Locke y su sociedad para la protección de la propiedad. The Commonwealth y la civitas romana

octubre 25, 2009

              El término Estado aparece con Maquiavelo en el sentido moderno de dominaciones de imperios sobre hombres identificados como repúblicas o principados. El concepto abarca a las formas de gobierno, donde antes era una idea de civitas. El estado maquiavélico es una forma de dominio sobre los hombres, pero diferente del término rule que emplea Locke donde el dominio es una manera de interpretar la ley por parte de la comunidad que la ejerce. Así dice Bobbio que “El término Estado debería de usarse con cuidado para las organizaciones políticas que existieran antes del ordenamiento que de hecho fue llamado por primera vez Estado”[1]. Por otra parte el término Estado contiene toda la carga del poder supremo, summa potestas, que entrelaza una teoría de los tres poderes, legislativa, ejecutiva y judicial.  Así que este término tiene una fuerte carga ideológica y política, ya que Schmitt considera el Estado como la base de lo político, como base organizada dentro de unas fronteras territoriales[2]

            Ahora bien, Locke deja muy claro que su definición de Estado como Commonwealth se aleja de cualquier interpretación como una forma de gobierno particular. Así dice “By commonwealth, I must be understood all along to mean, not a democracy, or any form of government, but any independent community which Latins signified by the word civitas, to which the word best answers in our language is commonwealth, and most properly expresses such a society of men “[3], donde la palabra Estado no aparece sino que hago uso del término commonwealth para explicar una asociación o comunidad independiente a cualquier forma de gobierno. El problema es que la misma palabra community o city contiene una diferente intepretación en el idioma inglés que el de civitas y esta idea es la que aclara Locke. De esta forma continúa diciendo  “which community or city in English does not; for there may be subordinate communities in a government, and city amongst us has quite a different notion from commonwealth”[4]. De esta forma es el momento de desarrollar lo que generalmente se entiende por civitas.

               La civitas a la que Locke hace alusión en este párrafo tiene su origen en la polis griega y encuentra su desarrollo en la configuración de la República romana. La civitas desarrolla los ideales democráticos de la polis griega, especialmente la sumisión a la ley pública.[5]

 La ley pretende encarnar la ética ciudadana,  por lo que acatarla deriva de la forma en que ha sido elaborada y cómo la acepta el ciudadano individual. Aunque en la civitas, lo que realmente se busca es cuáles son las medidas y cuáles son los límites de la ley, dicha ley está concebida como el instrumento de la justicia e incluso está ideada como la garantía de la libertad. [6]

             En la polis griega el individuo está considerado antes que la ciudad y por lo tanto es en la ciudad donde se forma, lo mismo ocurre en la civitas romana, el individuo se considera por encima de ésta con la obligación de acatar la ley. Por eso Locke no habla de Estado para definir el gobierno civil, sino que usa la civitas romana como forma mas adecuada para representarlo, ya que el concepto de “Estado” surge por primera vez con Maquiavelo, como se había dicho anteriormente. Por ello algunos autores discrepan a la hora de definir la civitas como Estado, porque se basa en la libertad y en la aceptación de la ley. Así pues, podríamos encontrar una relación en el estado natural que Locke describe y la civitas romana, ya que el estado natural de Locke se fundamenta en acatar y aceptar la ley natural, para la preservación de la propiedad y la libertad, existiendo el derecho de castigar a quien atente contra estos principios. Pues bien, la civitas romana se rige prácticamente por estos principios, basándose en la aceptación de la ley y en la libertad. Así parte del deber del gobierno es el de salvaguardar la propiedad, e incluso existe la autotutela, un término muy parecido al que Locke describe en el estado natural. Consiste en ejercer la venganza por tus propios medios, es decir, castigar a quién atente contra tus pertenencias, tu vida, tu libertad, tu familia etc..

A su vez, la civitas  romana se forma por la asociación de varias familias, donde prima el individuo, el paterfamilias  y esa familia se denomina gens  el cual ese grupo de gens se rige por el derecho de gentes, el cuál se cimienta en el individuo y es el derecho común, que trata de salvaguardar el bien común[7].

            En definitiva, hemos visto como Locke identifica la civitas para intentar definir su commonwealth, porque la palabra “Estado” no se acerca a determinar lo que el define como estado natural y tampoco lo que él llama commonwealth, porque el término civitas se acerca más a una comunidad pública donde rige el bien común que a un Estado. Incluso la misma palabra en inglés es sinónimo de bien común, common = común, wealth = abundancia, riqueza, bien.

           Entonces al término commonwealth hay que darle una nueva interpretación respetando la idea original de Locke, ya que el nos permite hacerlo ”which anybody dislike, I consent with him to change it (commonwealth) for a better”[8]. No podemos traducirlo por comunidad ya que cambiaría bastante el sentido de lo que interpreta en inglés Locke pero sí que podemos darle el sentido de ser una sociedad. Por otra parte “the government of the commonwealth” es el que tendrá la capacidad de legislar y por tanto el poder civil en cuanto es la defensa de la leyes y de de la ley natural, es decir de preservar la propiedad[9].

Así, Locke habla de commonwealth para designar esa sociedad civil o como nosotros la llamamos sociedad de protección para la propiedad, donde los individuos disfrutan de los derechos de la naturaleza; libertad, propiedad y vida, y que nosotros habíamos subsumido prioritariamente en la propiedad. Esa sociedad tiene el poder de ejecutar la ley natural, aplicando las sanciones a quien vulnere estos derechos. En esta sociedad de protección para la propiedad son totalmente eficaces los derechos naturales del individuo donde priman la libertad y la propiedad como estructura de esta sociedad. El poder civil de encarga de preservar la propiedad y garantizar el cumplimiento de la ley natural, poder civil que por otra parte depende directamente de los ciudadanos, como se decía al principio del post.


[1] Bobbio, N.: Estado, gobierno y sociedad, pág. 89, México: FCE, 1998

[2] Schmitt, C.: El concepto de lo político, pág. 49, Madrid: Alianza, 1991

[3]The Second, 133, pág. 60<<por commonwealth yo debo de ser comprendido desde el principio lo que significa, que no es una democracia ni ninguna otra forma de gobierno, sino una comunidad independiente a la cual los latinos la señalaban por la palabra civitas, lo cual en nuestro lenguaje la palabra que mejor responde es commonwealth, que expresa con mayor propiedad tal sociedad de hombres>>

[4]The Second, 133, pág. 60 <<las cuales comunity y city no convienen en inglés, porque pueden ser comunidades subordinadas a un gobierno y city entre nosotros tiene una noción bastante diferente a commonwealth>>

[5]Fernández de Buján, A.: Derecho público romano, pág, 63-64 Madrid: Thomson, 2004  

[6] Ibíd..pág. 64

[7]Ibíd., pág. 65 

[8] The Second, 133, pág. 60 <<lo cual a cualquiera que no le guste (la palabra commonwealth), yo le consiento para cambiarla por una mejor>>

[9] The Second, 3, pág. 2


El concepto de propiedad en el derecho romano

junio 14, 2009

En el post anterior ya describí que la propiedad contenía en esencia un origen metafísico. La descripción de la actividad intrínseca  como la propiedad de la cosa define a la esencia cimo sustancia, cuyo significado es el de bien, posesión o estancia. La propiedad de lo intrínseco se basa en un sustrato cuya relación en orden a es real en el sentido ontológico y por ello configura a la esencia de la cosa como sí misma. Este concepto se traspasa a la propietas romana, que proviene del término propierum que es lo que pertenece a alguien o es propio de ella. Esta a su vez proviene del prope latino que es lo próximo y están cercanas y semejantes.

