Trabajo alienado y propiedad privada en Marx

abril 29, 2009

 

Ya expliqué en el post anterior lo que significaba el trabajo en Marx como actividad vital en los Manuscritos. Según él es la actividad productiva del ser genérico para la satisfacción de una necesidad, el hambre, que era la realidad del hombre en general. La diferencia con el animal es que se supone que el hombre marxista, que es una abstracción al fin y al cabo del hombre individual, esta actividad vital es consciente por el mero hecho de que el ser humano comprenda su trabajo como necesidad física. Entonces si este ser genérico es un objeto, según Marx, la producción de objetos es lo que hace que el hombre se dé cuenta de que existen otros hombres como objetos, la objetivación de la vida genérica del hombre como un desdoble, que no enajenación, de la vida activa, y se contempla a sí mismo en los objetos creados por ese ser genérico-abstracto y de por sí alienado en cuanto abstracción objetiva de su propia conciencia. Este hecho en sí implica la misma alienación que pretende criticar Marx en el pensamiento de Hegel. Ahora bien, Marx dice que cuando la relación se invierte, es decir, no se da cuenta de la propia alienación de sus premisas, aparece el trabajo enajenado, que consiste en que esos objetos de objetivación del ser genérico-abstracto del hombre, que supone Marx con facultades espirituales genéricas (otra vez la alienación en sí misma), se convierten en los objetos de su necesidad vital y no de su actividad espiritual o de sus facultades espirituales. Es decir, esos objetos que uno necesita para comprenderse como un ser genérico colectivo, que son los que hacen conciente la actividad espiritual del hombre, al ser hechos meros objetos despegados de sí y necesarios para la existencia del ser abstracto-genérico y espiritual del hombre, entonces se convierten en objetos enajenados de esa conciencia y extraños a él, lo que supone el primer paso para el trabajo enajenado.

 

El segundo punto del trabajo enajenado es que, si el objeto en sí mismo está enajenado del hombre como ser  genérico por esa necesidad, que antes era actividad espiritual y al objetivarla es enajenación, precisamente por la necesidad existencial, el otro hombre en cuanto a hombre individual y cosa objetivada asimismo estará extrañado de ese ser genérico colectivo, con lo cual el hombre que trabaja enajenando objetos enajena a los otros hombres al ser objetos individuales y no colectivos del ser genérico-abstracto y espiritual. La consecuencia es que todos están enajenados cuando se trabaja para formar objetos, ya que el trabajo enajenado convierte a la naturaleza, que es el cuerpo inorgánico del hombre, otra abstracción a mi juicio, en algo ajeno enajenado del hombre. Si se transforma a la naturaleza, que es el cuerpo del ser colectivo y genérico, el hombre pierde ese cuerpo de sí mismo, siempre abstracto claro para mayor locura, y por tanto, la enajenación parte desde la misma empresa o tarea que es la de modificar la naturaleza para las necesidades del hombre. Como consecuencia de esto la actividad de Marx pretende ser la universalidad activa del hombre como mera subsistencia inmediata a nivel físico, alimentación, vestido, vivienda a partir de su cuerpo inorgánico que le proporciona la naturaleza, pero solo como medio inmediato y no como mediación del objeto para sus necesidades, ya que entonces es la alienación. El problema de Marx es que intenta considerar objetivo lo que en base al mismo principio de partida es abstracto y por tanto subjetivo como espíritu al modo hegeliano. Así la misma premisa es contradictoria en cuanto se pretende explicar lo objetivo del trabajo como actividad transformadora de un ser natural y objetivo, que en realidad es la abstracción del ser genérico marxista como un universal, ya que la misma consideración de la individualidad del hombre es la enajenación del ser colectivo y por tanto el hombre individual es objeto enajenado del ser colectivo y genérico del hombre universal, abstracto para más inri.

