía a la figura del rey que donaba unos territorios por servicios contraídos, y por lo tanto prebendas.

 

Fue la necesidad de ayuda del hombre libre, pequeño propietario, desprotegido, la que llevó a estos hombres a buscar los servicios de protección. Estas encomendaciones, patrocinios o pagos a cambio del servicio de protección fueron de diversos tipos, pero en lo que respecta a la posesión del hombre libre se basaba en el convenio de benefactoría, que era un amparo territorial o protección del territorio, conteniendo una base personal, pues era una relación entre dos hombres libres, de distinta condición económica y social, por la que el más poderoso protegía al más débil. A cambio de este bien, se recibía una compensación (entrega de tierras o pago de un censo). La duración era variable y el encomendado podía romper la relación y buscar otro señor. Esta institución evoluciona a mitad del siglo XIII, dónde es conocida como behetría. La evolución del nombre es más profunda, aunque exista una identidad del fondo, pues el pacto hace referencia al territorio, behetría, y ya no tanto a las personas objetos de la protección, que pasan a ser los miembros de la estirpe. Pero este es otro cantar.

 

Por ello, el hombre libre busca él mismo el servicio que necesita para el desarrollo de su particular economía. Es decir, si existe un bien o una propiedad a la que hay que defender, sea por su derecho posesorio principalmente o por su propiedad, por lo menos en lo que respecta al bien, la necesidad de un Estado no es prioritaria. Es más, la relación pactológica es directa entre dos propietarios que pueden ofrecerse un servicio mutuo, creando un mercado. Este servicio es personal e implica una responsabilidad moral propia, una respuesta al contrato de confianza que se crea entre estos dos individuos. Ya se ha visto que para refrendar el pacto de confianza no es necesario que el Estado, llámese rey en este caso aunque todavía no lo podamos llamar así, lo haga valer o constar, ya que se basa en la oportunidad de un intercambio recíproco de bienes y servicios, donde aquel sencillamente ve a despersonalizar la responsabilidad del pacto entre dos individuos propietarios. Para las empresas actuales, llámese presuras colectivas, en cuanto los emprendedores-empleados son propietarios o el emprendedor es un presurista individual, el pacto es el mismo. ¿Por qué se debe de pagar a un Estado por la protección o el amparo, cuando es un ente despersonalizado del que además se puede prescidir? En la presura el contrato era de benefactoría, es decir, se podía cambiar de señor ya que se era un propietario libre, tanto en la individual, como la presura colectiva. Ahora, el presurista tiene que estar bajo el dominio de un contrato vitalicio de una sociedad de protección que se convierte en sociedad de opresión. No hay tal pacto, sino un señorío estatal, donde el propietario pasa más bien a ser un siervo del Estado territorial, con lo que implica la pérdida de la libertad personal y la nueva servidumbre moderna. El señor territorial ahora se le llama Estado y nosotros los nuevos siervos.

 

 


Propiedad y presura

febrero 17, 2009

La presura era un derecho de posesión y no un derecho de propiedad de la tierra. Ahora bien, la idea conceptual es que la propiedad aparece como un espacio proxémico de aprehensión de la tierra incultivada. Por tanto, el derecho que se adquiere en la presura no es el propiamente de la tierra sino el de los bienes que surgen de ella. Cualquier derecho que se traspase a terceros será ese derecho a la posesión o usufructo pero no de la tierra, ya que esta era de naturaleza común. Incluso con la consecución de presuras oficiales o por parte del rey Ordoño, quien fue el primero que oficializó el derecho de posesión de la presura, fue imposible que se pudieran poner trabas oficialistas al desarrollo presurista, manteniendo la posesión pero sin la propiedad. Por eso hay multitud de datos que establecen que la presura no fue oficialista hasta bien entrado el siglo X y principios del XI. Aun así, la mayoría de los presuristas no juzgaban conveniente, en un principio la legalización por parte del rey de la presura. Por tanto, tanto la palabra, como el estar en la misma en el régimen de escalio, oficializaban la figura jurídica de la presura y el escalio. De todas formas, debido a la multitud de litigios que empezaron a ocasionar por los derechos de posesión sucesorios, que no de propiedad de la tierra, muchos de los presores consideraron la necesidad del reconocimiento válido del rey, como una garantía jurídica. Pero incluso con el aumento de los litigios y con la autorización del rey, muchos de las presuras no creaban un derecho de propiedad, además de que no solo era suficiente la consideración regia, sino que había que demostrar el escalio, que solamente con la estancia en la presura se confirmaba.

 

Lo claro era que la presura no era un bien de posesión de siervos o con dependencia señorial o dominical sino que se debían a la aprehensión de hombres libres, que en la repoblación más tardía en el siglo XI, poseían plena libertad civil, que salvo estuvieran en régimen de enfiteusis no tengo constancia de que pagaran impuestos, salvo ya por supuesto en las repoblaciones tardías donde los magistrados-inspectores ya metían sus narices. Aun así el enfiteuta como figura jurídica eran hombres libres que a pesar de que pagaban un impuesto o un alquiler por la tierra continuaban como homines o campesinos libres, ya que en la España medieval no existió prácticamente el feudalismo. Por otra parte, estos enfiteutas explotaban sus ganancias e incluso las podían transmitir a terceros desde el mismo derecho de posesión, que no de propiedad de la tierra, aunque esta tampoco era propiedad, y por lo tanto se habla de un derecho de arrendamiento por un tercero.

 

Por último en las zonas yermas del Reino de León aparecieron las presuras colectivas, que se formaban de gentes de todos los lugares, como mozárabes que provenían del sur o asturianos, cántabros o gallegos, que muchas veces llegando juntos cada grupo étnico por separado, iniciaron una repoblación colectiva en régimen de propiedad conjunta. Es decir, existía una autónoma personalidad colectiva que realizaba el negocio jurídico o el beneficio de posesión del producto de la presura o su régimen de escalio. Esa presura colectiva adquiría el compromiso de otorgar una donación, mantener un litigio o labrar el valle en términos colectivos, pero manteniendo su identidad de hombres libres y propietarios o poseedores del beneficio de la presura. Los litigios que existieron en aquella época del siglo X atestiguan que las presuras colectivas estaban en régimen jurídico de derecho comunitario en régimen de propiedad colectiva.

 

Las conclusiones conceptuales del post indican que la propiedad en la presura es de derecho posesorio y no de propiedad de la tierra, asunto que más tarde sí que se establecería. Por tanto, el concepto de presura entiende la propiedad como desarrollo, usufructo del escalio, y disfrute de la posesión, pero no la propiedad en sí de la tierra. La tierra es la materia del ser, la naturaleza común de los griegos, la ousía o sustancia como el estar fundamentado, que se transforma por el eidos, gracias a la actividad, del kathauto ekastos o singularidad de por sí propia. Lo que hace que la presura se esencie es el escalio o el cultivo en sí que pasa a ser la posesión, cuyo derecho al disfrute es lo que se adquiere para terceros, sea en régimen de donación o en usufructo familiar. La propiedad es la esencia, que quiere decir la actividad continua que la define. En la presura es el escalio, que es el cultivo. Conceptualmente ya desarrollaré extrayendo el significado para extrapolarlo en una realidad ontológica..