Así la propiedad romana empieza por tener el mismo origen metafísico que la propiedad griega, ya que en principio es un intangible lo que define  a lo propio, aunque el sentido de prope facilita una semejanza entre lo tangible y lo intangible en el orden de las cosas y el ser de propio, dentro de un contexto de proximidad. No en vano hasta la Edad Media, la semejanza por conveniencia era una semejanza de vecindad y emulación, con lo cual la cosa adquiría cierta similitud esencial o ciertas propiedades por contigüidad y relación de simpatía. El derecho romano no hace más que justificar esta relación o este vínculo entre la cosa y el individuo de manera recíproca, es decir, una unión entre las dos cosas de propio, tanto de la cosa para el individuo como el individuo para la cosa. Por lo tanto esa cosa al ser propia o prope era intrínseca al individuo y no separada de él. Esta idea es muy importante ya que hoy en día la propiedad se encuentra como objetivada y separada al propietario por ser cosa ajena, aunque se posea un derecho real sobre ella.

Entonces antes de que se comprendiera la propietas en el sentido propio del derecho romano, se concebía algo parecido a una pertenencia de proximidad a lo que se denominaba mancipi, donde un señor o dueño de una casa, que en Roma era el paterfamilias, ejercía una especie de poder sobre individuos y cosas, donde el mancipium estaba como una figura jurídica colectiva de posesión, cuyo poder recaía sobre el paterfamilias, algo parecido a la oiko griega. Este tipo de propiedad más o menos colectiva, posteriormente se denominó dominium, perteneciente a un señor, o propietas que era lo propio lo que pertenecía al individuo. Este tipo de concepto de lo propio, tanto del señor como dominium como la propietas paso a ser legitimado por el derecho civil como dominium ex quiritarium. Así lo que hoy se denomina propiedad quiritaria de la cosa se debía a que esta debía de estar sujeta al mancipi (usucapio), es decir, bajo las condiciones del señor previstas por el ius, que fuera ciudadano romano, siendo este un mancipatio estuviera “in iure cessio”. La propiedad quiritaria además se regía por la traditio o transmisión. El segundo tipo de propiedad en el derecho romano que se legitima es el de propiedad pretoria o bonitoria, que también se llamaba in bonis haberes que era legitimada por el derecho pretoriano en oposición al derecho civil de la propiedad quiritaria. Ahora bien, estas diferentes propiedades tenían en común el nexum o el vínculo entre la cosa y el dueño como algo mágico, una relación interna de partes constituyentes, que a la hora de cualquier transacción y contrato se continuaba el vínculo o nexum. Esto lo explica muy bien M. Mauss en su Sociología y Antropología cuando desarrolla el tema de la supervivencia de los principios en los antiguos sistemas económicos y jurídicos.

En el derecho romano antiquísimo dice Mauss aparece la teoría del nexum, donde explica una comparativa con el wadium germánico y en general con todas las garantías suplementarias con ocasión de un contrato, donde se considera la magia simpática y el poder que confiera las cosas que han estado en contacto con una parte y que cede a la otra parte contratante. Esa magia simpática es debido al carácter espiritual de la cosa que se da y en consecuencia a la realidad metafísica de la que hablamos que caracteriza a lo propio de ella como idion y ahora como prope. Ese es el nexum o vínculo espiritual o mágico-simpático por una parte a nivel antropológico que describe Mauss y a nivel metafísico que describo yo en relación al pensamiento de Aristóteles. Esa garantía suplementaria del nexum o wadium germánico es algo más que un cambio dice Mauss, que en realidad está destinado a establecer una influencia mágica, como residuos de dones obligatorios que persistían ligados entre las partes a través de ellos, como un vaivén de alma y cosas que se confunden entre sí, dice Mauss, por eso explica que el nexum es un vínculo de derecho que tiene su origen tanto en las cosas como en los hombres[1].

El nexum, explica Mauss tiene su origen en la palabra nectere de anudar, atar o entrelazar, que se utilizó en algún documento pontificio para el significado de un tabú de propiedad stramentis nectito o nudos de paja, donde la cosa transmitida o tradita estaba marcada o ligada, llegando al accipiens, al que o toma cargada con ese vínculo. La persona que recibe la cosa se transforma en nexum en anudada o entrelazada o es aceptado por la cosa vinculada, emptus. El solo hecho de aceptar una cosa o algo de alguien transforma en obligado, en anudado entre uno y otro. Entonces la importancia de este hecho se expresaba en el formalismo de la entrega que confería ese vínculo mágico-simpático además de las palabras que se utilizaban en ella. Mauss explica que este acto era solemne y recíproco, que se transmitía el carácter mágico el nexum por ese formalismo jurídico de palabras y gestos[2].

Explica Mauss en que las cosas en el derecho romano tuvieron una personalidad y una virtud, que no contenían en el derecho Justiniano ni en el derecho actual. En primer lugar la familia romana además de las personas contiene a la res, ya que la definición más antigua de familia comprende a la res dentro de ella como los víveres y los medios para vivir de esa familia. Además la etimología más antigua que se tiene de esa palabra es la que la pone en relación con el sánscrito, dhaman, casa, algo que al principio del post he establecido una relación entre lo que contenía dentro del poder del paterfamilias y la oikia griega. Incluso el esclavo, famulus pertenece a la misma etimología que familia, siendo la res principal el mancipium por excelencia como parte de la casa o familia.

Así las cosas pertenecían a la familia y a la pecunia, que eran las cosas de la casa como los esclavos, los caballos, los mulos y burros y el ganado. Entonces con respecto a los dos tipos de propiedad descritos anteriormente se derivaba dos tipos de venta. A la propiedad quiritaria le correspondía la res mancipi y al propiedad bonitaria la res nec mancipi. La primera eran las cosas de valor de la casa que entraban en el régimen de mancipatio solo podían alienarse o pasar de un dominio a otro por la fórmula solemne de la mancipatio, es decir, de tomarlo en las manos, lo cual dificultaba mucho la traditio o trasmisión del la cosa. Por otra parte la res nec mancipatio como la pecunia quedaba fuera de la mancipatio, que sería el dinero o el ganado que vivía en el campo[3].

 Por eso explica Mauss que la res tenía que ser algo distinto que la cosa tangible o lo que es lo mismo del objeto pasivo y simple de transacción que ahora aparece ser lo objetivado, la objetivación. La etimología de res procede del sánscrito rah, ratih, que significa don, regalo. La res daba satisfacción al otro, además de estar siempre marcada por el sello de la familia, por lo que se entiende como mancipi y la entrega solemne como mancipatio creaba ese vínculo de derecho, el nexum. Entre las manos del accipiens siempre queda parte de la familia del primer propietario, que queda unida de alguna manera al actual poseedor. En el año 532 d.C. se abolió el derecho bonitario a favor del quiritario[4].