 

La enajenación desde la base del pensamiento del trabajo marxista es  la explicación del concepto de propiedad privada en Marx que parte de la base de comprenderlo, no desde el punto de vista de la objetivación del ser inmediato de la naturaleza, sino bajo una esencia subjetiva, como actividad para sí de la persona, del ser sujeto. La persona es el ser individual que es el ser para sí en el pensamiento de Hegel, que es el trabajador y consumidor reconocido por los otros en cuanto se trabaja, como dije en el post anterior. El trabajo enajenado, para Marx, comienza cuando el trabajador por medio de la objetivación mediata de su trabajo, se convierte en sujeto como persona física. Cuando el hombre deja de ser un ser abstracto y genérico para convertirse en un individuo debido a la mediación objetiva de sus objetos necesarios, es decir, que su trabajo ya no consiste en la actividad vital necesaria para vivir sino para producir objetos, estos empiezan a dar lugar a lo que Marx advierte como propiedad privada. Estos objetos pierden el ser objetivo y genérico del hombre para transformarse en objetos de esencia subjetiva de los que se apropia y son extraños al trabajador. Este ser extraño del objeto, que ya no es del trabajador, Marx se pregunta a quién pertenece. Es aquí cuando surge el tema de la propiedad privada en cuanto este ser objeto pertenece a un ser otro, que es la relación que establece el trabajador con un ser otro hombre, el capitalista o patrón, que es la relación directa del ahora objeto extrañado por el trabajador, que al no ser de él y siendo objetivo y hostil, es el capitalista como otro hombre hostil creado por la misma relación de objetivación con el objeto, ya que este mismo hombre pasa a ser objeto individual y no genérico de la actividad vital antes no enajenada, para apropiarse del trabajo ahora convertido en propiedad privada, que en definitiva es le trabajo enajenado. Así incluso el salario se convierte en trabajo enajenado ya que es la mediación para que continúe esta enajenación y por tanto la propiedad privada. El salario es propiedad privada del capital siendo por sí mismos idénticos, según explica Marx en los Manuscritos. Esta misma enajenación del trabajo por el trabajador hace que se constituya una emancipación, lo que daría lugar a la idea de la clase trabajadora, que al emanciparse y ser apropiada en su trabajo por el capitalista se crea un enfrentamiento en cuanto la clase de los trabajadores está alienada del ser genérico humano y la clase capitalista la que provoca esa enajenación o emancipación forzosa.

 

El problema de la propiedad en Marx es que aparece como apropiación de una clase por otra, estableciéndose como relaciones de servidumbre. Esta propiedad no existe si se refiere al ser genérico abstracto, ya que el ser humano antes de ser trabajador es un ser abstracto que genera una actividad vital, cuyo cuerpo inorgánico, que es la naturaleza, genera todo lo que este ser necesita sin el trabajo de objetivación y producción, que aliena su ser genérico convirtiéndose en objeto objetivo e individual si se convierte en producción mediada. Una cosa es ser consciente de esta objetivación, como una inmediación necesaria de la actividad vital de esta abstracción del ser y otra cosa es que esta objetivación se transforme en una producción mediata, cuyo producto esencia la subjetividad o el sujeto convertido en ser individual o persona, que es la alienación del ser colectivo y general de Marx. Entonces hay que recalcar que no existe una propiedad en el Marx de los Manuscritos que se pueda definir si no es como trabajo alienado de la esencia abstracta de un ser colectivo y único. El ser individual es un objeto para Marx, y este mismo objeto está alienado por la objetivación de su trabajo, que se ha convertido en propiedad privada de otro ser individual. La propiedad en Marx es del hombre individual que aliena y está alienado recíprocamente, estableciendo una lucha de contrarios, que es la lucha de clases entre el trabajador alienado y el capitalista que fomenta la alienación a través del salario, el trabajo y la propiedad privada, todos ellos sinónimos.  Por eso la propiedad en Marx tal y como la concibe el presurista es completamente contraria, ya que la base de la propiedad del ser presurista es el yo individual de propio, algo que por sí mismo para el marxismo es alienación del ser genérico abstracto.

 

Para este post solo he empleado mi interpretación sobre los Manuscritos de 1844. Hay una evolución del ser genérico abstracto de Marx en otros escritos, ya que es consciente de la contradicción de presentar un argumento universal y abstracto en contra de su socialismo científico objetivo y concreto. Para una crítica más profunda a Marx, hay que exponer su teoría del materialismo histórico que aparece en La ideología alemana y la idea de la mercancía en relación al trabajo y la propiedad en El Capital I. De todas formas, creo que ha sido interesante estos esbozos para desligarnos de cualquier interpretación semántica ni tan siquiera parecida a Marx, ya que es un problema actual dentro de la Economía Política y objetiva usar términos que provienen del marxismo y asimilarlos para cualquier explicación económica de la sociedad o de una concepción del mundo. Ese no es mi caso.  