Esta idea de la cosa que pertenece al propietario como algo más de carácter mágico y simpático en realidad es el carácter metafísico que tiene la esencia de la cosa en relación al pensamiento griego. Mauss como antropólogo explica desde su perspectiva no filosófica el carácter mágico en la posesión y transacción de una cosa. Aristóteles pensaba mas bien que la cosa como singularidad activa se hacia propia en el tiempo con respecto a su esencia y por ello pensaba que lo que pertenecía a una casa dentro de las diferentes relaciones dentro de ella como partes eran lo propio de la esencia de la sustancia. El mismo concepto pero desde un punto de vista antropológico se describe el carácter mágico de la cosa por Mauss, que en realidad y según describe Foucault en Las palabras y las cosas eran formas de relación, la magia era simpatía pero como una forma de semejanza y relación entre las cosas. No en vano la relación en el pensamiento metafísico era un ser en orden a algo, es decir, la relación tenía una realidad que se fundamentaba en el sujeto al que pertenecía la relación y que recaía parte de ese sujeto en el término. Esta idea de relación permanece en el pensamiento de la Escolástica como ad aliquid, siendo una realidad predicamental o lo que es una realidad del relación entre el sujeto y el término.

El problema que existe es que dentro del derecho romano todavía no se ha descubierto a la persona y por tanto la responsabilidad de ella para con ella misma y lo otro. Esta figura jurídica aparece con Boecio y hasta que Descartes no descubre el Yo y Locke no presenta el self o sí mismo, la propiedad quiritaria permanece en el dominium o señor. Eso implica que todavía no se ha esbozado lo que nosotros pensamos sobre la propiedad natural de la persona, que habla tan claramente Locke como derechos naturales. Si dejamos al margen al teología, el derecho natural se expresa dentro de la propiedad, la vida y la libertad, que más bien la propiedad de uno mismo subsume los otros dos, ya que al ser propietario de la vida se es libre de ejercer la actividad para desarrollar lo propio, la esencia de uno mismo, que al fin y al cabo el idion griego o la propietas romana.

Por supuesto esta nueva posición teórica es para comprender cómo la teoría marxista con la objetivación del objeto enajenado del ser genérico consigue romper el nexum de las cosas que hasta Hegel todavía existía con el pensamiento del sujeto-objeto. El mismo Marx cuando establece su teoría del ser genérico establece un nexum abstracto entre ese ser abstracto genérico y la naturaleza como cuerpo, como un uno-todo colectivo. En su teoría del trabajo alienado, al convertirse este en individual con la esencia subjetiva del trabajador asalariado se objetiva y rompe ese nexum abstracto del ser colectivo convirtiéndose en cosa, tanto el trabajador enajenado como el objeto-objetivado. Con mi revisión de la propiedad se trata de recuperar el nexum desde la perspectiva actual y con los nuevos conceptos que han aparecido posteriormente como el Yo de Descartes, el self de Locke y el Yo de Fichte, fundamentado en el desarrollo teórico-conceptual de la presura.


[1] M.Mauss pág 225 Sociología y antropología

[2] M.Mauss pág 226 Sociología y antropología

[3] M. Mauss pág 227 Sociología y antropología

[4] M. Mauss pág 227 Sociología y antropología


El concepto de propiedad en Aristóteles

junio 12, 2009

Hay que comprender lo que es el concepto de propiedad en Aristóteles para establecer el concepto de propiedad del presurista-presura, ya que es un concepto cuya base es intrínseca a la definición de la propiedad como yo-aprehendí. Marx basó su elaboración de la propiedad bajo unas perspectivas abstractas y metafísicas para explicar que la propiedad privada, si se entendía así, no formaba parte del ser colectivo. Aun así, su esbozo de la propiedad se basó en unas líneas filosóficas como crítica a Hegel. Este ya elaboró su idea de la propiedad a través de una teoría del valor y del trabajo que ya he presentado aquí. Pero en el proceso de destrucción de los conceptos de la propiedad, siguiendo a Heidegger, hay que pasar por la propiedad objetiva de Marx, la propiedad del sujeto absoluto-individual de Hegel, pasando por la propiedad individual del cuerpo en Fichte y de Locke, que subsume la libertad y la vida, para que una vez destruidos se comprenda de base que el concepto de propiedad va ligado en esencia a cualquier singularidad, que se desarrolla en el tiempo. Ello es una obra o un trabajo intrínseco de esa esencia-sustancia-estancia que es el esbozo del concepto de propiedad presurista. Solo le falta el yo como sí mismo propio, que será Descartes quien lo elabore filosóficamente, donde el presurista, en el acto del yo-aprehendí-esta tierra, ya lo delimita y lo esboza aunque el yo mismo no esté definido. Cuando lo cultiva en escalio ese yo que aprehende la tierra es cuando se convierte el trabajo o actividad de la singularidad en propiedad de una esencia o sustancia-estancia.

 Aristóteles cuando singulariza o individualiza algo se debe al significado de ekaston. Se ha dado un sentido de cosa u objeto al ekaston, y por lo tanto, no es algo externo conocido, que se pueda entender como lo limitado de una cosa. Así el ekaston tiene el significado de ser una singularidad. Con respecto al límite, péras, es la propia singularidad lo que da lugar a un sentido a ella misma, es decir, surge del mismo  ekaston. Así el primer sentido del límite como péras o término[1] se refiere a que es lo último de lo singular y lo primero, de lo que no es posible tomar nada. El problema es el significado que se le dé a ekaston como una cosa o una singularidad. La cosa contiene un límite definido visualmente, en el sentido de un eidos como figura, pero prevalece la idea como representación u objeto. Ahora bien el eidos es upokeímenon, lo que subsiste en la presencia, lo intrínseco, por lo que, según Heidegger, Aristóteles es más griego en este sentido de considerar el ser que Platón. Por tanto, en una singularidad, que es ekaston , no es el eidos como una estructura trascendental ontológica, sino lo que mora en la presencia y por ella misma se limita. El límite se halla en la propia singularidad y no en el hombre que ve en ella un límite que tiene que ser reconocido a través de una figura limitada, trascendental y objetiva[2].

 Por lo tanto, la singularidad o algo singular puede ser una cosa, un hombre, un sujeto, pero también una haecceidad como en el sentido que la da Deleuze y Bergson, que sería el sentido del presurista como singularidad real en base a esa haecceidad escotista. Esta singularidad está contenida en el tiempo como unidad estructural como crònos, taxis y aión, y por lo tanto, la  presura como haecceidad y propiedad se constituye en esas tres maneras de ver el tiempo. Así Aristóteles implica un sentido de singularidad dentro de una actividad temporal como unidad estructural, crònos, taxis y aión que finaliza y que ella misma se pliega definiéndose ella misma como esencia to ti hen enai. Ahora bien, esta somera explicación del ekaston como singularidad activa prepara para conceptuar la propiedad en Aristóteles en base a la ousia primero y luego en referencia a la dialéctica en los Tópicos como idion

        Según Heidegger la ousia aristotélica mantiene un sentido de bienes familiares o propiedad. Son bienes patrimoniales del mundo circundante. Al nombrar un objeto el legein mantiene el aspecto del mismo, su eidos, en la ousia, es decir, es de su propiedad, mantener la palabra es poseerlo como bien propio y patrimonial. Así dice Heidegger que <<Aquello que en el trato es custodiado como ser del ente, aquello que caracteriza al ente como bien, posesión, propiedad o hacienda es su ser-producido>>[3]. Así que ekaston como singularidad y límite de la ousia, que es la sustancia-estancia es la propiedad entendida como ser producido. Ahora bien, la referencia directa a la palabra propiedad o ser propio aparece en el libro V de los Tópicos donde Aristóteles habla de lo propio como idion, que más tarde la escolástica califica como propium y que se puede emplear como características esenciales de un algo como propiedad, ya que el mismo Aristóteles considera de esta manera también a lo propio. El problema es dilucidar si el idion contiene características accidentales o que verdaderamente forma o va a formar parte de la sustancia, para definir a la singularidad ekaston de alguna manera esencial. En Tópicos la propiedad, idion,  también está ligada directamente con el tiempo. Por una parte el aión que en realidad no es el tiempo como cronos sino como el modo en que Aristóteles entiende el no pasar de las cosas cuando se refiere a la propiedad por siempre en cuanto que no existe el cambio[4]. Ese es el ejemplo que pone en Tópicos cuando se refiere a la propiedad que subsiste siempre como la de qeòn eterno. Ahora bien, en relación a la propiedad del por sí mismo, este sí mismo se refiere a la definición o tò ti hen einai[5]. Lo propio de cada singularidad por si misma ekaston kath´ auton singularidad por sí misma,  es tò ti hen einai y eso es tiempo como crònos, taxis y aión que es la unidad estructural, es decir, las tres clases de tiempo para definir a lo que es propio idion[6].

Por otra parte la propiedad, idion,  la describe Aristóteles como relativa o en relación a la propiedad en un cierto tiempo. Esta propiedad depende del ahora y de la duración, pero la idea de que pertenezca al nun como el ahora del tiempo tiene una relación con la esencia. El ahora como tiempo limita o circunscribe el aspecto que en realidad es el tiempo, como lo hemos descrito anteriormente. La idea es cómo la propiedad del ahora idion-nun que se esencia o puede componer el tò ti hen einai ya que el aspecto como esencia forma parte de él. Al ser una singularidad activa, relaciona con la praxis, acción, se limita y pliega por esa singularidad activa en cuanto es energeia-dinamis actividad potencial, como esencia-singular o tò ti hen einai ekaston. Entonces la propiedad, idion, puede ser aquello que sin necesidad de expresar el tò ti hen einai , la esencia, es capaz de pertenecer a esta y puede ser recíproca en relación a ambas. Esto quiere decir que si la propiedad, idion, está oculta sin aparecer en la definición es propio de la esencia o la esencia contiene esa propiedad, aunque no sea explicada. No es necesario hacer una definición de todas las propiedades para considerar la esencia de cada singularidad, pero sí que puede ser implicada en cada una de ellas. Por lo tanto la propiedad del ahora si persiste se convierte no en accidente sino en una propiedad de por sí. Por eso Porfirio refiere a la propiedad. idion, la capacidad de unirse al eidos, que en realidad se puede comprender como la esencia tanto una como otra como la ousia o propiedad-sustancia-estancia, sustancia que por otra parte es sinónimo de esencia y de eidos en el pensamiento de Aristóteles. Esto quiere decir, que la propiedad es intrínseca a su esencia como definición de la singularidad que es una cosa/sujeto o lo que sea por sí misma en cuanto se limita por su actividad potencial. La cosa-sujeto-ente en Aristóteles lleva consigo la propiedad de ser por sí misma a través de la actividad potencial o el ser aristotélico es ser propiedad por la actividad que desarrolla para poder ser definido.

La posición de la propiedad en el marxismo es que se carga de un plumazo todo este pensamiento abstracto por filosófico y metafísico en aras al pensamiento objetivo. Para Marx la filosofía abstracta no tiene sentido y no es realidad en cuanto no es objetiva ni objeto. Ese es el problema que existe en cuanto la explicación de la propiedad privada adolece de una esencia subjetiva y abstracta que es real en nuestro pensamiento y no en el marxismo. Es difícil explicar cualquier tipo de propiedad objetiva dentro de una esencia subjetiva, ya que si esta es real para el presurista, la propiedad objetiva en cuanto mero objeto pierde el significado de propiedad. La propiedad presurista es real en cuanto se define como algo intrínseco a una singularidad activa. El problema de Aristóteles es que todavía no ha definido al yo, asunto que será desvelado por Descartes, aunque ya el presurista ha tomado contacto con el yo a través de la tierra. antes de ello habría que definir qué es el concepto de propiedad como propiertas, que es donde aparece el concepto d ela propiedad como enajenada aunuqe continúe manteniendo la identidad-esencia de la cosa poseída. Del concepto de Locke ya hemos hablado, pero conviene desarrollar esta idea en relación al self como extrapolable al pensamiento del presurista


[1] Hay que acordarse de que el término o peras es el límite del concepto, de la tierra donde se colocan los marcas que la delimitan, es decir, que el límite y el término están dentro de la propia singularidad

[2] Met. 1022 a 5.

[3] Natorp 58

[4] En la Metafísica cuando Aristóteles se refiere a eternidad usa la palabra aión o aidios. Hay una diferencia entre lo que es constante y que no sufre el paso del tiempo, tà aiei onta y la eternidad. Cuando Aristóteles se refiere a eternidad implica al primer motor o Theos, como el motor inmóvil de todo lo que se mueve. Para Aristóteles dios es idea de eternidad entonces está vinculada al hecho de la vida buena y nobilísima y no de lo que es y sufre el cronos. De esta manera el problema de la eternidad no tiene que ver con el tiempo, ya que no sufre el paso de él ni se destruye ni cambia las cosas. Es un asunto del Theos que no tiene que ver con lo extático en el sentido temporal.

[5] Metafísica 1022ª 26

[6] Aubenque  El problema del ser en Aristóteles <>.La oscura relación es que el eidos es la materia del tiempo en su expresión de lo extático, como presencia material que se percibe y circunscribe en el ahora limitado. Para Aristóteles es más fácil circunscribir el eidos al logos es decir a una definición, y por tanto esencia, que a una explicación física de la materialidad de la forma en cuanto upokeimenon. De ahí la relación logos-eidos que dará lugar a una relación entre ese logos de la definición que es la esencia discursiva de lo que es, tò ti hen einai y el eidos como sustrato formal de la materialidad aristotélica. Esto no es otra cosa que lo que sería el pliegue aristotélico


Clases de presuras (III). La presura colectiva

mayo 19, 2009

La fundación de las presuras colectivas empieza con los vicos o fundación de pequeños poblados alrededor de los castillos, que en Castilla se les llamó villas. Esta repoblación provino de emigrantes norteños del reino de Oviedo y se sureños de la España musulmana. En León fue muy importante los mozárabes, que se establecieron  jurídicamente en las villas, vico, civitates y castras que colonizaron. De estos mozárabes como comunidades religiosas fundaron algunos cenobios, lo cual da lugar a la especulación si en esa repoblación empezó de alguna forma las presuras colectivas, que sería la ocupación de tierras yermas de un modo conjunto. No parece que existiera por los mozárabes una presurización de tipo colectivo en el sentido de un colectivismo agrario sin propiedad de ningún tipo o compartida en origen, ya que según Menéndez Pidal los mozárabes eran bastante individualistas con el sentido de la propiedad[1]. De todas formas lo que hay constancia en un primer lugar es de la toma de presuras en tierras de León por parte de colectivos gremiales, que consta con el nombre de las aldeas que habitaban que designaban el nombre de la profesión como macellarios, grullarios, olleros, torneros, rotarios. Se especula entonces que sin la convalidación regia, debido a la distancia esos grupos por sí mismos hubieran ocupado una serie de tierras yermas en calidad de presura con pequeñas pueblas que su nombre indicaban. Además, se comprueba por los textos de la época que eran poseedores de la tierra que ocupaban.