 


Hegel y Marx. El trabajo

abril 26, 2009

 

 El concepto del trabajo en Hegel aparece en la Fenomenología del espíritu, en la Filosofía real y en la Filosofía del derecho. En el primero surge en un pequeño apartado en relación a su teoría del amo y el esclavo, pero que es en realidad tiene que ver bien poco con la metafísica de la relación entre el sujeto y el objeto como actividad intrínseca y conciencia de lo mismo. El trabajo es el nexo entre uno y otro a través del movimiento donde el sujeto convierte a objeto en su forma a través de determinaciones valorativas en la determinabilidad espacio-temporal. Por eso voy a analizar el trabajo desde la perspectiva de la Filosofía real en orden al estado de reconocimiento de la persona explicado por Hegel. El concepto de trabajo en Marx aparece en varios escritos, entre ellos la crítica a Hegel del mismo empieza en los Manuscritos de 1844, donde explica también el concepto de trabajo alienado y de propiedad privada, que posteriormente incidiré. Asimismo esta crítica no sería completa si no aludiera a la idea de los modos de producción feudal que aparecen en La ideología alemana ni al concepto de trabajo en El capital 1. Para los próximos posts iré incidiendo en ello, para preparar el concepto de propiedad a partir de Aristóteles y el yo cartesiano para continuar una arquitectónica del concepto de presura

 

El concepto de trabajo en Hegel se basa en el reconocimiento del ser para sí que es la persona. La persona es trabajadora y consumidora a la vez y ello es reconocido por el otro como otro ser para sí, de tal forma que esa ansia de querer presentarse como reconocida a los demás se convierte en una abstracción general del ser para-sí. Entonces el trabajo se convierte dentro de esa abstracción general del ser reconocida o el estado de reconocimiento que para Hegel es una existencia completa llena de voluntad, en algo para todos y el consumo de todos, que alcanza el individuo en su existencia singular. Por eso el yo inmediato de la existencia es trabajo, o se expresa en el trabajo.[1] A ese yo singular de la existencia inmediata de trabajo se limita o se le opone su naturaleza inorgánica como su negatividad, pero junto con ella se constituye la esencia de su ser o ser mismo o ipseidad. Por ello, la existencia en general para Hegel consiste en el ámbito de las necesidades naturales, donde el yo convierte las cosas necesarias para su satisfacción en formas, que llevan interiormente. Es decir, la forma es posibilidad de la cosa en sí misma para ser convertida en objeto gracias a la conciencia del yo singular que es existencia como trabajo inmediato. La idea es comprender que este yo o ser para sí como trabajo es también abstracto, y por tanto, general, con lo que el trabajo se convierte en una abstracción de producción de la cosa del yo abstracto que trabaja abstractamente. Esto significa que la transformación de lo necesario por el yo singular, que reconoce pertenecer a una generalidad abstracta del yo abstracto que asimismo es un continuo hacer, un movimiento que es el trabajar[2].

 

Por ese motivo el trabajo o mas bien el trabajar como parte de un yo abstracto que como existencia real es la de un individuo singular que trabaja, entonces es un trabajar para todos como necesidad y la necesidad de muchos. Ese trabajo de un yo abstracto mientras es general se convierte o, más bien, es un análisis o descomposición de lo concreto, es decir, si la necesidad de la satisfacción del individuo pasa por el ámbito de lo natural el trabajo en el yo abstracto se convierte en actividad abstracta, de análisis de un movimiento de relaciones espacio-temporales. Es decir, el trabajo como exterioridad de un yo singular es el hacer la cosa o forma en su posibilidad interna mientras que cuando corresponde a ese yo abstracto y general que es el trabajar de todos que se plasma en ese yo abstracto entonces es abstracción como descomposición de lo concreto y vuelta a ello por el movimiento para una necesidad concreta que se convierte en valor al ser una abstracción determinada. Este valor que es determinado por el sujeto como abstracción determinada  que le pertenece, en cuanto es cosa es el dinero, que reconvierte en posesión a través del cambio[3].