Hay muchas pruebas de este tipo de pueblas y aldeas de tierras leonesas que parecen realizando transacciones jurídicas. Según Menéndez Pidal en casi todos los casos aparece una autónoma personalidad colectiva del grupo o grupos humanos que realizaban el negocio jurídico[2]. Este negocio jurídico ocupaba tanto la donación y el litigio de las tierras como la labranza conjunta de un valle como sucedió en Campolongo, Estabello y Vega y en Villa Castellana, ya que esto no hubiera ocurrido sino eran propietarios libres. Asimismo en Castilla en el año 932 aparecen muchas aldeas realizando transacciones y negocios jurídicos sin la intervención de la autoridades condales del país. Incluso en tierras galaico-portuguesas hay litigios por cuestiones de términos hombres libres de la aldea de Alikinitia y Villacoua con el conde Ximeno o en Villa Leginosa con el conde Gutierre, que demuestra la existencia de hombres libres en aquellas aldeas como colectivos que litigan por sus derechos posesorios ante cualquier tipo de autoridad o figura. Lo colectivo de la acción judicial presupone un derecho comunitario de hombres libres u homines. Además la fuerza de la solución de los litigios donde los términos se acomodaron a las pretensiones de los litigantes comunitarios vislumbra la fuerza como colectivo de derecho de propiedad libre.

Menéndez Pidal ofrece una gran cantidad de datos sobre este tipo de negocios jurídicos entre colectivos con derecho comunitario de propietarios libres, para explicar que las diferentes comunidades de la repoblación en tierras astur-leonesas, tanto en la repoblación privada como la que él llama la colectiva, fueron debidas a propietarios libres. Por este motivo, piensa que en el siglo XII los llamados homines de benefactoría que gozaban de plena libertad personal y propiedad era debido a ello, ya que se consideraban a sí mismo libres presores y todos los privilegios no podían ser debidos sino a esta plena libertad de propiedad personal. Estos leoneses de libre propiedad se habían apropiado en nemine possidente, es decir, como presuras colectivas en asentamientos espontáneo libres de campesinos emigrantes. El mismo Menéndez Pidal señala varios ejemplos de aldeas leonesas y castellanas en presura colectiva donde se comparten pastos y dehesas continuando, siendo los campesinos propietarios libres. Estas son las de San Vicente, Heterrena, Fresneda, Sotoluengo Modubar Quintana etc., es decir, que al menos cinco de ellas precisan en sus escrituras una posesión de las aldeas de pastos y dehesas compartidas, que autoriza a pensar en un asentamiento colectivo de propietarios libres según él[3]. Lo que incide Menéndez Pidal en este tipo de repoblación es la libertad total de los presores, que durante muchos años en casi toda la edad media, incluso cuando tuvieron que aceptar algún tipo de benefactor en el siglo XIV, siempre fueron propietarios libres, ya que la benefactoría no suponía servilismo, sino un cierto pago de impuestos por esa protección del señor. De todas formas, la figura jurídica virtual de la presura colectiva aparece en cuanto existe una posesión de bienes comunes en las aldeas que se fundan en régimen de presura como asentamientos originarios de una comunidad o colectividad no individual. Ahora bien, hay que explicar que este asentamiento colectivo de aldeas libres en las tierras yermas de León y Castilla, desde bien temprano es una apropiación de la tierra colectiva en las familias de las aldeas. Este fenómeno lo explica así Menéndez Pidal. Dice que la presura primigenia de las aldeas y términos comunales se realizó originalmente en presura colectiva. Según él, la apropiación de la tierra de comunidades rurales que iba a ser el umbilicus del centro urbano del grupo colonizador fue primeramente por presura colectiva, que inmediatamente después existió una ocupación familiar de un solar huerto o heredad, donde la presura colectiva se convertía en la propiedad colectiva de la dehesa, pastos, aguas y molinos aprovechado por todos para el pastoreo, la leña de un modo igualitario y de posesión normal de cada uno de las unidades agrarias de los presores de la comunidad presora. Según Menéndez Pidal este sistema de apropiación de tierra colectiva aparece anteriormente en germanos y francos, con lo que en España es lógico suponer que en los Campos Góticos, las ocupaciones que se realizaron comunalmente fueron en régimen colectivo, sistema que posteriormente se utilizaría para este tipo de presura colectiva en los asentamientos colectivos astur-leoneses[4].

En cuanto al estatuto jurídico de la presura colectiva como documento, según Menéndez Pidal, algunos juristas del siglo XIX registraron restos de un colectivismo agrario en aldeas de León y en Zamora. De todas formas, no parece según él, que existan documentos de los siglos IX al XI, que permitan rastrear con tanta precisión como la presura privada o la oficialista. Aun así Menéndez Pidal observa que se puede admitir la apropiación colectiva del término y la labranza dividida en presuras familiares, pero con un estatuto de colectivización, en cuanto muchas de esas presuras estaban sujetas al negocio jurídico de la propiedad colectiva, es decir, se podían explotar individualmente las tierras, siendo la utilización de las dehesas comunales, pero no de posesión plena. Para ello presenta el caso de Brasoñera donde el estatuto de colonización del término se concedía a un grupo de familias y no a un repoblador individual. Este mismo estatuto incluso la donación comunal, que se realizó de una heredad a un monasterio por los habitantes de Villa Váscones y de una dehesa a García Fernández no deja lugar a dudas, dice Menéndez Pidal, de la propiedad colectiva.

Hay que tener en cuenta que este tipo de repoblación, de propiedad y presura colectiva se realizó al margen de la intervención de los estamentos estatales y la oficialidad, que se habla era una pactología entre propietarios libres. A pesar de que existía un beneplácito por partes de las autoridades, la repoblación tan extensa de las tierras y lo poco poblado y largas distancias de las mismas hacía que fuera muy difícil la intervención del poder. Aun así según Menéndez Pidal la presura colectiva existió y se realizó por un grupo de familias en régimen jurídico de colectivización y en régimen individual de labranza. Las consecuencias de esta exposición que he hecho en varios posts sobre las diferentes presuras se puede extrapolar a la actualidad. Creo que esto merece un post exclusivo sobre las paridades de la presura en la economía actual para una posible oikonomía basada en una geofilosofía teórico-práctica de aprehensión actual. El próximo post hablaré de ello.

 


[1] Menéndez Pidal, pág. 49, Historia de España, Tomo VII*

[2] Menéndez Pidal, pág. 51, Historia de España, Tomo VII*

[3] Menéndez Pidal, pág. 54, Historia de España, Tomo VII*

[4] Menéndez Pidal, pág. 57, Historia de España, Tomo VII*

 


Clases de presuras (II). La presura oficialista

mayo 14, 2009

La presura oficial fue el modo en que el rey ocupó tierras en provecho de él mismo. A pesar de existir un derecho de ocupación por ser vencedores de los moros eso no le otorgaba licitación jurídica sobre la tierra a no ser que él mismo se dedicara a la repoblación o gente en su nombre. De ahí que el rey no tuviera posesión de la tierra y tuviera que encargar a sus directos familiares esa ocupación. Tanto Ordoño como Alfonso se ocuparon de constituir sus propias presuras, llamadas oficiales, como por ejemplo la de Ordoño I que adquirió una heredad por Prusia en la Torre de Santa Maria Alba en León o Alfonso III que por medio de sus siervos tomó en presura la villa de Alkamin[1].