 

Entonces para Hegel cada uno como yo singular intuye el yo abstracto o su propia generalidad por ese trabajar asimismo abstracto y se forma él mismo un ser de sí mismo para otro. Es decir, el trabajo transforma y forma el otro como persona para cada uno y son intuidos como un hacer con respecto al otro. Yo trabajo porque hago y tú me reconoces a sí por eso mismo, porque tú también trabajas. Entonces si cada yo es reconocido por el otro como un yo que trabaja y que cada uno en su trabajo da forma a la cosa y esta se forma con un valor que es en abstracto el sujeto, cuando esta cosa es determinada ya no como abstracción de ese yo general es cosa como valor igual y dinero que cambia como posesión igualitaria de valor de uno para otro. La coseidad que es la abstracción de la cosa tienen un valor determinado en sí igual por el trabajo en un yo general que se convierte en dinero cuando cada uno renuncia a su cosa o posesión determinada por el mismo reconocimiento del otro como ser para sí. Así este intercambio de posesión es la negatividad de cada uno de ellos que es reconocido como valor abstracto entre sí pero que se convierte en propiedad como mediación, ya que el valor interior de la cosa es representado por igualdad en ella[4]. Así este cambio de la posesión de uno por el otros es valor de la cosa intrínseca debido a que tanto uno como otro se considera a la posesión como igual que lo mío negativo se ha convertido en positivo en cuanto a que esa cosa que ahora poseso en el cambio y la mediación es propiedad mía o del individuo yo singular. Esta propiedad mediada por el reconocimiento es tenida por el yo singular el ser para sí o la persona por el trabajo y el cambio, que a la vez es un yo general, con lo que el fundamento de la propiedad es el trabajo o la acción del yo singular, que a la vez se reconoce por el otro[5].

 

Sobre el fundamento de la cosa y su valor concluye Hegel que es el yo singular que al poner el cambio en ella es el fundamento de la causalidad, con lo cual la cosa misma como valor intrínseco es decir como movimiento interno “es la misma extrañación que en el valor hundido en el ser”[6]. Esto quiere explicar Hegel que la cosa en sí es parte de uno mismo en cuanto sale de sí mismo por extrañamiento al ser para sí, que es el movimiento interno de la cosa cambiada. La cosa se extraña al sujeto siendo ella misma sujeto y por tanto singular y plural en la consideración del trabajo tanto abstracto como singular. Por eso mismo dice que el yo singular se convierte inmediatamente en la cosa que es forma de ser a través del trabajo. Asimismo esta cosa que en realidad es existencia mía y a la vez negativa como cosa es ajena a esa singularidad pero que conserva el yo singular en cuanto existe ese estado de reconocimiento de los  otros. Esa cosa que es valor intrínseco de uno mismo aunque extrañada es mediada por la propiedad y cambiada como valor extrínseco que es el dinero. Ese valor que le confiere el otro a la cosa es reconocimiento de uno mismo aunque la cosa como movimiento interior sea uno mismo como conciencia inmediatamente formada y posteriormente extrañada pero reconocida por el otro en cuanto posesión cambio y propiedad.

 

Ahora bien, el concepto de trabajo de Hegel es heredero fragmentario del concepto de actividad como energeia, que es la obra o el ergon de la cosa como posibilidad o dinamis interna de ella. A través de la posibilidad o dinamis que cambia en el tiempo la cosa como sustrato se hace a sí mismo propia (es la unidad estructural del Extático) como kathauto idion (propiedad misma en Aristóteles), que es la sustancia de cada cosa como sinónimo de uparjein y que implica el concepto de propiedad de Aristóteles. Esto quiere decir, que la cosa en sí misma  es un desarrollo activo de posibilidad intrínseca. Esta idea es la que fragmentariamente utiliza el sujeto de Hegel para convertir la cosa como posibilidad intrínseca de ser forma a través del trabajo como hacer o trabajar del yo tanto en abstracto como singular. Hegel ha conceptualizado el trabajo tanto desde el punto de vista abstracto como abstracción de determinaciones de la cosa y como trabajo singular, para desarrollar el valor de esa determinación abstracta de un  modo general en los yos individuales como personas copartícipes de un yo general. Así si un yo trabajo y por tanto da forma a una cosa que en el pensamiento de Hegel es una negatividad de sí mismo en cuanto es determinada pero a la vez es conciencia y su ser inmediato, esa cosa por el valor reconocido por el otro como trabajo abstracto de un yo de un valor en igualdad en una abstracción cuando es realizada como cosa su valor se convierte en dinero que puede ser cambiado por ser posesión y propiedad pero que conforma abstractamente un valor en igualdad que se puede transferir en posesión al otro por ese estado de reconocimiento.