Hay numerosos testimonios de la toma de presuras oficiales tomadas por el rey o por condes obispos abades realizadas por ellos mismos o por parientes y gente en su nombre. Muchos de estos presores o presuras aprehendidas por ellos también fuero por homines u hombres libres que actuaban en su nombre, sobre todo en relación al rey Alfonso III. La presura de la villa de Orniola por Bermuda Gatónez  hijo del conde Gatón las tomó en nombre de su padre es un ejemplo de este tipo de presura oficial por parte de gente allegada a nobles, abades o al rey mismo. Si bien existían numerosas presuras oficiales, que otorgaban un derecho de posesión sobre la tierra y sus bienes a los reyes, conde y abades, tenían que ser ocupadas por el mismo sistema de aprehensión, que podían ser posteriormente donadas, en caso de que lo realizara algún siervo, o en nombre de un pariente de mayor alto rango. Aun así las presuras privadas continuaros su desarrollo ya que la tierra era abundante y de lo que se trataba era de formar una línea fronteriza como un baluarte defensivo de primera línea. aun así las presuras privadas no necesitaban o no lo realizaban ningún tipo de confirmación regia. A mi juicio esto es muy importante ya que en la presura privada no había que rendir cuentas a nadie ni impuestos ni conformidad oficial ni nada que se pareciera. El hecho de que la tierra fuera yerma y fuera cultivada a posteriori por el presurista o presor era motivo suficiente para ser reconocida la posesión de la tierra. La misma presura oficial consistía en igual figura jurídica. La consecuencia es la gran libertad que existía para la repoblación, cosa que siempre el materialismo histórico se ha encargado de presentar desde el prisma de la explotación y nunca desde la perspectiva de la libertad del propietario. Incluso la figura oficial del rey o de la iglesia tenían muchas más limitaciones que en la actualidad, ya que ahora por el mero hecho de vivir no se puede escoger ni la actividad que se requiera ejercer sin pagar tasas al Estado coercitivo, es decir, no se es libre de cultivar una presura, que en la actualidad sería la empresa. Si coexisten empresas oficiales, corporaciones y empresas privadas todas ellas están bajo la tutela y coerción del Estado por diferentes medios para lastrar la actividad del propietario libre, lo cual no deja de ser curioso que en los reinos cristianos no existía. Por tanto llamar Estado a algo parecido a lo que entendemos en la actualidad por esto es totalmente diferente, ya que para hablar de Estado tenemos que emplear ese término a partir de Maquiavelo y con ciertas reticencias. No es extensible a la estructura de los reinos cristianos de la España de la repoblación.

 Por otra parte existen numerosos documentos de las presuras oficiales y de sus donaciones. Menéndez Pidal explica que los repobladores privados no juzgaban necesario ninguna convalidación rápida de su toma de posesión ni tan siquiera precisa. Solo la palabra del presor era determinante para donar su presura en caso de que lo pretendiera a alguna persona o a la Iglesia como ya hice constar en el anterior post. Poco a poco al cabo de largas décadas e incluso siglos los presores o presuristas fueron convalidando sus tierras. Si las presuras empezaron en el siglo VIII la primera que se tiene constancia de convalidación regia es una presura de Alfionso el mangono que donó a la iglesia de Oviedo en haciendo uso en términos más o menos oficiales de su potestad regia. Así en el 908 dice “in suo iure et esqualido cam aprehendit et per scripturam testamenti: filio nostro Gundisaluo tradidit.” Esto no se sistematizó siquiera hasta el siglo XI  ya que Menéndez Pidal habla de que las presuras privadas no necesitaban esa convalidación como explica en una transcripción de un diploma d epresura donde se no se observa ninguna convalidación regia: “Et fuit ipso molino ad Nuno Gomiz in presura de christianos et populatione de christanos”[2].

Desde este punto de vista Menéndez Pidal concluye que en el tema de las presuras oficales sí que existía una convalidación y donación regia por los numerosos testimonios. En cambio no está tan claro cuando las presuras eran privadas, ya que el mismo presor no las consideraba necesarias, aunque puede ser que en teoría haya existido algo de interés por esta convalidación nada clara. Además el hecho de ser una gran extensión de tierra y las distancias que había que recorrer para ello, hacían menos necesaria esa convalidación porque lo que se pretendía era establecer esa primera línea de frontera. Puede que después en algún momento el presor lo haya considerado necesario y haya procedido a esa convalidación en busca de una garantía regia por la posibilidad de la existencia de algún juicio posterior tener constancia de esa posesión, pero dentro de las conjeturas de Menéndez Pidal como él bien explica[3]. De todas formas, tanto las presuras oficialistas por orden regia como las presuras privadas sin convalidación contenían el mismo carácter de posesión de la tierra, ya que la posesión por prima presura que era la presura privada otorgaba los mismos derechos posesorios sobre la tierra, que podían donar hacia sus descendientes o a quienes se quisiera.

La presura oficial bien puede estar dentro de un mismo territorio. Si extrapolamos a la actualidad, ¿por qué no pueden existir empresas privadas al margen del Estado? Las presuras oficiales o las empresas convivían en régimen de posesión con las presuras privadas y colectivas fundamentadas en la propiedad del presor ahora presurista o emprendedor. Se consideraba el pacto, la libertad implícita en la figura del presurista. Ahora esta figura no existe y se encuentra dentro de la coerción de la libertad del Estado al individuo. Si hay algún tipo de estrategia presurista esta tiene que empezar por comprender el concepto de presura como extrapolación a la empresa privada, donde el cultivo pertenece a las ideas que pueden surgir de la empresa para intercambiar con otros individuos.  El próximo día hablaré de la presura colectiva.

 


[1] Menéndez Pidal, pág. 23, Historia de España, Tomo VII*

[2] Menéndez Pidal, pág. 26, Historia de España, Tomo VII*

[3] Menéndez Pidal, pág. 29, Historia de España, Tomo VII*

 


Clases de presuras (I). La presura privada

mayo 6, 2009

En el siglo VIII-IX existían varias clases de presuras, la privada, la oficial y la colectiva. La primera que apareció o por lo menos de que se tiene constancia es la privada, a partir de la necesidad de repoblar tierras recuperadas a los musulmanes y posteriormente despobladas. El derecho de tierra conquistada que imperaba en el derecho germánico-romano, hacía que los mismos reyes se arrogaran la propiedad de la tierra. El derecho musulmán también lo consideraba, salvo que para un posible establecimiento de colonos, se necesitaba el permiso especial del sultán, a diferencia de la repoblación en los reinos cristianos, cuya singularidad jurídica es muy importante para considerar la importancia de los propietarios libres, es decir, propietarios de su cuerpo y de libre circulación en la época feudal. Es muy a tener en cuenta este hecho ya que parece que Edad Media es sinónimo de feudalismo y servilismo cuando por lo menos en España, esto no ocurre casi nunca. En nuestra temposuralogía sería una época de protopropiedad preestatal ya que el concepto de Estado coercitivo tal y como ahora existe no se encontraba en aquella época, asunto que el materialismo histórico ha interpretado como una lucha de clases y explotación de la propiedad enajenada.

Las primeras presuras de la que se tienen constancia es la de Odoario y sus gentes en Lugo y Fromistano y Máximo en Oviedo realizaron labrando unas tierras incultas que en con el tiempo llamaron escalio.  Odario después de tomadas y labradas hizo una donación de ellas a la iglesia lucense en términos que aparece como fundación suya, “est fundata in nostra presura”,  lo que antes había considerado una tierra yerma y sin posesión. En el 787 tres monjes donaron una presura a la iglesia de San Julián situada en tierras Aviancos lo que los donantes consideraban “quae prendimos de estirpe antiquo”[1] Esta idea sugiere que el prender la tierra yerma es el acto que sugiere la posesión y posterior donación que se realiza de la tierra por el hecho de haberla tomado y cultivado. Puede que parezca que existe una propiedad absoluta por el mero hecho de tomarla y cultivarla, es decir, si era una possesio o una propietas. Para Menéndez Pidal este hecho no está muy claro, ya que si bien en la primeras presuras este tema no era importante debido a la cantidad de tierra que existía y las donaciones se hacían sin intercambio y las presuras posteriores sí que hay algún testimonio que se intentaba presentar esa stirpe antiquo de raíz tomada de los antepasados de los presores que lo presentaban como prima presura[2]. De todas formas, la presura era más bien una figura jurídica de carácter ritual y de pacto implícito en su aprehensión.

A partir del año 800 empiezan a haber numerosos testimonios de presuras, escalios en la marca oriental del reino, donde la palabra presura aparece en cada testimonio de su constitución. Muchas de estas tierras ocupadas por colonos fueron donadas a la Iglesia para fundar sus monasterios y consta en la donación el hecho de que esas tierras fueron obtenidas por presura, lo que indica que la aprehensión de la tierra y su escalio ya le conferían al donante el poder de la donación aunque la tierra no fuera propietas. Asimismo muchas de estas presuras incluían iglesias con su heredades, molinos eras de sal, huertas, viñas etc., que eran enumeradas por los presores en el momento de de realizar la aprehensión.

Así el carácter primero de la repoblación en los reinos cristianos fue privado hecho por monjes, abades y particulares en primera instancia. En estas primeras escrituras no existe ningún papel ni escrito que se registre que una autorización regia para las presuras. Cualquier donación de estas primas presuras de los primeros repobladores no existe ningún caso en que el rey se haga valedor de la concesión donación o posesión de las mismas, por lo cual se realiza entre privados por y para ellos sin mediación del intermediario del reino[3]. Esto indica que existía un derecho posesorio transmisible a terceros dentro de lo privado de las empresas. Para que ello existiera las presuras tenían que estar en escalio es decir no ser tierra yerma ya que el abandono de la misma se perdía el carácter posesorio y transmisible. Esa es la diferencia con respecto a la propiedad absoluta, ya que se necesitaba probar que la tierra estaba ocupada y cultivada para ese derecho a la donación. Esto era claro ya que para mantener la frontera con los musulmanes era necesario que los repobladores permanecieran como el primer muro de contención. Ahora bien para que ocurriera esta donación o el derecho transmisible de posesión era preciso que se hubiera constituido esa figura jurídica de la presura y el escalio que si bien estaban separadas al principio luego se yuxtaponían entrecruzándose.

Menéndez Pidal explica la etimología de la palabra presura a partir del verbo prehendere, tomar posesión, ocupar un lugar, que en castellano va a dar lugar a tres palabras que van a tener consecuencias en nuestra interpretación de la presura con carácter personal: aprehender, comprender y emprender. La voz presura sigue al verbo prehendere para registrar la ocupación nemine possidente, nemine habitante o ante alios homines, es decir, que la ocupación de un lugar que se hacía en nombre del poseyente recibía el nombre de presura. La voz prisi se empleó para ocupar un edificio, pero los colonizadores emplearon l primera persona del pretérito perfecto del verbo prehendere aprehendi, es decir, yo aprehendí o ocupé este lugar, que se aplicó directamente a la posesión de la tierra yerma. La palabra presura aparece en los documentos de Odoario con esa designación de ocupación de bienes raíces.

Esta empresa como presura va acompañada de la especificación de ser una tierra yerma es decir que se halla squalidum. San Isidoro pensaba que esta palabra provenía del verbo excolere cultivar, donde los repobladores aludían cuando se referían a “prehendimus de stirpe antiqua” que se asociaba con ese campo yermo. El squalidus se asociaba entonces a esos campos que habían sido dejados de cultivar excalidare (excolere) de donde proviene directamente squalidus.  Para comprender que este campo había dejado de ser yermo o empezado a labrar, se le colocó la partícula ex, que significa lo que procede de, con lo cual el significado variaba, siendo ahora el campo que había dejado de ser yermo po el ex –squalidum, que se pasó al escalio.   

Ahora bien, para tomar en presura este campo yermo, que además se podían tomar edificios viñas molinos, etc., siempre y cuando no existieran poseedores conocidos, el presor tenía que justificar su presura mediante desmontes, pastoreo edificaciones plantaciones, etc., y hacer algunos actos simbólicos para asegurar sus bienes aprehendidos. Algunos presores declaraban la frase “et ipsas presuras que accepimus determinavimus” o colocaba cruces en las presuras tomadas por él mismo[4].

Con esto quiero expresar el hecho de la importancia de la repoblación privada para mantener la frontera en los reinos cristianos contra los musulmanes. Si existe un derecho pro-vincere por parte del rey, no parece que se ejerza desde el punto de vista de la ocupación de tierras que empieza en el siglo VIII por los colonos. La necesidad de establecer una línea de contención permitió en primera estancia una figura jurídica al margen de cualquier poder coercitivo, incluso con la constancia de un derecho posesorio que no de propiedad absoluta, ya que se necesitaba la ocupación de la presura. La idea temposuralógica es que este concepto de apropiación y posesión particular se ha establecido en todos los tiempos en cuanto el colono es propietario de su cuerpo, que ese concepto es el de la verdadera propiedad absoluta, al margen de una interpretación del término desde Aristóteles al derecho romano y en la actualidad. El presurista es el personaje conceptual del concepto de presura, que es relativo a todas las épocas, que es sinónimo de emprendedor, cuyo origen etimológico es el mismo que el aprehendi de la presura, prendere. Por eso cuando explico el concepto de la presura en sí digo que es un yo-aprehendí-esta-tierra-en-escalio, que significa emprender una empresa por cada uno individualmente dentro de un territorio que bien puede ser el mercado, con todas las incertidumbres. Es el personaje conceptual, el presurista que ha existido en todas las épocas.


[1] Menéndez Pidal, pág. 10, Historia de España, Tomo VII*

[2] Menéndez Pidal, pág. 30, Historia de España, Tomo VII*

[3] Menéndez Pidal, pág. 12, Historia de España, Tomo VII*

[4] Menéndez Pidal, pág. 14, Historia de España, Tomo VII*


Trabajo alienado y propiedad privada en Marx

abril 29, 2009

 

Ya expliqué en el post anterior lo que significaba el trabajo en Marx como actividad vital en los Manuscritos. Según él es la actividad productiva del ser genérico para la satisfacción de una necesidad, el hambre, que era la realidad del hombre en general. La diferencia con el animal es que se supone que el hombre marxista, que es una abstracción al fin y al cabo del hombre individual, esta actividad vital es consciente por el mero hecho de que el ser humano comprenda su trabajo como necesidad física. Entonces si este ser genérico es un objeto, según Marx, la producción de objetos es lo que hace que el hombre se dé cuenta de que existen otros hombres como objetos, la objetivación de la vida genérica del hombre como un desdoble, que no enajenación, de la vida activa, y se contempla a sí mismo en los objetos creados por ese ser genérico-abstracto y de por sí alienado en cuanto abstracción objetiva de su propia conciencia. Este hecho en sí implica la misma alienación que pretende criticar Marx en el pensamiento de Hegel. Ahora bien, Marx dice que cuando la relación se invierte, es decir, no se da cuenta de la propia alienación de sus premisas, aparece el trabajo enajenado, que consiste en que esos objetos de objetivación del ser genérico-abstracto del hombre, que supone Marx con facultades espirituales genéricas (otra vez la alienación en sí misma), se convierten en los objetos de su necesidad vital y no de su actividad espiritual o de sus facultades espirituales. Es decir, esos objetos que uno necesita para comprenderse como un ser genérico colectivo, que son los que hacen conciente la actividad espiritual del hombre, al ser hechos meros objetos despegados de sí y necesarios para la existencia del ser abstracto-genérico y espiritual del hombre, entonces se convierten en objetos enajenados de esa conciencia y extraños a él, lo que supone el primer paso para el trabajo enajenado.