 

Hegel ha pretendido dar una explicación del valor de la cosa extrañada de parte del sujeto como conciencia como un valor participado en igualdad en cuanto existe reconocimiento por el otro, es decir, el valor es subjetivo en cuanto conciencia del yo abstracto pero común y por tanto no es un valor singular. Solamente cuando es mediado se convierte en dinero, pero el valor es subjetivo en cuanto esa subjetividad le confiere el valor al ser cosa el que pertenecía a la subjetividad abstracta que era el valor común. Aun así la cosa se produce como ser existencial y necesario en cuanto al movimiento interno que es el trabajo abstracto primero y segundo el individual como persona que lo extraña de sí. No es lo que piensa el presurista, ya que el valor es individual por el trabajo transformado individualmente. De todas formas en esta teoría del valor subjetivo y común, que valora implícitamente la propiedad de cada cosa que se trasforma en dinero se observa el transfunde de la mano invisible de Adam Smith, qu en realidad sería el mismo sujeto absoluto el valor subjetivo absoluto de la propiedad que se convierte en dinero por su propia regulación como expresión de la conciencia.

 

De todas formas y al margen de la teoría del valor, Hegel ha dado una nueva referencia al concepto del trabajo en cuanto se refiere a un yo singular, como trabajo de la posibilidad de dar forma a la cosa y como trabajo de un yo general común y reconocido por el ser para sí de cada uno como persona, como un hacer o un trabajar en cuanto dan forma a las abstracciones determinadas de una coseidad. Esto significa que el trabajo no es fragmentario en sí mismo dentro de un tiempo medido o parcial, sino que en tiempo como cronos, es decir, integrado constantemente en la actividad o trabajo del hacer del yo abstracto primero como hacer constante y del yo singular como trabajo que hace la cosa determinada. Esto quiere decir que cualquier actividad tanto del yo general abstracto en sus determinaciones abstractas como el pensar es hacer la cosa, trabajarla, así como la determinación de la cosa como existencia misma necesaria para el yo singular. La idea sería comparar el trabajo comprendido como actividad interiorizada del yo que se exterioriza en su hacer, que es la idea del presurista proviniendo de Fichte Aristóteles y en cierto sentido de Hegel, con el trabajo objetivo natural de Marx, que es matar el hambre y el trabajo alienado también explicado por él.

 

         Todo el pensamiento de la propiedad, el trabajo alienado, el dinero el capital la lucha de clases que aparece en los Manuscritos de Marx se basa en una premisa, en el ser objetivo del hombre cuya dependencia objetiva es el hambre. El hambre es una necesidad natural del hombre fuera de sí para calmar su necesidad de objeto, que en sí misma esta dependencia es objetiva ya que el hambre se suple con los objetos externos que se interiorizan. Una modificación de la recuperación del objeto por la autoconciencia de Hegel, que Marx más que interiorizar la exterioriza en el sentido de que confirma la objetividad del ser natural del hombre en cuanto un objeto depende de otro objeto para ser objeto. Si un ser no es un objeto que puede ser exteriorizado o estar fuera de sí es un no ser dice Marx, es una nada o un ser no natural, un absurdo. El hombre es un ser sensible como objeto y por tanto es reconocido por el otro como objeto, otra realidad que compartir. Lo contrario es un ser pensado, abstracto, un algo que no es y por tanto propio de los filósofos, propio de la filosofía del sujeto de Hegel. El problema es que para criticar a Hegel en el pensamiento del sujeto abstracto como premisa del ser subjetivo absoluto, Marx realiza una petición de principio donde el hombre es un ser en cuerpo real y sensible antes que ser un sujeto abstracto, premisa que posteriormente cambia cuando habla del hombre como ser genérico. Este ser genérico que se realiza a través del trabajo colectivo y que solo mientras transforma los objetos para su propia necesidad vital es un planteamiento contradictorio, ya que el mismo objeto que es el hombre en su naturaleza, es un ser abstracto genérico cuya actividad vital es general y universal en cuanto esta se realiza de forma no alienada, es decir, un trabajo solamente para cubrir su objetivad por el hambre y su actividad de necesidad intelectual. El hombre es un ser genérico como un objeto único de cuerpo sensible e igual en todas las unidades para plantear las premisas de actividad necesaria objetiva con respecto a sus necesidades vitales, físicas e intelectuales. Esta idea surge a la crítica de la Fenomenología del Espíritu de Hegel de la autoconciencia, que no de la filosofía real donde verdaderamente aparece concretado el concepto del trabajo.