 

El segundo punto del trabajo enajenado es que, si el objeto en sí mismo está enajenado del hombre como ser  genérico por esa necesidad, que antes era actividad espiritual y al objetivarla es enajenación, precisamente por la necesidad existencial, el otro hombre en cuanto a hombre individual y cosa objetivada asimismo estará extrañado de ese ser genérico colectivo, con lo cual el hombre que trabaja enajenando objetos enajena a los otros hombres al ser objetos individuales y no colectivos del ser genérico-abstracto y espiritual. La consecuencia es que todos están enajenados cuando se trabaja para formar objetos, ya que el trabajo enajenado convierte a la naturaleza, que es el cuerpo inorgánico del hombre, otra abstracción a mi juicio, en algo ajeno enajenado del hombre. Si se transforma a la naturaleza, que es el cuerpo del ser colectivo y genérico, el hombre pierde ese cuerpo de sí mismo, siempre abstracto claro para mayor locura, y por tanto, la enajenación parte desde la misma empresa o tarea que es la de modificar la naturaleza para las necesidades del hombre. Como consecuencia de esto la actividad de Marx pretende ser la universalidad activa del hombre como mera subsistencia inmediata a nivel físico, alimentación, vestido, vivienda a partir de su cuerpo inorgánico que le proporciona la naturaleza, pero solo como medio inmediato y no como mediación del objeto para sus necesidades, ya que entonces es la alienación. El problema de Marx es que intenta considerar objetivo lo que en base al mismo principio de partida es abstracto y por tanto subjetivo como espíritu al modo hegeliano. Así la misma premisa es contradictoria en cuanto se pretende explicar lo objetivo del trabajo como actividad transformadora de un ser natural y objetivo, que en realidad es la abstracción del ser genérico marxista como un universal, ya que la misma consideración de la individualidad del hombre es la enajenación del ser colectivo y por tanto el hombre individual es objeto enajenado del ser colectivo y genérico del hombre universal, abstracto para más inri.

 

La enajenación desde la base del pensamiento del trabajo marxista es  la explicación del concepto de propiedad privada en Marx que parte de la base de comprenderlo, no desde el punto de vista de la objetivación del ser inmediato de la naturaleza, sino bajo una esencia subjetiva, como actividad para sí de la persona, del ser sujeto. La persona es el ser individual que es el ser para sí en el pensamiento de Hegel, que es el trabajador y consumidor reconocido por los otros en cuanto se trabaja, como dije en el post anterior. El trabajo enajenado, para Marx, comienza cuando el trabajador por medio de la objetivación mediata de su trabajo, se convierte en sujeto como persona física. Cuando el hombre deja de ser un ser abstracto y genérico para convertirse en un individuo debido a la mediación objetiva de sus objetos necesarios, es decir, que su trabajo ya no consiste en la actividad vital necesaria para vivir sino para producir objetos, estos empiezan a dar lugar a lo que Marx advierte como propiedad privada. Estos objetos pierden el ser objetivo y genérico del hombre para transformarse en objetos de esencia subjetiva de los que se apropia y son extraños al trabajador. Este ser extraño del objeto, que ya no es del trabajador, Marx se pregunta a quién pertenece. Es aquí cuando surge el tema de la propiedad privada en cuanto este ser objeto pertenece a un ser otro, que es la relación que establece el trabajador con un ser otro hombre, el capitalista o patrón, que es la relación directa del ahora objeto extrañado por el trabajador, que al no ser de él y siendo objetivo y hostil, es el capitalista como otro hombre hostil creado por la misma relación de objetivación con el objeto, ya que este mismo hombre pasa a ser objeto individual y no genérico de la actividad vital antes no enajenada, para apropiarse del trabajo ahora convertido en propiedad privada, que en definitiva es le trabajo enajenado. Así incluso el salario se convierte en trabajo enajenado ya que es la mediación para que continúe esta enajenación y por tanto la propiedad privada. El salario es propiedad privada del capital siendo por sí mismos idénticos, según explica Marx en los Manuscritos. Esta misma enajenación del trabajo por el trabajador hace que se constituya una emancipación, lo que daría lugar a la idea de la clase trabajadora, que al emanciparse y ser apropiada en su trabajo por el capitalista se crea un enfrentamiento en cuanto la clase de los trabajadores está alienada del ser genérico humano y la clase capitalista la que provoca esa enajenación o emancipación forzosa.

 

El problema de la propiedad en Marx es que aparece como apropiación de una clase por otra, estableciéndose como relaciones de servidumbre. Esta propiedad no existe si se refiere al ser genérico abstracto, ya que el ser humano antes de ser trabajador es un ser abstracto que genera una actividad vital, cuyo cuerpo inorgánico, que es la naturaleza, genera todo lo que este ser necesita sin el trabajo de objetivación y producción, que aliena su ser genérico convirtiéndose en objeto objetivo e individual si se convierte en producción mediada. Una cosa es ser consciente de esta objetivación, como una inmediación necesaria de la actividad vital de esta abstracción del ser y otra cosa es que esta objetivación se transforme en una producción mediata, cuyo producto esencia la subjetividad o el sujeto convertido en ser individual o persona, que es la alienación del ser colectivo y general de Marx. Entonces hay que recalcar que no existe una propiedad en el Marx de los Manuscritos que se pueda definir si no es como trabajo alienado de la esencia abstracta de un ser colectivo y único. El ser individual es un objeto para Marx, y este mismo objeto está alienado por la objetivación de su trabajo, que se ha convertido en propiedad privada de otro ser individual. La propiedad en Marx es del hombre individual que aliena y está alienado recíprocamente, estableciendo una lucha de contrarios, que es la lucha de clases entre el trabajador alienado y el capitalista que fomenta la alienación a través del salario, el trabajo y la propiedad privada, todos ellos sinónimos.  Por eso la propiedad en Marx tal y como la concibe el presurista es completamente contraria, ya que la base de la propiedad del ser presurista es el yo individual de propio, algo que por sí mismo para el marxismo es alienación del ser genérico abstracto.

 

Para este post solo he empleado mi interpretación sobre los Manuscritos de 1844. Hay una evolución del ser genérico abstracto de Marx en otros escritos, ya que es consciente de la contradicción de presentar un argumento universal y abstracto en contra de su socialismo científico objetivo y concreto. Para una crítica más profunda a Marx, hay que exponer su teoría del materialismo histórico que aparece en La ideología alemana y la idea de la mercancía en relación al trabajo y la propiedad en El Capital I. De todas formas, creo que ha sido interesante estos esbozos para desligarnos de cualquier interpretación semántica ni tan siquiera parecida a Marx, ya que es un problema actual dentro de la Economía Política y objetiva usar términos que provienen del marxismo y asimilarlos para cualquier explicación económica de la sociedad o de una concepción del mundo. Ese no es mi caso.