 

Toda la crítica de Marx a Hegel se basa en el concepto de entrañamiento y alineación del pensamiento abstracto. Según Marx el extrañamiento de Hegel consiste en la separación del ser en sí que es el ser general del ser para sí que es ser individual, que en suma sería la de la conciencia general y de la autoconciencia o del objeto y del sujeto, cuyo resumen sería la separación entre el pensamiento abstracto y la realidad sensible. Lo que trataría esa conciencia por medio de la autoconciencia es superar ese extrañamiento y recuperar al objeto hecho conciencia a través de la autoconciencia como superación. Para Marx esto es un absurdo ya que lo abstracto del pensamiento no puede superar lo objetivado en sí porque no es un objeto y lo que es real es solamente objeto. Es decir, la autoconciencia coloca extrañada de sí la cosa o el universal de la coseidad como ahora una esencia objetiva, pero que para Marx si el hombre es un ser corpórea real con pie firme sobre la tierra, (otra vez la tierra para explicar un concepto aunque sea este), se objetivan en un ser extrañado y objetivo a la vez, actúa de una manera objetiva debido a que ya Marx lo ha determinado así, que el ser hombre sea un ser objetivo, meramente material y fuera de toda abstracción que pudiera dar lugar a un pensamiento abstracto de naturaleza subjetiva propio de la metafísica abstracta de Hegel.

 

Entonces la actividad natural del hombre marxista es ser solamente objetiva ya que el hombre en su ser genérico y en su humanismo de naturaleza objetiva es y se comporta como un objeto no actuante, es decir, no incorpora la actividad en sí misma propia del sujeto hegeliano cuya actividad se llama trabajo y es un poder hacer sino que es un objeto paciente y el trabajo está fuera de esta naturaleza objetiva, cuya sola acción vital sería como objeto natural la supervivencia en cuestión de llenar sus exigencias vitales. Eso es la base de cualquier naturalismo objetivo. El problema de esta argumentación es que el hombre es un ser abstracto desde esta perspectiva naturalista, ya que pasa a ser un objeto universal cuyos principios son de necesidades materiales e intelectuales, pero desde esa perspectiva abstracta general de un universal e incluso la cosa continúa enajenada del ser objeto en cuanto es cosa también objetiva.

 

Para Marx entonces el ser del hombre es de una naturaleza paciente ya que se conoce por la pasión con la que tiende al objeto y no por la acción de la autoconciencia, es decir, lo paciente y la pasión es lo que dirige al ser natural objetivo del hombre a sus objetos naturales. Desde esta perspectiva el trabajo de Marx no está dentro de la naturaleza subjetiva del sujeto, ya que este es abstracto y no es un ser real y corpóreo, y por tanto, la acción activa es paciente. El trabajo no es una actividad subjetiva sino la actividad de un ser natural objetivo y paciente y por lo tanto no surge como algo intrínseco a un sujeto que hace y fabrica sino que vive de un modo natural y paciente, lo que se transmite que el trabajo natural del ser abstracto y genérico que es el hombre, no es sino la expresión de la necesidad objetiva y natural de paliar el hambre.

 

Entonces el hombre, que para Marx en realidad es un ser abstracto genérico y que en su crítica a Hegel contradictoriamente ha suprimido toda expresión filosófica de pensamiento abstracto, se limita únicamente a matar el hambre, a pesar de que cualquier otro tipo de actividad implique el pensamiento abstracto y esto sería contradictorio al pensamiento objetivo del ser genérico-abstracto que es el hombre. Triste destino del hombre marxista alienado desde el mismo principio de su formulación.  


[1] Hegel, Filosofía real, pág. 182

[2] Hegel, Filosofía real, pág. 183

[3] Hegel, Filosofía real, pág. 184

[4] Hegel, Filosofía real, pág. 185

[5] Hegel, Filosofía real, pág. 185

[6] Hegel, Filosofía real, pág. 185